Revista Música

La graminola – época 2 – número 8 – 7 de julio de 2026

Publicado el 07 julio 2026 por Perendengon

Podéis seguirme también desde FACEBOOK, donde os espero a todos con los brazos abiertos, en el siguiente enlace: LA GRAMINOLA. LA REVISTA MUSICAL QUE SE LEE Y SE ESCUCHA. Desde ahí podéis saborear más contenidos y más música, además de realizar las aportaciones que consideréis oportunas.

Hola graminoleños.

Aquí tenéis una nueva entrega de vuestra revista musical preferida para ofreceros más música de todos los tiempos. Espero que cada día que pase, cada nueva publicación, la familia graminoleña siga creciendo. Gracias a todos.

Recordad que en La Graminola tienen cabida todos los estilos, todas las épocas, toda la música que nos ha acompañado día a día y que va a seguir acompañándonos siempre y que tan buenos momentos nos hace pasar y que tantos recuerdos nos trae a la memoria. Eso sí, prometo no publicar temas vinculados al reguetón o la mal denominada «música urbana», aunque sé que esto eliminará como seguidores a los más jóvenes, pero es que … mejor no digo más, ya me entendéis.

Ya sabéis que la revista tiene cuatro secciones bien diferenciadas que nos harán pasar grandes momentos. Son las siguientes:

Canciones con historia: Por aquí aparecerán canciones que tienen algo que contar al margen de lo que digan sus letras. Como se compusieron, que significaron, que cuentan exactamente. Algunas con historias mágicas, algunas con historias trágicas, algunas con algo de polémica.

Live is Life: El título de esta sección lo dice todo. La música se disfruta en cualquier formato, pero en vivo y en directo es cuando nos ofrece momentos inolvidables. Aquí disfrutaremos de esas grandes actuaciones que nuestros artistas favoritos nos han ofrecido subidos al escenario. Palabras mayores.

Producto Nacional: Música de aquí hecha por artistas y grupos de aquí, sin complejos, sin envidias. Porque nuestra gente es capaz de hacer tan buena música como cualquier artista de talla internacional. Disfrute total.

Porque Me Gusta: En esta sección me permito ejercer de «jefe graminoleño» y os ofreceré canciones que quizás no hayan tenido tanta trascendencia ni tanto éxito o que quizás no tengan historias detrás de su creación, pero que a mí me encantan. Simplemente música para disfrutar, sin más. Eso sí, posiblemente ésta sea la sección que nos traerá más sorpresas.

Por cierto, no olvidéis dejarme vuestras opiniones, críticas o sugerencias sobre lo que vaya publicando y recordad que os podéis suscribir y así os convertiréis en seguidores de La Graminola y no os perderéis ninguno de sus contenidos.

Y por último una recomendación. Algunos de los enlaces a los vídeos que aparecen en cada número de la revista, con el paso del tiempo es posible que no funcionen por los misterios y censuras de internet. En esos casos, os recomiendo que hagáis búsquedas en la red de dichos vídeos y podáis disfrutarla experiencia de manera completa.

¡¡¡¡¡EMPEZAMOS!!!!!

LOS PROTAGONISTAS DE HOY

LA GRAMINOLA – ÉPOCA 2 – NÚMERO 8 – 7 DE JULIO DE 2026

Estos chicos abren La Graminola en el día de hoy con todo un clásico que además sirvió para una gran labor social. Hoy nos visitan Soul Asylum.

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Estos chicos abren La Graminola en el día de hoy con todo un clásico que además sirvió para una gran labor social. Hoy nos visitan Soul Asylum.

LA GRAMINOLA – ÉPOCA 2 – NÚMERO 8 – 7 DE JULIO DE 2026

Uno de los guitarristas más grandes de siempre, con una técnica muy especial y que nos ofreció un directo indispensable. Se trata de Peter Frampton.

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Uno de los guitarristas más grandes de siempre, con una técnica muy especial y que nos ofreció un directo indispensable. Se trata de Peter Frampton.

LA GRAMINOLA – ÉPOCA 2 – NÚMERO 8 – 7 DE JULIO DE 2026

Primero fueron cuatro y luego se quedaron en tres, pero La Unión siempre fueron de los más grandes de nuestro pop. Hoy nos ofrecen su clásico entre los clásicos.

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Primero fueron cuatro y luego se quedaron en tres, pero La Unión siempre fueron de los más grandes de nuestro pop. Hoy nos ofrecen su clásico entre los clásicos.

LA GRAMINOLA – ÉPOCA 2 – NÚMERO 8 – 7 DE JULIO DE 2026

Uno de los grupos de rock más importante de los últimos 40 años y que siguen dando guerra también asoman hoy por La Graminola. Disfrutaremos de la música de Bon Jovi.

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Uno de los grupos de rock más importante de los últimos 40 años y que siguen dando guerra también asoman hoy por La Graminola. Disfrutaremos de la música de Bon Jovi.

