Revista Cultura y Ocio

La noche de la encrucijada

Publicado el 18 septiembre 2026 por Rubencastillo
La noche de la encrucijada
 

Diecisiete horas dura ya el interrogatorio al que el inspector Maigret y su equipo están sometiendo a Carl Andersen, un aristócrata danés venido a menos que vive en una singular encrucijada francesa, donde solamente hay una gasolinera, la pequeña casa de un agente de seguros y la mansión (desvencijada y ruinosa, pero enorme) donde viven Carl y su hermana Else. Y el motivo de ese interminable interrogatorio es también singular, cuando no escalofriante: el coche del danés ha aparecido en el garaje del agente de seguros, mientras que el de este, con un cadáver dentro, se ha encontrado en el garaje de Carl. Aparte de la escenificación macabra o juguetona de ese delito, la identidad de la víctima tampoco es muy tranquilizadora: se trata de un corredor de diamantes de Amberes cuyo nombre es (o era) Isaac Goldberg. Persuadido de que Andersen no es el responsable del crimen (se trata, a todas luces, de un hombre educado, sereno y aparentemente pacífico), Maigret lo deja libre; pero se desplaza con su ayudante Lucas hasta la encrucijada, y comienza a formular preguntas, dándose cuenta de que el caso, formado por piezas tan sencillas, es mucho más complejo de lo que cabría imaginar. Cuando comiencen a aparecer objetos robados, joyas valiosas y hasta alijos de droga, Maigret descubrirá que se está enfrentando a una situación mil veces más peligrosa de lo que pudo prever al inicio del caso. En la escena final, con todos los habitantes de la encrucijada detenidos y esposados, nadie parece inocente y comienzan a descubrirse embrolladas conexiones entre ellos (nombres falsos, pasados carcelarios, relaciones sexuales inesperadas), en un crescendo que la veteranía narrativa de Simenon logra mantener en pie, pese a su condición desconcertante y tumultuosa.


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