
Desde Hungría nos viene este corto de Sección Oficial de la Seminci que pudimos ver antes de Hermanos, el largo finlandés, a cargo de Ferenc Rófusz.
Narra la vida de un hombre, desde su nacimiento hasta su muerte, pasando por todos los momentos básicos que puede tener la mayoría de la población: la primera pareja, boda, una familia, ver cómo crece tu hijo, llegar a la vejez... Todo ello con un punto de vista y de cámara subjetivo: es como si el propio espectador fuese el protagonista y ve la pantalla tal que si fueran sus ojos.
Impacta un poco el momento en que el personaje muere, se ve cómo le meten en la tumba y la tierra cae sobre su “cara” (y más aún si estás viendo esto a las 9 de la mañana medio dormido intentando despejar la cabeza).
Hasta aquí todo normal, lo que podría ser un cortometraje cualquiera, si no fuese por el tratamiento en que ha sido hecha la animación: un continuo dibujo a lapicero en movimiento, prácticamente monócromo, que lo convierte en una pieza especial y una delicia visual.
Revista Cultura y Ocio
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