La mayor parte del tiempo prefiere moverse entre la vegetación densa, donde encuentra refugio y pasa prácticamente desapercibido. Por eso, cuando decide salir unos segundos y posarse a la vista, como en este alambrado de púas del costado del camino de acceso al Club Refugio Ombú, conviene aprovechar la oportunidad sin perder tiempo.
Esta fotografía de Luis Krause es una de esas pequeñas recompensas que regala el pajareo. No hizo falta una gran persecución ni un escondite perfecto; simplemente coincidieron el lugar, el momento... y una buena cuota de suerte. Porque encontrar un chotoy completamente despejado, lejos de la maraña de arbustos donde suele esconderse, no es algo que ocurra todos los días.
