Revista Cultura y Ocio

La explotación infantil

Por Dean

Llevo ya varios días en los que los comentarios de una entrada me conducen a una nueva entrada. Ayer (entiéndase 'en la entrada anterior') utilicé las palabras cinismo e hipocresía, pero me doy cuenta de que al mirar hacia cualquier lado sigue siendo evidente la necesidad de usar estos términos para casi todos los ámbitos de nuestra sociedad, lo que en últimas nos lleva a una sociedad completamente infectada de este virus mortal que tiene a las conciencias en estado de hibernación y a los corazones en estado de cristalización.
La explotación infantil es quizás de lo más aberrante que puede hacer la especie humana, y nuestros vecinos y amigos (no creo que nuestras familias ¿o sí?) contribuyen a ella. Quisiera saber, durante estas fiestas, cuántas zapatillas deportivas, cuántas camisetas de Messi o Ronaldo, cuántos balones de fútbol, cuántos juguetes de marcas como Lego, cuántos millones se gastarán en fomentar la explotación infantil.

La explotación infantil

Foto de portada: FranciscoRubio.es

El 80% de los juguetes de todo el mundo se fabrica en China, Tailandia e Indonesia (ahora muchos dirán, no vuelvo a entrar a la tienda del chino), los elaboran niños que nunca tienen tiempo para jugar porque trabajan en jornadas de hasta 18 horas al día, en sitios oscuros, húmedos, hacinados y muchas veces durmiendo en el mismo lugar; desnutridos. La mitad de los niños que trabajan en las fábricas de alfombras pakistaníes no llega a la mayoría de edad ya que las condiciones son completamente insalubres. Pero alguien se tiene que lucrar de todo esto, y son precisamente las famosas marcas que nuestros maravillosos hijos, -con el móvil en una mano y con la bolsa de la basura en la otra (bolsa en la que tiran lo que ya no está de moda pero que todavía está en perfectas condiciones)- nombran a todas horas, como si fuera lo máximo a lo que puede aspirar una persona en este mundo: Adidas, Nike, Reebok, H&M, Zara, Gap, Levi's, las figuritas de Disney y las de los Happy Meal de Mc Donalds (¿Qué daño pueden hacer estas tiernas figuritas?), Chicco, Nestle, y toda una larga lista que ya ha sido catalogada en el libro negro de las firmas de marca.
La OIT en su más reciente informe habla de cifras escalofriantes. Los medios de difusión de la información nunca ponen el dedo en la llaga y mucho menos recuerdan a las familias hasta qué punto están contribuyendo con su consumismo irresponsable a la explotación infantil.


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