LA GRAMINOLA – ÉPOCA 2 – NÚMERO 8 – 7 DE JULIO DE 2026

Y para cerrar con broche de oro una versión muy especial de «Enjoy the Silence» que nos llega de la mano de los más pequeños desde Chile. Aún quedan esperanzas …

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Y para cerrar con broche de oro una versión muy especial de «Enjoy the Silence» que nos llega de la mano de los más pequeños desde Chile. Aún quedan esperanzas …

CANCIONES CON HISTORIA

SOUL ASYLUM / RUNAWAY TRAIN

La música da para mucho y siempre está vinculada a distintas facetas de nuestras vidas. Sin ella, el cine o el deporte, por ejemplo, serían más aburridos o cuanto menos digamos que distintos. Pero lo mejor de todo es que está presente en todo lo que hagamos en nuestro día a día aunque muchas veces no seamos conscientes de ello.

La canción que abre el número de La Graminola de hoy, y sobre todo su videoclip, esconde detrás una historia maravillosa que podríamos considerar de interés social. Y es que como os comento, una simple canción puede hacer una labor tan grande como la mejor campaña diseñada al efecto por entidades políticas o no gubernamentales. Seguro que de momento no entendéis nada de lo que os estoy contando, pero según vayáis leyendo la historia de esta composición las piezas os irán encajando.

Viajemos hasta el año 1992, momento en el que una banda norteamericana que hasta el momento no había tenido un éxito demasiado grande y que había logrado poca trascendencia a nivel internacional iba a dar un giro de 180 grados a su carrera con el sexto disco de su carrera, logrando un éxito descomunal gracias sobre todo a la repercusión que tendría uno de los singles que se extrajeron de dicho álbum.

El grupo en cuestión llevaba en la carretera desde el año 1981 tomando inicialmente el nombre de Loud Fast Rules y que poco tiempo después adoptarían su denominación definitiva: Soul Asylum. Un grupo que había publicado cinco discos hasta ese momento con muy poco éxito comercial y muy poca repercusión, lo que les llevó a tener que ir cambiando de sello discográfico continuamente ya que sus resultados no acababan de ser los esperados y las discográficas dejaban de confiar en ellos.

Como suele suceder en estos casos, la idea de abandonarlo todo y disolver la banda rondaba en la cabeza de sus cuatro miembros, aunque casi a la desesperada intentaron una vez más dar con la tecla. Estaban convencidos de que tenían talento, pero no acababan de encontrar ese sonido, esa melodía que calara en el público y les permitiera despegar de manera definitiva.

Lo curioso del caso es que sus actuaciones en vivo eran tan intensas y vistosas que se crearon un público bastante fiel que acudía incondicionalmente a los pequeños locales en los que actuaban, pero cuando llegaba el momento de comprar sus discos daba la impresión de que más allá de esos fans incondicionales, los que se podían sentir atraídos por su música y estaban decididos a gastarse unos dólares en comprar sus discos eran más bien pocos.

Tras un nuevo cambio de discográfica, se pusieron manos a la obra para componer y grabar las canciones del que iba a ser su sexto álbum. Eran conscientes de que posiblemente se encontraban ante su última oportunidad y si no conseguían conectar definitivamente con el público norteamericano el futuro del grupo se acercaría peligrosamente a la disolución. Estaba claro que la presión era mucha y en esta ocasión ese estrés jugaría a su favor y de que manera.

Durante la grabación del disco, la tensión fue muy grande, hasta el punto de que el baterista del grupo, Grant Young fue despedido y sustituido por Sterling Campbell y … mano de santo oye, porque a partir de ese momento los miembros de Soul Asylum fueron capaces de encontrar la calma necesaria y su creatividad empezó a dar sus frutos, como siempre de la mano del compositor y líder del grupo David Pirner que esta vez sí encontró las melodías que iban a relanzar su carrera, sobre todo gracias a una de las canciones del disco, que se convertiría en un auténtico himno y todo un clásico de la música de los noventa.

Por fin, en el año 1992 aparecería en el mercado ese nuevo trabajo bajo el título de “Grave Dancers Union” y aunque muchos recelaban de que ésta fuese la definitiva lo cierto es que una de las canciones del disco, y que se convirtió en el tercer single extraído del mismo, arrasó en las listas norteamericanas y arrastró al álbum a convertirse en uno de los mejores discos de ese año y alcanzar unas ventas que nunca habrían podido imaginar.

Lo más curioso es que esa canción no fuera la elegida como primer single en aparecer en el mercado, lo que provocó de algún modo que el éxito del álbum no fuera inmediato. Cuando fue publicado logró buenas ventas, mejoró con creces lo logrado hasta ese momento pero no parecía que fuese a ser el bombazo en el que terminaría convirtiéndose. Estaba claro que habían encontrado el camino, que su música empezaba a calar en el público pero les faltaba ese empujón definitivo que llegaría con ese tercer single.

La canción en cuestión era una balada espectacular compuesta por Pirner y cuya letra hablaba de la depresión y el desánimo que había vivido en los últimos años en su vida. El éxito no acababa de llegar, su vida privada se complicaba por momentos y tenía la sensación de que había perdido el control totalmente. Ese estado de ánimo tan bajo sería el responsable de que viera la luz esa descomunal canción que es “Runaway Train”.

