Es este triunfo la vida: el de vencer en un reto soslayable, el sufrir en una pasión evitable, el de correr, volar, para llegar al mismo punto en el que estábamos al inicio pero cansados, ahítos, transidos. La desilusión como resultado de un camino de una vida híspida e insípida pero llena de amargores que concluye en un para qué bastante difícil de comprender y mucho más de explicar.Pero, sin embargo también es otra cosa: es la resolución activa de la decisión en la vida, el saberse dueño de un destino, aún en pequeños bailes de 1-2-1-2, para cambiar lo que tenemos por delante, el no elegir un camino fácil para llegar a una meta incognoscible. El ser protagonista y vivo en una vida que nos apaga. Esa es otra interpretación, otro tempo del correr, del volar, del dejar detrás lo que no se desea, lo que duele, lo que molesta y avanzar hacia ese futuro deseado, desconocido pero cercano. El futuro hacia el que corremos con la esperanza de que acalle todos nuestros males y aumente todas nuestras venturas. Y por ese pensamiento, esa ética del esfuerzo, esa moral básica del ser sujeto, ser pensante y protagonista es por lo que la carrera sale barata en esfuerzo y disciplina y muy útil en cuanto a conocimiento personal.Benditos veintiun kilómetros noventa metros. Significan, simplemente, querer vivir aún sabiendo que es un sufrir, y un padecer granado con alguna beldad en forma de sonrisa, hasta que la parca corte el hilo pero hasta entonces quizás el reto crezca y se haga grande.Despierte el alma dormida, avive el seso e despierte.
A fin de cuenta sino pensamos y vivimos para que queremos estar.
Los pensamientos de hoy son recuerdos del mañana que tenemos hoy.
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He corrido mi primera media marathón. Los 21 km con 97 metros interminables son una metáfora terrible de la vida: demasiado corta para ser la munificiencia de la marathón y su magnánimo ejemplo histórico de aquel Filípides crepuscular y victorioso. Es la carrera, sin embargo, todo lo larga de una pasión, y una redención, en kilómetros, dolores, tirones, pequeñas miserias. Todo ello justo como la vida, como la que vivimos cada uno en la cotidianeidad gris del día a día.Dos horas y tres minutos que son el resumen, como en una película, de una vida con su trama en arquitectura de planteamiento, nudo y desenlace, pero casi siempre, ó siempre, predecible, sufrido y fútil.Un ethos, pathos y logos de interlocución retórica de la persona, física, psicológica y emocional con la vida, con lo que nos rodea, con el concepto de uno mismo y con la voluntad de poder, de cambio, de mejorar, de salir y de avanzar.
Es este triunfo la vida: el de vencer en un reto soslayable, el sufrir en una pasión evitable, el de correr, volar, para llegar al mismo punto en el que estábamos al inicio pero cansados, ahítos, transidos. La desilusión como resultado de un camino de una vida híspida e insípida pero llena de amargores que concluye en un para qué bastante difícil de comprender y mucho más de explicar.Pero, sin embargo también es otra cosa: es la resolución activa de la decisión en la vida, el saberse dueño de un destino, aún en pequeños bailes de 1-2-1-2, para cambiar lo que tenemos por delante, el no elegir un camino fácil para llegar a una meta incognoscible. El ser protagonista y vivo en una vida que nos apaga. Esa es otra interpretación, otro tempo del correr, del volar, del dejar detrás lo que no se desea, lo que duele, lo que molesta y avanzar hacia ese futuro deseado, desconocido pero cercano. El futuro hacia el que corremos con la esperanza de que acalle todos nuestros males y aumente todas nuestras venturas. Y por ese pensamiento, esa ética del esfuerzo, esa moral básica del ser sujeto, ser pensante y protagonista es por lo que la carrera sale barata en esfuerzo y disciplina y muy útil en cuanto a conocimiento personal.Benditos veintiun kilómetros noventa metros. Significan, simplemente, querer vivir aún sabiendo que es un sufrir, y un padecer granado con alguna beldad en forma de sonrisa, hasta que la parca corte el hilo pero hasta entonces quizás el reto crezca y se haga grande.Despierte el alma dormida, avive el seso e despierte.
A fin de cuenta sino pensamos y vivimos para que queremos estar.
Los pensamientos de hoy son recuerdos del mañana que tenemos hoy.
Es este triunfo la vida: el de vencer en un reto soslayable, el sufrir en una pasión evitable, el de correr, volar, para llegar al mismo punto en el que estábamos al inicio pero cansados, ahítos, transidos. La desilusión como resultado de un camino de una vida híspida e insípida pero llena de amargores que concluye en un para qué bastante difícil de comprender y mucho más de explicar.Pero, sin embargo también es otra cosa: es la resolución activa de la decisión en la vida, el saberse dueño de un destino, aún en pequeños bailes de 1-2-1-2, para cambiar lo que tenemos por delante, el no elegir un camino fácil para llegar a una meta incognoscible. El ser protagonista y vivo en una vida que nos apaga. Esa es otra interpretación, otro tempo del correr, del volar, del dejar detrás lo que no se desea, lo que duele, lo que molesta y avanzar hacia ese futuro deseado, desconocido pero cercano. El futuro hacia el que corremos con la esperanza de que acalle todos nuestros males y aumente todas nuestras venturas. Y por ese pensamiento, esa ética del esfuerzo, esa moral básica del ser sujeto, ser pensante y protagonista es por lo que la carrera sale barata en esfuerzo y disciplina y muy útil en cuanto a conocimiento personal.Benditos veintiun kilómetros noventa metros. Significan, simplemente, querer vivir aún sabiendo que es un sufrir, y un padecer granado con alguna beldad en forma de sonrisa, hasta que la parca corte el hilo pero hasta entonces quizás el reto crezca y se haga grande.Despierte el alma dormida, avive el seso e despierte.
A fin de cuenta sino pensamos y vivimos para que queremos estar.
Los pensamientos de hoy son recuerdos del mañana que tenemos hoy.
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