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" data-attachment-id="1329" data-image-meta="{" aperture="aperture" />No pueden evitarlo. Quizás tampoco saben. Quizás yo también me estoy radicalizando dentro de mi feminismo que va a la raíz de los problemas y los nombra. Es una posibilidad también. Los años y las lecturas son lo que tienen, que vamos perdiendo “filtros” a medida que, de una u otra manera, seguimos aprendiendo. Eso siempre.
¿Qué porqué comienzo con esta perorata? Muy sencillo. Hay tics que los señores tienen tan interiorizados que no se dan cuenta de que los tienen. Como el hecho de levantar la voz cuando nosotras hablamos para que su voz sea la escuchada y acabemos, por educación, callándonos.
Cuando se habla de política, siempre saben más y tienen muchos más contactos. Cuando hay competencias por el poder no demasiado jerarquizado, siempre hay envidias y comentarios mal intencionados sobre las mujeres si hay alguna candidata. Son los llamados micromachismos.
El término “micromachismos” fue propuesto por el psicólogo Luis Bonino Méndez en el año 1991 para dar nombre a prácticas que otras y otros especialistas llaman pequeños actos de “tiranía” y “violencia soterrada”. Para el autor éstos son “pequeños, casi imperceptibles controles y abusos de poder cuasinormalizados que los varones ejecutan permanentemente. Son hábiles artes de dominio, maniobras y estrategias que, sin ser muy notables, restringen y violentan insidiosa y reiteradamente el poder personal, la autonomía y el equilibrio psíquico de las mujeres, atentando además contra la democratización de las relaciones. Dada su invisibilidad se ejercen generalmente con total impunidad”.
Son una forma más de violencia machista y, aunque no lo parezca, se sigue ejerciendo en la actualidad pese a los avances realizados en las últimas décadas.
Y como soy una romántica y creo en la bondad de las personas, creo que, al formar parte de su socialización patriarcal en todos los sentidos, lo siente y viven como normal. ¿Con esto les exculpo del dolor que causan y de la vergüenza que sentimos algunas mujeres cuando los detectamos? No, en absoluto. Lo que intento decir es que, pese a que les puedan interesar nuestras opiniones en cualquier tema, aunque reconozcan que en algunas materias sabemos más que ellos, como decía mi hermana Elena, y aunque pueda parecer muy vulgar la expresión, ellos han de echar su “meadíta” marcando su territorio.
Anécdotas podría contar de todos los colores y clases. Incluso cada uno de los hombres que hay en mi vida o de los que han pasado por mi vida, tienen cada uno su “especialidad”. Y luego están los genéricos, los que son comunes para todos.
Sólo con una mirada afilada desde la formación feminista y con años de lecturas y estudios, así como de práctica, se pueden identificar. Y están por todas partes. No es una cuestión de clase social, ni de bloques políticos, ni de ideologías. No, es una cuestión estructural. Por ejemplo, cuando se produjo (por fin) la dimisión de Mazón, existía ya una vicepresidenta mujer y, pese a que como es sabido, no me ace bien, ¿Por qué no asumió ella la presidencia del Consell? ¿Por qué la tuvo que asumir otro hombre que no estaba ni en el Consell?
Otro ejemplo ¿por qué no hemos tenido nunca una presidenta del Gobierno en el Estado Español desde la restauración de la democracia? Ya han pasado más de cincuenta años, pero ni por esas…
Y no quiero ni imaginar lo que ocurre dentro de los hogares con las tareas domésticas en las que ellos siempre “ayudan” porque no llegan a corresponsabilizarse nunca en ellas. ¿Razones? Miles. Todas ellas excusas. Solo quienes viven solos (una minoría) hacen alguna cosa, pero normalmente tienen a una señora que les hace las tareas de la casa. Y apropósito Se me ocurre preguntarme ¿Quién le realizará las tareas de la casa a Abascal? ¿será una señora inmigrante y sin papeles para poderla explotar mejor? Seguramente así sea.
Pero cuando les afeas su comportamiento, te hacen pasar por una “borde”, o por una “feminazi” o una “tirana”, en fin…como vemos todo son “lindezas” cuando en realidad lo que pretendemos es ser tratadas con igualdad plena y real, no solo formal.
En fin, que no va a quedarnos otra que mantener firmemente nuestro compromiso feminista y continuar exigiendo la aplicación de verdaderas políticas de igualdad en todos los estamentos políticos y sociales.
Y por supuesto también que la coeducación sea una realidad en las aulas en todas las etapas educativas. Y para ello, en el País Valencià, en las próximes elecciones autonómicas hemos de intentar que Pérez Llorca y sus socios de gobierno queden fuera del gobierno de la Generalitat Valenciana.
Ben cordialment,
Teresa