El espaldarazo definitivo llegaría de manera bastante inesperada, gracias al videoclip promocional de esta canción. A los chicos de Soul Asylum se les ocurrió la maravillosa idea de que ese vídeo podía no ser simplemente la escenificación de una canción sino convertirse en un acontecimiento social en toda regla intentando aportar su granito de arena ante una lacra enorme que estaba inundando los Estados Unidos en aquella época con la continua desaparición de niños que no dejaban ningún tipo de rastro y dejaban a sus familias en la más profunda desesperación intentando encontrarlos.

De esta manera, en el videoclip, mientras suenan los acordes de esa espectacular composición que es «Runaway Train», van apareciendo las imágenes y los nombres de hasta 36 de esos niños desaparecidos, con el objeto de que cualquier persona que disfrutara de la música de Soul Asylum fuera conciencie del drama que suponían esas desapariciones y pudieran poner en conocimiento de las autoridades el paradero de alguno de esos chicos y chicas cuyos rostros se van sucediendo en ese mágico y social videoclip.

Aunque pueda parecer mentira, de esos 36 niños que aparecen en el vídeo, 21 fueron localizados y muchos de ellos regresaron con sus familias. Hubo casos de todo tipo, desde niños que habían sido secuestrados, algunos que simplemente se habían escapado para vivir una aventura y casos más dramáticos de jóvenes que decidieron abandonar sus hogares por el infierno que allí vivían haciéndolo de manera voluntaria. Como suele suceder en estos casos no todos los reencuentros acabaron con final feliz, pero en la mayoría de los casos «Runaway Train» se convirtió en algo más que una canción, se convirtió en una esperanza para algunas familias rotas y en un reencuentro feliz.

Para los que sí llegó la felicidad de manera absoluta fue para los cuatro miembros de Soul Asylum quienes con el álbum «Grave Dancers Union» lograron unas ventas espectaculares, convirtiéndose en una de las bandas más importantes del año 1992, gracias en gran medida a la repercusión que «Runaway Train» tuvo, tanto en el aspecto exclusivamente musical como en el social.

Fue tal la fama que alcanzaron en aquel momento que llegaron a tocar en la inauguración del gobierno de Bill Clinton en el año 1995. Tras este descomunal éxito, ese mismo año publicaron su séptimo álbum titulado «Let Your Dim Light Shine» con el que alcanzaron también gran éxito aunque bastante por debajo del de su predecesor.

Lo cierto es que su carrera fue decayendo a partir de ese momento. Una vez alejado en el tiempo el gran momento que supuso «Runaway Train» por todo lo que rodeó a esta canción, el público norteamericano ya no se sentía tan identificado con su  música y cuando en el año 1998 publicaron un nuevo trabajo bajo el título de «Candy From A Stranger», recordaron viejos y malos tiempos ya que no tuvo apenas trascendencia y, una vez más, su sello discográfico decidió prescindir de ellos. Pese a todo, aun hoy en día continúan en activo publicando periódicamente nuevos discos, el último en el año 2024, aunque con un éxito más que discreto.

Sin duda alguna, la historia de Soul Asylum es la de una de esas bandas que logran un éxito de manera inesperada gracias al tirón de una canción, en esta ocasión tirón musical, comercial y social, tocan techo y a partir de ese instante llega el declive y la poca trascendencia.

De cualquier modo, lo que queda muy claro es que «Runaway Train» es historia de la música de los 90 a nivel internacional, siempre será recordada por lo que supuso tanto dentro como fuera de la música y un regalo para nuestros oídos cada vez que la escuchamos con un videoclip mítico que a buen seguro nos arranca una pequeña sonrisa cada vez que lo vemos.

Gracias, Soul Asylum, gracias por «Runaway Train».

LIVE IS LIFE

PETER FRAMPTON / SHOW ME THE WAY

Con la evolución que se ha ido produciendo en la música a lo largo del tiempo y sobre todo en los últimos años, era cuestión de tiempo que apareciera por aquí el cantante y compositor inglés que protagoniza la sección de la música en vivo de La Graminola del presente número. Si a eso le sumamos que estamos hablando del responsable de uno de los mejores discos grabados en directo de la historia, podemos decir que tenemos una jugada completa, una jugada Comanssi (perdonadme la expresión pero los que ya tenéis unos años la comprenderéis).

Hoy en día, con los adelantos técnicos que existen se puede decir que cualquiera puede subirse a un escenario, ponerse a cantar aunque no tenga demasiada voz y no hacer el ridículo … bueno, algunos aún con todas las tecnologías del mundo mundial son capaces de abochornarnos, ya me entendéis. De cualquier modo, lo que está claro es que el autotune ha cambiado profundamente lo que es una actuación en directo y cantantes que en los discos no parecen tener una voz especial sobre el escenario parecen auténticos tenores. No deja de ser un artificio, pero la cosa funciona y al público no le importa. Mejor eso que un playback que han utilizado de manera fraudulenta y abominable muchos a lo largo del tiempo.

Pero lo que tiene mucho mérito es que en la década de los 70 ya existía una tecnología muy simple y totalmente analógica que era capaz de generar un sonido impactante. Una técnica denominada “talk box” y que generaba un sonido de guitarra que parecía que ésta hablaba y vocalizaba. Pensad que de esto hace ya más de 50 años y el tema digital e informático no existía ni por asomo como lo conocemos ahora y mucho menos para la música.

