
Hace 13 años, cuando esta película se estrenó, mi tío Daniel me la recomendó mucho. A mi tío le gustaba el cine tanto o más que a mí, y por lo tanto nuestras charlas muchas veces giraban en torno a ese tema.
Recuerdo que estábamos en la playa, seguramente alrededor de fin de año; siempre venían con la familia a pasar el 31 de diciembre a Piriápolis. A mí no me gusta mucho la playa –a pesar de vivir en un balneario– pero en esas reuniones familiares me gusta estar. Mi tía seguramente tejía mientras conversaba con mamá, mi hermana y mis primas discutirían sobre la próxima boda de mi prima; los niños, que eran menos entonces, armaban castillos de arena, y mi tío y yo hablábamos de ‘L.A. Confidencial’ mientras papá escuchaba. Estaba muy entusiasmado con la película; le habían gustado las actuaciones, la historia, el ritmo, todo, y yo le prometí verla y contarle qué me había parecido. Pocos meses después, mi tío falleció.
Saben, desde entonces no he podido ver esa película, ni leer el libro. La tengo pendiente, aunque sé que no la veré nunca. Mientras no lo haga, de una manera mágica, esa conversación en la playa –y mi promesa a mi tío– siguen pendientes también.
EriSada