Revista En Femenino

Las brujas de Vardø

Por Sandra @sandraferrerv

 La caza de brujas fue uno de los ejemplos más claros del abuso de poder, la intransigencia, la cerrazón de mente y, sobre todo, misoginia, que imperó durante siglos en la Europa medieval y moderna. Durante siglos, miles y miles de mujeres perdieron su vida en la hoguera, ahogadas o ahorcadas. Una psicosis colectiva asoló durante demasiado tiempo todos los rincones del continente. Mujeres que se salían del camino marcado por la tradición y la ortodoxia religiosa, que acumulaban siglos de conocimiento, que tenían vidas que no encajaban con las normas establecidas fueron acusadas de brujería. Una simplificación mortal. Muchas de aquellas mujeres cayeron en el olvido, sus identidades desaparecieron tras el humo de las hogueras que calcinaron sus cuerpos. Otras permanecieron en la memoria popular llegando hasta nuestros días. 

Las brujas de Vardø

Hoy hablamos de una serie de juicios que tuvieron lugar en las frías, lejanas y hermosamente inhóspitas tierras del norte de Noruega. Concretamente en Vardø, una ciudad situada en una de las muchas islas que bordean la península escandinava. Allí, a lo largo del siglo XVII tuvieron lugar varios periodos de persecución en los que se celebraron hasta 140 juicios en los que fueron condenadas unas noventa personas, la gran mayoría mujeres. 

En aquellos territorios alejados de los centros de poder, se temía que las malas artes camparan a sus anchas, sobre todo por la influencia de los sami, un pueblo pagano que convivía peligrosamente con las comunidades cristianas. A ello se añadía la larga tradición de juicios por brujería de los países de origen de muchos de los comisarios que acudían a esas tierras, sobre todo de Escocia, Alemania o Dinamarca. 

Juicios de 1621

El primer gran proceso tuvo lugar en 1621 y supuso el más importante de toda Escandinavia hasta ese momento. Los juicios fueron la culminación de largos años de investigaciones y duros interrogatorios que habían empezados tras una tormenta. El 24 de diciembre de 1617, una horrible tempestad asoló en pocos minutos Vardø y hundió una decena de barcos en los que unos cuarenta hombres habían salido a a faenar. Ninguno sobrevivió, dejando a sus mujeres en una situación dramáticamente comprometida. No podían asumir las responsabilidades de los hombres, pero debían sobrevivir. Aquello alteró el "orden natural" de las sociedades patriarcales, poniendo a las mujeres de Vardø bajo sospecha. Aquel mismo año se había promulgado una ley contra la hechicería y la brujería que afectaba a todo el territorio de Dinamarca y Noruega. 

La primera mujer en ser interrogada y sometida a tortura fue Mari Jørgensdatter quien terminó confesando que había servido a satanás y lo había hecho junto a una de sus vecinas, Kirsti Sørensdatter. La confesión continuó con una serie de relatos fantásticos sobre su transformaciones en animales como zorros, perros o gatos, vuelos y experiencias sobrenaturales mientras Mari afirmaba que muchas otras mujeres y un par de hombres habían seguido sus pasos. La acusada aseguró haber celebrado con todos ellos la fiesta de Navidad de Satanás un año antes y afirmó que ellas habían sido las causantes de la gran tormenta de 1617. Para terminar de condenarse, Mari aseguró que mientras sus maridos se ahogaban en el mar, ellas fornicaban con demonios. 

La confesión de Mari fue ratificada por otras mujeres como Else Knutsdatter o Anne Larsdatter, quienes sufrieron la terrible "prueba del agua". Estas y otras mujeres señalaron a Kirsti como la instigadora y líder de los aquelarres. 

Casada con un rico comerciante, afirmó bajo tortura que había aprendido sus artimañas brujeriles de una anciana. A pesar de que Kirsti apuntó la participación de varios hombres, estos no fueron arrestados. 

