E. L. James arrasó con su trilogía Cincuenta sombras de Grey. Una historia de amor convencional (spoiler): chico jodido conoce a chica ingenua. Ella se enamora. Él duda. Varias idas y venidas. Matrimonio y familia en ampliación. (fin del spoiler). Todo ello aderezado con el toque “picante” que ponía la iniciación al mundo sadomasoquista de Anastasia por el amo Grey. Sólo él.
Ahora tenemos la misma historia, pero es él quien nos la cuenta. Así vemos como, mientras ella se montaba una película en la que el amor consigue reconducir al hombre malo, él imaginaba las muchas formas en que podría inflingirle dolor. Pero no cualquier dolor, dolor del que excita. Todo ello con el fin de saber hasta donde puede aguantar.
Ahora también conocemos el papel que Elena, quien introdujo a Christian en el mundo sado, tuvo en algunas decisiciones que Christian toma respecto a su relación con Anastasia. Incluso entramos en sus sueños y revivimos momentos de su infancia, en un intento de entender por qué el joven millonario es así.
Al igual que la historia original, pese a su elevado número de páginas (más de 600) se lee con rapidez. Incluso por momentos es una simple lectura en diagonal para recordar: el intercambio de correos electrónicos, la negociación de los límites…
Un libro escrito para disfrute de las fans, que siempre se quedan con ganas de más. Aunque ese más sea lo mismo contado por otro protagonista.