Y si hablamos de hacer hablar a una guitarra hay que hablar del gran Peter Frampton, un talentoso cantante y compositor a la vez que guitarrista excepcional que sin utilizar el “talk box” ya era capaz de impactar con su manera de tocar pero que se convertiría en un auténtico mito con la interpretación que nos regalaría de uno de sus mejores temas y un auténtico clásico de la década de los 70.

No es de extrañar la capacidad y el talento que el inglés tenía a la hora de tocar la guitarra si apreciamos las compañías que frecuentaba en sus tiempos más jóvenes. Estudiando coincidió en su escuela con el mismísimo David Bowie del que se hizo íntimo amigo, una amistad que perduró a lo largo del tiempo hasta la muerte de Bowie. Era tal su destreza tocando la guitarra que “El Camaleon” le invitaría como guitarrista principal en su mítica gira “Glass Spider World Tour”, con esto está todo dicho. Pero centrémonos en la carrera de Frampton y en la canción que quiero compartir con vosotros en el día de hoy.

En el año 1969 pasó a formar parte de la banda “Humble Pie” un prestigioso grupo británico que fue pionero en utilizar el sonido contundente que iría evolucionando hacia el heavy metal. Tras publicar cinco discos con ellos, en el año 1974 decidió iniciar su carrera en solitario y muy pronto dejaría bien claro que estábamos ante uno de los artistas más importantes de la década de los 70, ante un auténtico genio.

El éxito en solitario le llegaría de inmediato hasta el punto de que apenas dos años después, en el año 1976, publicaría un mítico disco grabado en directo en San Francisco que se iba a convertir en uno de los mejores álbumes jamás grabados en vivo. Hoy en día es menos habitual, pero en los 70 y los 80 era muy frecuente que los grandes grupos y solistas publicaran algún disco grabado en directo. Podía decirse que era la verdadera prueba del algodón, aquel que publicaba un álbum de estas características ya era alguien en el mundo de la música y Frampton lo logró muy pero que muy pronto.

El disco en sí es una auténtica maravilla, pero hay una canción en concreto que se ha convertido en auténtico clásico. Se trata de una composición incluida en álbum de debut en solitario titulado «Frampton» que ya de por sí llamaría la atención del público por esa técnica del «talk box» que os comento, pero lo más llamativo es que la versión en directo incluida en «Frampton Comes Alive», que así es como se titula el álbum, supera con creces al original y ha tenido siempre más éxito y repercusión que la versión de estudio.

Creo que es el momento de disfrutar y saborear el sonido de ese clasicazo que es «Show Me the Way», y apreciar esa guitarra que parece hablar. Podéis imaginaros que en directo, la técnica del talk box requiere de una gran pericia ya que al más mínimo fallo todo se puede ir al garete, pero Frampton nos regala un momento único en la música en vivo. Disfrutadlo y os cuento en que consiste exactamente esa técnica.

Como ya os he comentado se trata de un proceso muy sencillo, totalmente analógico y sin ninguna parafernalia tecnológica. Pensad que nos encontramos en la década de los 70 y la digitalización de la música y la utilización de ordenadores en ese ámbito no existía todavía.

El artilugio en sí consta de un pedal que se sitúa junto al micrófono del guitarrista en cuestión, en este caso Frampton, que contiene una especie de motor de compresión similar al de un altavoz. De él sale un tubo de plástico transparente muy fino que sube por el soporte del micrófono hasta la altura de la boca del artista. Cuando se quiere generar ese sonido que parece hacer hablar a la guitarra basta con introducir el tubo en la boca y mover los labios y la mandíbula lo que genera un efecto solamente a la altura de los más grandes. Sin duda «Show Me the Way» es la canción más icónica de este sonido y sus primeras notas con Frampton utilizando el «talk box» son únicas en su especie.

Quiero aclarar que el «talk box» es un sistema totalmente distinto al del «vocoder», que sería utilizado sobre todo en la década de los 80 con la aparición de los primeros sintetizadores. Éste último sí que utiliza un proceso electrónico aprovechando las prestaciones de esos «miniordenadores» que eran aquellos maravillosos sintetizadores. Dos efectos magníficos para la música pero cada uno utilizado en su contexto. Para guitarra el «talk box», para teclados el «vocoder».

De lo que no cabe ninguna duda es de que Frampton fue un auténtico pionero en utilizar esta técnica, convirtiéndose en una de las señas de identidad de su sonido y de su manera de tocar la guitarra. Un auténtico genio que nos ha dejado momentos espectaculares alternados con alguna que otra salida de tono.

Y es que hasta el mejor escribano echa un borrón y Frampton lo echó junto a los mismísimos Bee Gees en el año 1978, cuando se les ocurrió la feliz idea de rodar una versión actualizada de la película basada en el mítico disco de The Beatles «Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band» . A pesar de que el elenco de artistas que participó en la película fue espectacular (Aerosmith, Earth Wind & Fire, Alice Cooper…) la película resultó ser un auténtico fiasco y fue triturada tanto por el público como por la crítica. Ni Frampton era Lennon ni los hermanos Gibb eran McCartney, Starr o Harrison. Vamos, lo de segundas partes (en este caso versiones) nunca fueron buenas llevado a la máxima potencia.