El 28 de abril de 1621, Kirsti era quemada en la hoguera. Dos meses antes, habían seguido su misma suerte otras diez mujeres. 

Las brujas de Vardø

Memorial de Steilneset

Juicios de 1651-53

Treinta años después, la paranoia sobre las brujas regresó a la zona de Finmark y se volvió a repetir el mismo patrón de acusaciones, torturas y confesiones de dudosa veracidad. Las mujeres que fueron condenadas a muerte en la hoguera, diecisiete en total, confesaron haber provocado naufragios en sus costas mediante prácticas de brujería. 

Juicios de 1662-1663

Durante el invierno de 1662 y 1663, Vardø volvía a ser escenario de un nuevo juicio por brujería. Esta vez, una treintena de mujeres fueron acusadas y condenadas por brujería. De todas ellas, dieciocho fueron condenadas a ser quemadas vivas. 

El 2 de septiembre de 1662, una mujer llamada Dorthe Lauritzdotter fue interrogada en la fortaleza de Vardøhus después de haber sido acusada de haber intentado hundir un barco con sus ardides mágicos. El 6 de noviembre de ese mismo año era quemada en la hoguera junto a otras mujeres. Aquellas Navidades otras mujeres e incluso niñas las pasaron en una celda conocida como trollkvinnefengeselhullet, "el agujero de las brujas". Después de duros interrogatorios confesaron haber salido de aquel agujero volando después de adoptar formas animales, se habían emborrachado y Satanás las había traído de vuelta a las mazmorras. El sacerdote de la fortaleza ratificó esa versión argumentando que las botellas de alcohol habían desaparecido del sótano. Las mujeres detenidas, como Sølve Nilsdatter, continuaron confesando bajo tortura la celebración de aquelarres. Maren Olsdatter, una niña de doce años que había perdido a su madre y su tía, quemadas ambas por brujas, también fue detenida e interrogada. La pequeña aseguró haber visitado el infierno acompañada por Satán donde vio un gran lago negro con agua hirviendo donde muchas personas lloraban. Aseguró haber participado en varios aquelarres y dio el nombre de otras mujeres que también habrían participado. Una de esas mujeres, Ingeborg Krog, nunca confesó y se mantuvo firme en su inocencia a pesar de haber sufrido la ordalía del agua o otros tipos de tortura. Ingeborg aseguró que podrías atormentar su cuerpo, pero nunca su alma. Falleció mientras la torturaban. 

Las brujas de Vardø

Aun más joven era Karen Iversdatter, una niña de ocho años, quien aseguró que tres brujas con forma de cuervo habían intentado asesinar a un funcionario. 

Los siguientes meses, muchas otras mujeres fueron detenidas a raíz de las acusaciones que unas se vertían sobre otras, sufrieron tormento y fueron ejecutadas en una espiral de paranoia colectiva que se extendió hasta finales de junio de 1663.

Las brujas de Vardø

Hasta 1695 aun se celebraron varios juicios por brujería en los que fueron condenadas muchas mujeres. 

Más de tres siglos después, la reina Sonia de Noruega inauguraba el 23 de junio de 2011 en Vardø el Memorial de Steilneset para recordar a todas aquellas mujeres víctimas de la sinrazón. El monumento fue diseñado por el arquitecto Peter Zumthor y la Louise Bourgeois. 

Son varias las novelas que han recreado aquel episodio de la historia noruega. En 2020, Kiran Millwood Hargrave publicada Vardø: La isla de las mujeres, y tres años después, Anya Bergman escribía Las brujas de Vardø

Bibliografía

https://www.smithsonianmag.com/history/how-a-sudden-winter-storm-in-1617-sparked-the-deadliest-witchcraft-trials-in-norwegian-history-180987919/

Liv Helene Willumsen, Witches of the North. Scotland and Finnmark

Liv Helene Willumsen, The Voices of Women in Witchcraft Trials. Northern Europe


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