Revista Cultura y Ocio

La maldición de Hill House. Shirley Jackson

Por Mientrasleo @MientrasleoS
La maldición de Hill House. Shirley Jackson
     "En la larga historia de los fantasmas, no ha habido ninguno que dañara físicamente a nadie. El daño se lo hacen las víctimas a sí mismas".
     Por muchas adaptaciones que tenga una novela, ninguna es como el libro. Además hay veces en las que cada una de las adaptaciones difiere en tanto con el resto, que uno no puede hacer otra cosa que buscar las palabras originales para decidir qué visión es la más adecuada. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La maldición de Hill House.
     Conocemos a John Montague, un apasionado de lo paranormal que busca un lugar en el que realizar un experimento. Encuentra el lugar perfecto en Hill House, y allí invita a tres voluntarios a pasar unos días en la casa embrujada de la zona. Eleanor, una mujer triste y desdichada que ha pasado años al cuidado de su madre, Theodora, alegre y con una conexión telepática superior a la media y Luke, futuro heredero de la mansión colocado allí por la dueña de la casa y con poco interés en casi nada que no sea él mismo. Juntos pasarán unos días en los que esperan vivir experiencias paranormales que les saquen de sus rutinas bajo la atenta supervisión de Montague.
     Cuando uno se enfrenta a un libro de terror tiene que tener muy claro a qué tipo de terror se va a dirigir: no es lo mismo el terror directo basado en los sustos que aquel otro que busca lo psicológico. A primera vista esto parece algo muy obvio pero, a medida que uno se decanta por uno u otro, termina descubriendo que estos límites abren la puerta a muchos otros tipos de novelas de terror que pueden o no resultarle atractivas. En el caso de La maldición de Hill House, por ejemplo, la autora habla de una casa encantada y parece que todos esperamos fantasmas acechando listos para aterrorizar a las visitas (un poco como en la película protagonizada por Catherine Z Jones), pero Jackson lo que propone es algo muy diferente. La presencia de la casa es más que evidente y también su amenaza sobre los visitantes, a los que está claro que no quiere allí y de entre los que amenaza con cobrarse a su nueva víctima, pero el terror, el verdadero terror sobre el que Jackson está escribiendo, es el de la mente de los moradores de la casa. El cerebro y las reacciones y pensamientos de cada uno, provocados por sus temores y vivencias, es el punto fuerte de una novela que juega con el lector hasta sus últimas páginas dejando que sea él quien decida el verdadero final de la historia.
     La casa, esa gran protagonista en la que ni el ama de llaves permanece pasado el atardecer, es un perfecto laberinto mundano a veces confortable, otras amenazante, pero siempre al acecho. Y los invitados a pasar allí en verano, forman tres tipos habituales de personas que nos podemos encontrar. Es cierto que Jackson no las dibuja demasiado y que el lector puede quedarse con las ganas de profundizar en la relación entre Eleanor y su madre (sobre todo porque la literatura de terror nos ha enseñado que suele haber miga en estas relaciones) y también lo es que hay un juego quizás demasiado rápido entre las chicas y luego entre Eleanor y Lucas, pero lo salva dejándolo en algo meramente superficial en la lectura. Pero lo importante aquí es el interior y si bien es cierto que en la casa como en la vida es fácil elegir la puerta equivocada, también lo es que uno llega a estas lectura esperando más que un par de escenas de efecto como la que sucede en la habitación azul. Sin embargo, lo que puede provocar más miedo en esta lectura, es el reconocimiento del lector en alguno de los miedos representados por los personajes: todos ellos aislados y llenos de sus propios fantasmas. Y, de entre ellos, Eleanor se alza como la gran protagonista señalada casi desde un comienzo y cuyo papel es, posiblemente, el más difícil de representar. Ella es quien, tema o no a la casa, parece tener más miedo a la vida que a lo que suceda allí dentro, como si la libertad adquirida al morir su madre fuera además la peor de sus pesadillas. Ella ha sido siempre un segundo plano y ahora que se ha quedado sin nadie detrás del que esconderse, todas las miradas convergen en ella. Incluida la de la casa.
     Así es como genera Jackson esa atmósfera terrorífica: desde el interior. Y nos la presenta en la historia de la casa tanto como en las personas que llegan o en aquellas que se han adaptado a trabajar allí durante años. Y por eso la novela funciona, aunque tal vez no sea lo esperado por algunos lectores de género.
     La maldición de Hill House es una magnífica novela de terror psicológico que obliga al lector a redefinir su concepto sobre "lo que da miedo".
     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
     Gracias.
     PD: Hill House ha visto adaptaciones para todos los gustos. The Haunting en forma de película llevada al cine tiene una versión de 1963 que es posiblemente la que se mantiene más fiel a la novela. Mucho más desde luego que la realizada en 1996 bajo el mismo título y muchísimo más que la aclamada serie de Netflix.
La maldición de Hill House. Shirley Jackson 
     Por otro lado, os presento la Mansión Winchester, fuente de inspiración de la casa de la novela, una mansión laberíntica que tardó en construirse casi cuatro décadas debido a su intrincado interior cuyo objetivo era hacer que los espíritus de los fallecidos por causa de las armas que llevaban su mismo nombre, se perdieran en ella incapaces de encontrar el camino para atormentar a la familia creadora de dichas armas de fuego. Las peculiaridades de la mujer que la mandó construir forjaron la leyenda de la que sigue siendo considerada una casa encantada hoy en día. No diréis que no os cuento cosas.

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