
Cuando terminé de leer esta obra (veinte minutos me llevó, incluyendo los diez que dediqué a repasar las ilustraciones), pensé que no iba a comentarla. Que era una pérdida de tiempo. Que un texto que cabe en un folio (no exagero ni un ápice) no puede ser incluido sin bochorno en un blog de reseñas. Pero después, con más calma, he pensado que sí debía hacerlo, sobre todo para poner de manifiesto mi estupor por esta engañifa editorial. Utilizar el nombre del premio Nobel (al que admiro) y un texto ínfimo suyo para clavarle 21 euros a la persona que quiera conocer sus palabras dedicadas al mundo infantil es una inmoralidad.
Saramago comienza disculpándose por no saber escribir para niños, termina el relato disculpándose por no saber escribir para niños y, en medio, treinta líneas para decir que un niño sube a una colina y encuentra una flor. Atrápame esa mosca por el rabo. Te pueden decir que si la tapa dura, que si las ilustraciones, que si patatín y que si patatán. Pero lo dicho: no caigan en la trampa.
