Revista Diario

La vuelta de Obligado o Libre Comercio...

Por Julianotal @mundopario

La vuelta de Obligado o Libre Comercio...El kirchnerisno emprende no sólo una transformación socioeconómica, sino tambien simbólica y cultural. CFK le hace honor a su generación setentista, revisionista de nuestra historia argentina: lo demostró al declarar, en 2009, el año de Raul Scalabrini Ortiz, uno de nuestros más grandes referentes de la historia popular; también lo demostró claramente en el memorable desfile histórico a cargo de Fuerza Bruta durante la celebración de nuestro Bicentenario. Ahora, establecer como feriado nacional el Día de la Soberanía, nos hace comprender que, con el tiempo, nos estamos volviendo menos zonsos (Jauretche estaría orgulloso).¿Por qué se ninguneó en la historia la épica Batalla de Obligado? Porque nuestra historia liberal, jamás podría reconocer licito defender la navegación de nuestros ríos interiores, eran defensores a ultranza del libre comercio, como ahora los son los neoliberales favorables al ALCA y a las relaciones carnales con EEUU.En el siglo XIX, había que bajarse los lienzos ante Gran Bretaña. Basta leer las Bases de Alberdi y de todos nuestros proceres liberales, para comprender que uno de los puntos esenciales sobre los que se trató nuestra Constitución, basada en la libre navegación de los ríos interiores... no más cadenas, ni defensa soberana. Citemos a Jauretche: "Esta es una zoncera por inversión del concepto que com­plementa y concurre a la política de reducción del espacio.
Funciona como si se asentara en los libros colocando en el Debe lo que corresponde al Haber, y en el Haber lo que es del Debe.
Es la primera zoncera que descubrí en las entretelas de mi pensamiento y con ello quiero demostrar una vez más que "an­che ío sonno pittore", es decir zonzo, por lo que me las sigo buscando mientras lo invito a usted a la misma tarea.
En la escuela primaria no era de los peores alumnos y con­taba con cierta facilidad de palabra, motivos por los que fre­cuentemente fui orador de los festejos patrios. En uno de esos había bajado ya de la tarima, pero no de la vanidad provoca­da por los aplausos y felicitaciones, cuando mi satisfacción em­pezó a ser corroída por un gusanillo.
Entre las muchas glorias argentinas que había enumerado estaba esta de la libre navegación de los ríos, y en ella empezó a comer el tal gusanito.
El muy canalla —tal lo creí entonces— me planteó su inte­rrogante, tal vez aprovechando lo vermiforme del signo:
—"¿De quién libertamos los ríos?".
Y en seguida, como yo quedaba perplejo, agregó la res­puesta:
—"De nosotros mismos. ¡Je, je, je" —agregó burlonamente.
—"¿De manera que los ríos los libertamos de nuestro pro­pio dominio?" —pensé yo de inmediato, ya puesto en el dis­paradero por el gusano. Y continué—: "Pero entonces, si no eran ajenos sino nuestros, y los libertamos nosotros mismos, ¿se trata sencillamente de que los perdimos?".
Busqué entonces algunos datos y resultó que era así: la libertad de los ríos nos había sido impuesta después de una larga lucha en la que intervinieron Francia, Inglaterra y el Im­perio de los Braganzas. Y en lo que no se había podido impo­ner por las armas en Obligado, en Martín García, en Tonelero, por los imperios más poderosos de la tierra, fue concedido —co­mo parte del precio por la ayuda extranjera— por los liberta­dores argentinos que aliados con el Brasil vencieron en el cam­po de Caseros y en los tratados subsiguientes.
Entonces me pregunté qué habrían hecho los norteame­ricanos si alguien les hubiera impuesto liberar el Mississipi. Y los ingleses de haberle ocurrido eso con el Támesis. O los alemanes en el caso con el Elba. O los franceses con el Ródano. Y ahora pienso en Egipto con el Nilo, y así, hasta no acabar.
Se me ocurre que hablarían de la pérdida del dominio de sus ríos y que lógicamente en lugar, como nosotros, de conver­tir en triunfo esa liberación y darse corte con ella, habríanse dolido de esa derrota y hecho bandera del deber patriótico de retomar su dominio.
Los mismos brasileños que tanto hicieron por la "libertad" de nuestros ríos, tienen una tesis distinta cuando se trata de los ríos de ellos, aún cuando esos ríos sean el acceso marítimo a otros países. En el caso del Amazonas, sostienen la tesis inversa a la que sostuvieron en el Plata y mantienen celosamente su dominio porque entienden que "su navegación es cosa que rige el que controla su cauce inferior".
Y esto no significa obstaculizar la navegación de los que están en el curso superior. Pero se trata de conceder a los que están en el curso superior ventajas lógicas, convenidas, producto del acuerdo entre los ribereños, cosa muy distinta a la renuncia de la soberanía como en el caso de la proclamada libre navegación, "urbi et orbi", que es la pérdida del dominio de cada uno en la parte que le corresponde. Con lo que se ve que la mentida "libertad" que significa nuestra pérdida no es siquiera la determinada por el común uso y vecindad, sino una disposición en beneficio de las banderas imperiales ultra­marinas y en perjuicio de la formación de una propia creación náutica.
También para eso se impuso al Paraguay la libre navega­ción después de la guerra de la Triple Alianza, porque todo es un complemento del pensamiento de los Apóstoles de Manchester que Mitre ejecutaba como instrumento de la política de los Braganza, a su vez instrumento de otra política, pero sacando ventajas propias. Y ainda mais. Pero aquí entra a jugar otra zoncera que se verá más adelante.
La-libre-navegación de los ríos fue una derrota argentina que nos presentan... ¡como una victoria! Y encima nos ense­ñan a babearnos de satisfacción y darnos corte, como vence­dores, allí, justamente donde fuimos derrotados.
¿Comprenderéis ahora por qué se oculta la Vuelta de Obli­gado donde, a pesar de la derrota impusimos nuestra sobera­nía sobre los ríos, y se celebra, en cambio, Caseros, donde di­cen fuimos vencedores, y la perdimos?
¿Será porque la victoria no da derechos?"

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