En cuanto a la técnica del «talk box» ha ido cayendo en desuso aunque de vez en cuando algún guitarrista de postín se atreve a rememorar al bueno de Peter Frampton. Sin ir más lejos, hay una canción de un grupo americano de gran éxito que años después lograría un tremendo éxito …

Pero ésa ya sabéis que es otra historia, aunque ya os anticipo que no vais a tener que esperar mucho tiempo para conocerla porque la canción que cierra el número de «La Graminola» de hoy utiliza esta misma técnica de la mano de otro de los grandes guitarristas de la historia del rock.

Así que ya sabéis, a seguir leyendo hasta el final (como siempre, espero).

PRODUCTO NACIONAL

LA UNIÓN / LOBO HOMBRE EN PARÍS

Hay canciones que nos cautivan por su sonido. Otras lo hacen por su letra. En ocasiones lo que más nos atrae es su interpretación. Lo cierto es que hay veces en las que todo confluye y una canción nos gusta tanto por su sonido, como por su letra como por su interpretación, convirtiéndose de inmediato en un auténtico clásico. Si a esto le sumamos que esa canción fue creada en la que yo denominaría edad de oro del pop español, allá por los 80, junto con todo lo relativo a «La Movida» pues para que queremos más.

Si bien es cierto que el grupo español que nos acompaña ahora ofreció sus mejores años durante el mayor apogeo de «La Movida», está claro que no es una banda vinculada a este movimiento. Es un grupo que convivió con todos aquellas formaciones que tanto dieron que hablar pero ofreciendo un pop elegante y alejado de lo provocativo de aquel momento.

Recuerdo que la primera vez que escuché la canción que os ofrezco a continuación quedé atrapado por su sonido de manera inmediata. Ese principio con apenas unas pocas notas de piano y el bajo tomando el mando a continuación me sedujeron totalmente. Y que decir cuando la voz del solista comienza a contarnos una preciosa historia de amor con ese tono tan personal, sentido y cambiante. Vamos que nada más escucharla se convirtió en una de mis canciones favoritas de siempre.

Estoy hablando nada más y nada menos que de La Unión, una de las bandas más representativas del pop español y que durante los últimos años de la década de los 80 y principios de la de los 90 estuvo considerada junto a Radio Futura como los dos mejores grupos de nuestro país y la verdad es que no les falta razón a quienes así lo afirman.

Corría el año 1982 y un grupo madrileño formado por el bajista Luis Bolín, el guitarrista Mario Martínez y el teclista Íñigo Zabala intentaban abrirse camino en el mundo de la música con algunas composiciones instrumentales. Ellos eran conscientes de que les faltaba algo, que les faltaba alguien que fuera capaz de ponerle voz a las canciones que tenían en sus cabezas. Apenas un año después, de manera inesperada, encontrarían la solución a sus problemas. Otro joven madrileño que tenía las mismas inquietudes que ellos hizo una pequeña prueba con ellos y de manera inmediata les cautivaría su peculiar y hasta sensual voz y su manera de cantar. Se trataba de Rafa Sánchez, uno de los vocalistas más carismáticos de nuestra música y que con el paso del tiempo se convertiría en el verdadero alma máter de la banda, lo que en el futuro le traería bastantes problemas con otro de los miembros del grupo casi igual de carismático que él como era Luis Bolín. Lo más importante es que con la llegada de Rafa al grupo se crearía una de las bandas más reconocidas de nuestro pop. Había nacido La Unión.

No tardarían en llamar la atención de los profesionales y promotores de la música de nuestro país, y en el año 1984 uno de los periodistas musicales españoles más importantes del momento como era Rafael Abitbol y el mismísimo Nacho Cano, que por aquel entonces además de triunfar a lo grande con Mecano hacía labores de producción con otros artistas, les dieron la oportunidad que estaban esperando. Abitbol y Cano, muy vinculados al sello discográfico WEA, deciden producirles tres canciones con las que iban a conseguir firmar un contrato con dicho sello. La primera de esas canciones llevaba el título de «La Niebla», la segunda se titulaba «Voracidad» y la tercera era nada más y nada menos que la mítica «Lobo Hombre en París».

Antes de seguir con la historia de esta genialidad de composición, quiero rendir un pequeño homenaje a Rafael Abitbol. Como comunicador musical en los distintos programas que creó en la radio era excepcional. Sus conocimientos musicales eran muy amplios y la forma de presentar las canciones, de contar sus historias y su voz son historia de la radio musical española. Os puedo asegurar de que ha sido una de las mis principales fuentes a la hora de aprender y conocer lo que esconde cada canción detrás de ella.

Pero volvamos con «Lobo Hombre en París. Nos encontramos con una canción excepcional que inmediatamente se convirtió en un éxito en nuestro país y que comenzó a sonar una y otra vez en todas las emisoras de radio. Muchos se preguntaban quienes eran esos chicos que habían creado esa maravilla y estaba muy claro que no iban a tardar en publicar su primer larga duración que aparecería en el mercado a finales de ese año 1984. Su título era «Mil Siluetas» y fue el principio de una fulgurante y exitosa carrera que les llevaría a protagonizar la música que se hacía en nuestro país durante los siguientes quince años.

«Lobo Hombre en París» lo tiene todo. Su sonido es espectacular y la melodía cautivadora de principio a fin. La voz de Rafa Sánchez es ideal para contarnos lo que dice su letra que nos cuenta una historia llena de poesía y romanticismo.

