Revista En Femenino

Mujeres que sufren

Publicado el 14 junio 2026 por Teremolla
Mujeres que sufren

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Dieciocho años después del viaje a Palestina, esta me sigue doliendo. Sobre todo, sus mujeres. Recuerdo que en aquel viaje nos contaban que debían tener muchos hijos por varios motivos. A saber. El primero porque necesitaban muchos soldados para su causa de defensa de sus territorios frente al imperialismo de Israel y las ocupaciones ilegales de sus tierras.

   El segundo y más doloroso, porque el ejército de Israel mataba a los niños como forma de destrucción de toda una familia. En la actualidad han “perfeccionado” su maldad y, creo que ya los matan casi por distracción.

   Los cuerpos de las mujeres palestinas se habían convertido, por tanto, en campos de batalla y la procreación como un asunto de estado. En la actualidad, imagino que las cosas habrán empeorado todavía más. La verdad es que, si “entrara” en ese espacio emocional, seguramente saldría muy dañada y, la verdad, no me apetece nada. Y si, vale, quizás sea una egoísta, pero me acuerdo de lo mal que lo pasé cuando volvimos de aquel viaje.

   En este momento, las mujeres de Gaza, las de Cisjordania, las del sur del Líbano, las de Ucrania, las de Síria, las de Sudán, las de Yemen, las de Myanmar, las de la República Democrática del Congo, y así hasta los más de 110 conflictos armados y guerras “vivas” que en este momento existen en el mundo estarán sufriendo en sus carnes la violencia de esos conflictos.

   Dentro de cada una de estas guerras, las mujeres son consideradas botines de guerra. Son despojadas de su identidad y, en demasiados casos son convertidas en esclavas sexuales de sus captores. O también utilizadas como armas de guerra para llevar a cabo limpiezas étnicas como ya vimos en la guerra de los Balcanes hace unos años. Guerra que, según me confirma un gran amigo que visitó hace un año aquellos territorios, sigue latente porque jamás se cerró del todo. O al menos es lo que me cuenta.

   El hecho de ser despojadas de identidad y de ser consideradas botines de guerra y convertir sus cuerpos en campos de batalla es una forma más que tiene el feroz sistema patriarcal de reforzarse, aunque sea de una forma un tanto criminal.

   Utilizar de manera, podríamos decir que incluso criminal, los cuerpos de más de la mitad de la población mundial, por parte de la otra mitad de la población, en su favor, para su placer o como arma política para humillar al adversario, son a mi juicio crímenes de lesa humanidad y que deberían ser juzgados por el Tribunal Internacional de Derechos Humanos.

   No se puede consentir que se degrade de ese modo a las mujeres que tienen, también, sus derechos humanos íntegros y que no tendrían que ser violados bajo ningún concepto. Son seres humanos y deberían gozar íntegramente de sus derechos, incluso en tiempos de guerra.

   En estos mismos momentos seguramente en alguno de los lugares en donde exista un conflicto armado vivo, seguramente estarán agrediendo a alguna mujer o a alguna niña o niño. Y no es justo. Tienen derecho a vivir su vida en paz. Son, somos, algo más que unos cuerpos. Son, somos, personas completas con nuestros derechos a vivir como queramos y/o podamos en cada momento y nadie debería arrebatarnos esos derechos.

   Me entristece y a la par me enfurece pensar en todas esas mujeres despojadas de todo, incluso de su propio cuerpo en aras a intereses poco o nada confesables por parte de los varones.

   Los gobiernos deberían protegerlas. Pero los gobiernos están compuestos mayoritariamente por varones a quienes no les debe importar nada el sufrimiento de las mujeres. Y eso, cuando no son ellos, los propios gobiernos quienes les infligen esos maltratos físicos o psicológicos.

   Así las cosas, el feminismo radical (el que va a la raíz de los problemas que originan estas situaciones) debe seguir denunciando estos hechos para intentar poner fin al sufrimiento de tantas y tantas mujeres del mundo.

Para ello es internacionalista. Porque cuando tocan o hacen sufrir a una, nos tocan y hacen sufrir a todas.

   Ben cordialment,

   Teresa


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