Revista Cine

La inesperada virtud de la ignorancia

Publicado el 20 enero 2015 por Alvaromoral
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Lubezki (director de fotografía), Birdman (Michael Keaton) y Alejandro G. Inárritu (director)

Birdman es una película excesiva e intensa. El trabajo encabezado por Enmanuel Lubezki y Alejandro G. Inárritu para dar vida a esta historia ya es un reto en sí mismo que produce una película excesiva e intensa. De hecho, tal como está dispuesta la puesta en escena, recuerda a los tan famosos lipdubs; Aquí los muros de los pasillos acaban por resultar claustrofóbicos y la cámara que guía la mirada del espectador, un infierno más mareante que el 3D. Es falso eso que dicen de que el plano secuencia es lo más cercano a la vida misma, como quien llevara una GoPro en la cabeza. Cuando miramos enfocamos nuestra atención en puntos de interés que los cambiamos en micras de segundo. Este es un ejercicio que ninguna GoPro o plano secuencia de Lubezki podría lograr. Por eso, un plano secuencia es claustrofóbico por ser limitado.

Me ha cogido más el personaje de Norton q el de Keaton. Será cuestión de reposarla.

— H264 (@FTGaps) enero 19, 2015

Excesiva, intensa, claustrofóbica, limitada. Son los adjetivos perfectos para expresar la vida de Riggan (genialmente interpretado por Keaton, el siempre actor de Batman). De tal manera que fondo y forma se unen. Genial. Pero faltaba algo: ¡el sonido! Antonio Sánchez pone la percusión en una película que es una auténtica persecución. ¿Y qué le viene mejor a una persecucion? Pues eso, la percusión. Una persecución entre pasillos, camerinos, backstage y escenario. Pero también es la persecución de la voz en la cabeza de Riggan y que actúa como metáfora de la última oportunidad de Riggan para cambiar su vida de padre y adulto. He echado de menos un trabajo más intenso del sonido, que siempre es mejor narrador.

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Antonio Sánchez (percusionista) junto a Iñárritu)

La vida corre deprisa y eso lo sabe Riggan y lo sabe Iñárritu. Ambos han dedicado su vida como artistas a un género ya sea el de superhéroes o el de dramas demoledores. Es hora de cambiar y uno apuesta por lo efímero de una obra de teatro (cada una irrepetible como se ve en la película) y el otro por el cambio de género en una película que se rige por las convenciones de una cuenta atrás. Lo efímero de ambas propuestas choca siempre con el exceso de trabajo que supone la preparación y la puesta en marcha. Un trabajo efímero -no lo menosprecio en absoluto- que ahora trasciende en el más allá que es Twitter (todo blockbuster tiene sus filtraciones preparadas o no).

Vista Birdman. Y ya. Es un poco claustrofóbica

— H264 (@FTGaps) enero 19, 2015

Hay un asunto que es una apuesta arriesgada. Podemos oír la voz de Birdman en la cabeza de Riggan pero aún así es como si nosotros estuviéramos fuera de su vida y de sus consecuencias. Y el culmen de esta propuesta es la escena final que tantos rompederos de cabeza suscita: la historia de Riggan es la más detallada y a la vez la más inaccesible. Mientras las historias interpretadas por Edward Norton (el sustituto), Zach Galifianakis (su manager), Naomi Watts (su exmujer) y Emma Stone (su hija) aun siendo más fragmentos de sus vidas y un esteriotipo sustentan una historia que simplemente con la de Riggan habría sido inaccesible. Funcionan como en la obra que interpretan, como causa de la locura de un marido engañado y que no tiene más salida que la de un disparo. Por eso, supongo que en los títulos de crédito finales Iñárritu pone que su película está basada en una obra de John Cheever que en la película es la obra de teatro y que parece la encarnación de la historia de Reggan.

Por cierto, que alguien me explique lo de la inesperada virtud de la ignorancia. ¡Por favor!

Comparto esta crónica de Alberto Fijo en la que desmenuza muy bien el proceso creativo de Iñárritu a raíz de unas declaraciones suyas.

También, si os interesa saber más sobre la filmografía de este director mexicano podéis leer esto.

Os recomiendo ver películas de Lubezki como El árbol de la vida, Gravity, Hijos de los hombres o To the wonder.


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