Y es que lo que muchos no saben es que la letra de este clásico está basada en un cuento de un escritor francés llamado Boris Vian, cuyo título original en francés es «Le Loup Garou». En él se cuenta una mágica historia en la que no es el hombre el que se convierte en lobo para aterrorizar a todo el mundo, sino que es el lobo el que se convierte en hombre para vivir una maravillosa historia de amor en las calles de esa preciosa ciudad que es París. Una mezcla excepcional que nos regalaron los chicos de La Unión y que todos los de mi generación cantamos de inmediato nada más escuchar los primeros compases.

Os dejo dos enlaces al videoclip. El primero es el mejor, pero avisa de una pequeña (e incomprensible) restricción. El segundo permite acceso inmediato pero es de menor calidad. Eso sí no os lo perdáis porque merece la pena escucharlo y verlo.

Como habréis podido comprobar los chicos de la Unión y los señores Rafael Abitbol y Nacho Cano no dieron puntada sin hilo. Además de una producción musical exquisita aportaron ideas para la grabación de un videoclip que encaja a la perfección tanto con el sonido de la canción como lo que cuenta su letra. Imágenes en blanco y negro llenas de misterio y romanticismo. No es de extrañar que «Lobo Hombre en París» sea considerada una de las mejores canciones del pop español de todos los tiempos.

A partir de ese instante todo fue subir y subir y la carrera de La Unión no cesó de ofrecernos grandes canciones y unos discos de gran calidad y muy cuidados. Rafa Sánchez no tenía la mejor voz del mundo, ni mucho menos, y en ocasiones cantaba casi en un susurro, pero su personalidad y su tono eran marca de la casa y reconocibles desde el primer momento. Uno de los personajes más carismáticos de la música española, sin duda alguna.

Lamentablemente, como suele suceder en estos casos, el caminar juntos durante tantos y tantos años originaría constantes disputas entre el propio Rafa Sánchez y Luis Bolín, verdadero fundador de La Unión y que no acababa de encajar que su compañero de fatigas le ganase en carisma y popularidad. Si a eso le sumamos que las ideas que cada uno de ellos tenían sobre el estilo que el grupo tenía que seguir eran muy distintas, era cuestión de tiempo que todo saltase por los aires.

Cuando estaban en lo más alto, en el año 1988 Íñigo Zabala abandonó el grupo. No se sentía demasiado cómodo con el desorbitado éxito que estaban cosechando y decidió abandonar la primera línea musical para centrarse en labores ejecutivas dentro del mismo sello discográfico WEA.

A partir de ese instante La Unión pasó a ser un trío y el tremendo éxito que seguían cosechando ocultaba que detrás del escenario la relación de Rafa Sánchez y sus compañeros de fatigas no era la más adecuada. Para colmo de males, en el año 2015 Mario Martínez anuncia que dejaba el grupo porque se le había diagnosticado un cáncer de laringe bastante agresivo. Mario funcionaba como una especie de parapeto entre las continuas disputas entre Bolín y Sánchez y con su marcha el fin de La Unión, al menos como todos los conocíamos estaba más cerca. Si a todo esto le sumamos que la creatividad empezó a ir a menos y que los éxitos no llegaban como antes, las diferencias entre los dos miembros originarios del grupo que aún continuaban en él provocarían la explosión definitiva. En el año 2020, Mario Martínez fallece de manera prematura por sus problemas de salud y poco tiempo después Rafa Sánchez anuncia que lo dejaba y que La Unión se disolvía.

A partir de ahí llegaría un cruce de comunicados entre Sánchez y Bolín con unos ataques furibundos llenos de graves acusaciones de por medio y responsabilizando el uno al otro del fin del grupo. De hecho, Luis Bolín anuncia en su primer comunicado que La Unión iba a continuar adelante sin Rafa Sánchez ya que él no era fundador de la banda a la que se incorporó un año después de su creación. El enfrentamiento ha llegado al extremo de que Rafa Sánchez ha llegado a decir que jamás volverá a hablar con Bolín al que considera una mala persona. Ahí es nada.

Desde entonces La Unión sigue funcionando (se supone) con Luis Bolín como único superviviente del grupo que publicó aquel primer trabajo y nos cautivó con «Lobo Hombre en París», aunque no ha grabado ningún nuevo trabajo hasta ahora. Lo más curioso del caso es que Rafa Sánchez sigue haciendo giras en solitario interpretando todos y cada uno de los éxitos de La Unión. Os dejo a vosotros que pongáis los calificativos.

No sé si en algún momento La Unión con Luis Bolín al frente publicará un nuevo disco con un vocalista distinto, pero ya os digo yo que no sería lo mismo. Si me preguntáis mi opinión creo que en la vida siempre hay que ser consciente de que hay momentos en lo que lo mejor es cerrar página y no marear la perdiz de manera innecesaria.

De cualquier modo, La Unión dan para mucho y entre sus grandes canciones también se encuentra … Pero todos sabéis ya que ésa es otra historia.

