Hace tiempo Lenny Kravitz (Cinna en la película) dijo en su Twitter: “Jennifer, tú eres Los juegos del hambre”. Y tenía más razón que un santo. Ahora, cuando veo los carteles de la cinta protagonizando las vallas publicitarias del Metro y las marquesinas de los autobuses, veo algo más que la cara de Katniss apuntándome con esa flecha dorada. Veo algo más que la foto de una chica con cara de circunstancias. Veo un personaje sólido en la pantalla, humano, de carne y hueso y curvas, con problemas, con una puntería letal y una voluntad férrea, con muchísimo miedo por lo que pueda ser de los suyos y con graves problemas sociales. En la Katniss de la película he visto a la Katniss de los libros de Suzanne Collins. Y Peeta, Cinna, Effie, Haymitch, Rue, Cato, Seneca, el Presidente Snow y los demás no se han quedado cortos, precisamente.
Un futuro postapocalíptico, doce distritos, un gobierno tiránico emplazado en El Capitolio y un programa de televisión, “Los juegos del hambre”, que retransmite cada año en directo una masacre entre niños y adolescentes. En este primer capítulo de la saga nos encontramos con la familia de Katniss Everdeen, que aterrada se prepara para la Cosecha, ese día del año en el que El Capitolio escoge a un chico y una chica de cada distrito para que sirvan como tributos de

Reconozco que mi visión es absolutamente parcial porque soy una fan confesa de la trilogía de Los juegos del hambre… pero no puedo hacer otra cosa que contaros que sí, que la película me ha gustado. Muchísimo. Me ha parecido emocionante, sobrecogedora y adictiva. Desde que en el cine se apagaron las luces hasta que volvieron a encenderse, mi cara era un poema: sonrisa expectante, ojos brillantes, corazón revolucionado y cuerpo burbujeante.


142 minutos de acción, de silencios medidos y un trabajo de sonido brillante, de escenas terribles y sangrientas grabadas con una cámara epiléptica que eleva la locura, de reflexiones sobre el poder del miedo y el de la esperanza, de breves momentos que dan tregua al amor y la amistad, de hermosos (y peligrosos) bosques verdes, de sinsajos que silban una tonadilla que pone los pelos de punta, de personajes que mueren y hacen que se te encoja el corazón, de una tumba improvisada en medio de unos juegos de muerte televisados con una frialdad y frivolidad espantosas,

Id a verla. Tenéis que ir a verla. Para disfrutar, para reíros con esas bromas tímidas hechas en medio de la tragedia, para alzar los dedos con el signo de la revolución, para ver en carne y hueso a los personajes, para emocionaros. Id a verla, hoy mismo se estrena. Que la suerte esté siempre, siempre de vuestra parte.
