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La demora de la gratificación

Por Somospsico

La demora de la gratificación«Ahora debo marcharme y regresaré en unos veinte minutos. Si lo deseas puedes tomar una golosina pero, si esperas a que vuelva, te daré dos»

Con este ingenioso experimento se llevo a cabo una de las investigaciones más conocidas y prestigiosas acerca del autocontrol. En él, niños de 4 años podían elegir entre tomar una recompensa segura e inmediata (una golosina) o postergarla en el tiempo para recibirla después aumentada (dos golosinas).

Si nos paramos a pensarlo, nuestra vida esta llena de situaciones análogas a la anterior. Son miles las veces que tenemos que decidir entre obtener algo “ya” o esperar un poco para conseguir algo mejor. La impulsividad se convierte así en una característica que hace de nosotros unos seres enormemente desconfiados sobre lo que vendrá, sobre si podremos o no conseguir algo más adelante, y en definitiva, sobre nosotros mismos y nuestras capacidades.

Así, muchos no sabemos hacer deporte con regularidad, alimentarnos de una forma sana y equilibrada, trabajar en proyectos a largo plazo, etc. La sensación de estar perdiendo el tiempo nos invade, y la invisibilidad de los resultados en los días siguientes a nuestro esfuerzo nos hace desistir.

Pero volvamos al estudio…¿Qué ocurrió con estos niños? Pues lo cierto es que los resultados fueron bastante contundentes. Se realizó un seguimiento a las vidas de estos individuos, concluyendo los siguientes aspectos:

Aquellos que habían resistido la tentación al principio eran socialmente más competentes, mostraban una mayor eficacia personal, eran más emprendedores y más capaces de afrontar las frustraciones de la vida. Estas personas llegaron a ser adolescentes poco proclives a desmoralizarse, estancarse o experimentar algún tipo de regresión ante las situaciones tensas. Adolescentes que no se desconcertaban ni se quedaban sin respuesta cuando se les presionaba, que no huían de los riesgos sino que los afrontaban e incluso los buscaban, que confiaban en sí mismos y en los que también confiaban sus compañeros

Por el contrario, el tercio aproximado de preescolares que cogió la golosina presentaba una “radiografía psicológica” más problemática. Se trataba de personas más temerosas de los contactos sociales, más testarudos, más indecisos, más perturbados por las frustraciones, más inclinados a considerarse «malos» o poco merecedores, a caer en la regresión o a quedarse paralizados ante las situaciones tensas, a ser desconfiados, resentidos, celosos y envidiosos, a reaccionar desproporcionadamente y a enzarzarse en toda clase de discusiones y peleas.

En resumidas cuentas, es posible que nuestra capacidad para controlar los impulsos tal vez constituya la verdadera esencia de la autorregulación emocional. Dado que no se trata de algo innato ni definitivo, en tus manos está el lograr trabajar este aspecto para continuar tu crecimiento como persona. Admitir que, al fin y al cabo, no siempre podemos conseguir lo que queremos, o al menos, justo cuando lo deseamos.

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foto|Suat Eman


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