
Estábamos a punto de disponernos a celebrar un botellón junto a unos amiguetes que acabábamos de conocer en el pueblo. En ese grupo habría un par de chicas que entonces me parecieron muy mayores, pues contarían con 25 ó 26 años cada una. Yo, a mis veinte escasas primaveras, las consideraba como mujeres hechas y derechas.

Ante esta clase de pensamientos tan retrógradas, a uno no le queda más que plantearse si el trasfondo del problema del pensamiento machistaexistente entre los más jóvenes, pueda estar inmerso también en la psicología femenina.

Un servidor sabe a que país pertenece, y puede entender, que no compartir, que en generaciones pasadas la mujer se encontrara esclavizada y ninguneada en nuestra sociedad, relegada a su función como madre y ama de casa, sin independencia ni autonomía. Ahora bien, que jóvenes de hoy en día, “veinteañeros” o “treintañeros” como quien suscribe, imiten tan lamentables clichés, me causa cuanto menos tristeza e indignación.Entre conversaciones de café de mis compañeras de trabajo, escucho problemas y situaciones que no corresponden a los actuales tiempos que corren.
El pensamiento deleznable, rancio, retrógrado, obsoleto y machista de algunos de los “machotes” de sus novios o maridos me enervan, pero quizás es la actitud de ellas, tan conformista, resignada, y tan machista a la vez, la que me desconcierta profundamente.

El menda tiene algunos amigos, compañeros, conocidos e incluso familiares muy “machotes”, que cuando están en sus casas no mueven un dedo, a pesar de que su mujer trabaja tanto o más que ellos fuera del hogar. “Machotes” que consideran que cuando sus hijos lloran son sus mujeres la que deben de acudir a ver qué es lo que le ocurre al niño. “Machotes” que controlan el móvil de sus mujeres, o el Facebook, o su propio correo personal, y a quienes no les hace ninguna gracia que su pareja tenga sus propias amistades, y menos aún si esas amistades son masculinas.

El “machote” de hoy en día es un joven que aunque babea con cada minifalda y escote que observa en la calle, o en la televisión, no permite que su pareja enseñe ni los tobillos, controlando su manera de vestir, y que a pesar de estar harto de visionar películas porno y páginas guarras en Internet, ni siquiera en el sexo es capaz de permitirle a su pareja una cierta realización personal. Estos nuevos jóvenes “machotes”, desgraciadamente aún existen en nuestra sociedad, y lamentablemente compruebo cada día que su presencia no se aminora, sino que va a más. No sé si será por aquello de que lo han visto en sus casas y les parece lo más normal del mundo, pero no dejo de darle vueltas al asunto preguntándome continuamente donde se encuentra el fondo del problema.
De todas formas, soy de la opinión que tales pensamientos en chicos tan jóvenes no esconden más que pura maldad, y a riesgo de ser extremista me atrevería a afirmar que incluso me parecen peligrosos. Así mismo, esa actitud tan conformista y resignada en féminas preparadas y con estudias resulta inaudito.

El otro día, mientras me hallaba en el “Mercadona” comprando con mi novia (¡como me encanta ir al “Mercadona” a llenar el carro hasta las trancas!) observé una vez más un ejemplo de esta clase de comportamientos tan poco entendibles en los tiempos que corren: Una chica joven, quizás uno o dos años menor que yo, llevaba a su hija pequeña de la mano izquierda, mientras que con la derecha empujaba un carro repleto hasta arriba de productos. Se le notaba cansada, y apenas había brillo de alegría en sus ojos. No era fea, pero vestía de cualquier manera, como cualquiera de nosotros cuando está por casa. Mal peinada y sin maquillar. Mientras, a su lado, como un pincel, el maromo con cara insoportable, como de estar oliendo mierda, que no hacía más que llamarle la atención porque su hija no paraba de llorar, y mientras él no movía ni un dedo. La chica le contestó enfadada: “Para una vez que vienes y encima no me ayudas te quejas”. En ese momento bajó la mirada acobardada, pues su marido, novio, pareja o lo que fuera, la miró de una manera que incluso yo mismo sentí la ira y la rabia en sus ojos. Durante unos instantes hasta deseé que se hubiera atrevido a algo más para poder intervenir, pero no habría valido la pena porque no hubiéramos llegado a nada. Estos “machotes” de hoy, son tan hombres, que sólo les pegan a sus mujeres.
Publicado en Diario HOY el 17/10/2010