PORQUE ME GUSTA

BON JOVI / LIVING ON A PRAYER

Hoy hemos empezado el número de La Graminola con la historia «Show Me the Way» y la utilización de la por aquel entonces revolucionaria técnica del «talk box» y os comentaba que otra canción que se ha convertido en un auténtico clásico de la historia del rock utilizó esa misma técnica prácticamente 20 años después para dejarnos una intro de esas que se te graban en el cerebro nada más escucharla por primera vez y que identifica al máximo a la banda que la protagoniza.

Corría el año 1986 cuando un grupo norteamericano trabajaba en el tercer álbum de su carrera buscando el espaldarazo definitivo. Sus dos primeros trabajo habían tenido bastante repercusión, sobre todo el primero, pero no habían conseguido todavía convertirse en una banda de referencia, de esas que llenara estadios, vendiera discos como rosquillas y fuera conocida y reconocida a nivel mundial. Dice el refrán que «a la tercera va la vencida» y en el caso de Bon Jovi, los protagonistas del cierre de La Graminola de hoy, se cumplió a rajatabla.

Hasta ese momento, Bon Jovi habían publicado dos discos: «Bon Jovi», su álbum de debut y «7800º Farenheit». Con ellos habían recibido bastantes buenas críticas pero a nivel comercial y de público el éxito había sido relativo, dando la impresión de que nos podíamos encontrar ante una de esas bandas por la que los críticos musicales más prestigiosos beben los vientos pero las ventas de sus discos están por debajo de sus expectativas. Afortunadamente, todo eso iba  a cambiar con su tercer álbum.

Jon Bon Jovi, su carismático vocalista y auténtico líder de la banda, y los suyos, sabían que se la jugaban con su tercer trabajo. O el álbum servía para dar el salto definitivo para jugar en primera división o a lo mejor tenían que plantearse el dejarlo. La presión era muy grande, pero el talento que tenían lo era aún mayor y las ideas, las buenas ideas empezaron a aflorar. Además tomarían una decisión que resultaría muy acertada como fue la de cambiar de productor poniéndose en manos de uno de los compositores y productores de rock de aquella época, el señor Desmond Child.

Cuando estaban en el proceso de composición de las canciones de ese nuevo disco, Jon Bon Jovi llegó al estudio comentando que había empezado a trabajar en la letra de una canción que quería que hablara de una pareja muy joven de recién casados que intentaban abrirse camino en la vida y que lo estaban pasando bastante mal. Al resto de los miembros del grupo y al propio Desmond Child les gustó mucho la idea y empezaron a trabajar en el proyecto.

Sin embargo, los problemas empezarían casi de inmediato. El guitarrista principal de la banda, el inimitable Richie Sambora, uno de mis más admirados artistas, encontró de inmediato el riff correcto y el tono apropiado para la canción. Sin embargo al bueno de Jon no le acababa de gustar demasiado el resultado, ya que él había compuesto la canción acompañado de un piano y pensaba que esa debía de ser la línea a seguir, en contra de la opinión de Sambora, Child y el resto de la banda que apostaban por la intensidad guitarrera que el primero le había dado.

Finalmente grabaron la canción al gusto de la mayoría y Jon tuvo que conformarse, aunque seguía repitiendo una y otra vez que no le acababa de gustar y que tenía muchas dudas sobre si era una buena idea y sobre si esa canción iba a calar en el público. Jon no tardaría en darse cuenta de que él equivocado era él y aunque a regañadientes seguía diciendo que no le convencía el resultado, lo cierto es que en cuanto fue publicado el álbum bajo el título de «Slippery When Weet» y saliera como sencillo la dichosa canción, ésta se convirtió en todo un clásico y la composición más representativa de toda su carrera. Les había costado, pero lo habían conseguido.

Es curioso que una canción como «Living on a Prayer», que sería la responsable de su salto definitivo al estrellato, estuviese rodeada de tantos problemas a la hora de ver la luz y no solamente por el resultado final que a Jon no le convencía plenamente sino que también en lo relativo a la letra. Os cuento una curiosidad al respecto. Jon quería que en la letra de la canción aparecieran los nombres de los dos jóvenes protagonistas y, dado que se había inspirado en la historia real de dos compañeros suyos del instituto llamados Bonnie y Joe, en un primer momento quería que ésos fueran los nombres que se citaran en su composición. Sin embargo, Child propuso cambiar esos nombres ya que él mismo había vivido una experiencia similar con una de sus primeras parejas, la cantante María Vidal, quien durante algún tiempo trabajó como camarera haciéndose llamar Gina, por lo que sugirió que los nombres fueran cambiados a Johnny y Gina.

Jon se opuso rotundamente porque si el protagonista masculino se llamaba Johnny, muchos pensarían que estaba contando una historia propia. Al final hicieron eso de «ni pá ti ni pá mí» y los nombres elegidos serían Tommy y Gina. Problema resuelto.

El toque definitivo se lo daría Richie Sambora, cuando pensó que era una buena idea, que terminó siendo fantástica, el utilizar la técnica del «talk box» en la intro de «Living in a Prayer», dándole un toque muy original que ya es historia del rock and roll. Disfrutemos todos de una de esas canciones que nada más escuchar sus primeras notas nos pone «en órbita».

Ni que decir tiene que a partir de ese momento «Living on a Prayer» se convirtió en todo un acontecimiento a nivel mundial y una de las canciones favoritas y más esperadas por todo el público asistente a sus conciertos. Desde ese instante, Bon Jovi se convirtieron en estrellas y en una de las bandas más representativas del rock a nivel mundial, abriendo una época dorada que continuaría incluso hasta la actualidad, a pesar de la salida de la banda de Sambora y de los continuos problemas de salud de Jon.

Y es que el éxito de los músicos siempre tiene un precio, siempre pasa alguna factura. La tremenda fama que lograron, la gran intensidad de su música, las giras interminables y los esfuerzos tan grandes que Jon tenía que hacer en los conciertos llegando a notas muy altas, como por ejemplo en la propia «Living on a Prayer», pasarían factura a sus cuerdas vocales, las que quedarían bastante tocadas provocándole problemas a la hora de interpretar sus canciones más emblemáticas en los conciertos.

Para solucionar el problema, el resto de los miembros del grupo intentaban cubrir a su compañero cuando llegaba el momento de entonar las notas más altas, pero cuando las giras estaban ya bastante avanzadas su físico también empezaba a verse afectado, por lo que en algún momento tuvieron incluso que utilizar algún tipo de playback en partes muy concretas de sus canciones, con el fin de poder salir adelante. Ojo no es que cantaran en playback todo el concierto y que no tocaran ellos sus instrumentos sobre el escenario, no digo eso, simplemente que en momentos concretos, una pequeña ayuda en forma de sonido enlatado durante unos segundos les ayudaba a que sus interpretaciones no perdieran intensidad y sonaran igual de bien que siempre.

Lo cierto es que con el paso de los años las cuerdas vocales de Jon Bon Jovi han ido viéndose afectadas cada vez más, lo que se hacía evidente no ya solamente en sus actuaciones en vivo sino en el tono que utilizaba en las grabaciones en el estudio de sus últimos discos. Por ese motivo se ha visto obligado a parar e incluso a pasar por el quirófano, buscando solucionar el problema definitivamente y poder volver a ser el Jon de siempre, ese que cuando había que llegar a una nota muy alta lo hacía sin ayuda de nadie, sin ayuda de ningún artificio. Habrá que estar atentos a sus próximos conciertos ya que él mismo ha anunciado que está muy recuperado y que pronto se verán los resultados. Esperemos que así sea.

No es de extrañar entonces que los últimos trabajos de Bon Jovi no hayan estado a la altura habitual y no hayan ofrecido esos himnos a los que nos tenían acostumbrados ni esas ventas tan elevadas. De hecho, en cada nueva gira utilizan más las canciones de sus primeros trabajos que las de los últimos, algo que les pasa a muchos de los artistas que llevan tanto tiempo en la carretera. Nada nuevo. Pero responsabilizar de ese «bajón» únicamente al problema vocal de Jon me parece muy osado. Mi opinión personal es que el gran motivo de ese pequeño retroceso en su carrera es la inesperada e incluso traumática salida del grupo del gran Richie Sambora.

En el año 2013, el guitarrista anunciaba que abandonaba Bon Jovi, alegando que necesitaba descansar y recuperar su vida personal para poder pasar más tiempo con su familia y acercarse más a su hija. Lo cierto es que si bien ese fue el motivo principal de su marcha, no podemos obviar que también influyó el distinto punto de vista que tenían él mismo y Jon Bon Jovi sobre el camino que debía llevar la banda. Sambora echaba mucho de menos sus sonido potente y cercano al glam rock de sus primeros tiempos y reprochaba a Jon que se habían comercializado y «endulzado» demasiado. Es imposible imaginarnos a Bon Jovi sin Jon, eso está claro, pero también es más que evidente que sin Sambora, sin sus composiciones y sin su forma de tocar la guitarra, Bon Jovi son menos Bon Jovi.

Por cierto, los protagonistas de «Living on a Prayer», los ya famosos Tommy y Gina, han seguido protagonizando las canciones del grupo a lo largo de su carrera. Sin ir más lejos en las letras de canciones tan emblemáticas como «Lie to Me», «Something for the Pain» o «It’s my Life» se hace referencia a la pareja de jóvenes que, evidentemente ya no son tan jóvenes y … Pero ésa sí que sí es otra historia.

Esto sería todo por hoy, pero quiero despedir el número de La Graminola de hoy con un pequeño regalo. De todos es sabido que la música que triunfa hoy en día y de cuyo nombre no quiero acordarme me parece espantosa y que el gusto por la buena música de siempre se va perdiendo de generación en generación, pero viendo el vídeo que os quiero ofrecer a continuación creo que la batalla no está todavía perdida.

Hay gente que sigue intentando educar a los más jóvenes, a nuestros niños, en la buena música sea de la época que sea y del estilo que sea. Esto es lo que han debido pensar un par de profesores de música del Colegio «Alicante del Valle» de la localidad chilena de Puente Alto que han grabado un vídeo con los niños a los que dan clase interpretando a su manera ese gran clásico de Depeche Mode que es «Enjoy the Silence» y del que os hablaré más detenidamente la próxima semana.

Disfrutad todos de esta maravillosa genialidad.

Y ahora sí, hasta dentro de dos semanas que volverá La Graminola con más historias, con más canciones, con más música.

Hasta entonces, graminoleños.


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