
Extremeños manifestándose en Madrid. Foto tomada de El país.
(NMA,

Una de las reivindicaciones de la manifestación de Talavera. Foto © AJR.
Aunque independientes, ambas protestas comparten su estrecha relación con una misma tradición estatal que bien podríamos calificar de deficiencia histórica: la escasa atención prestada a las tierras del Oeste, esa franja territorial que va desde Fisterra a Doñana y que tiene en las regiones más occidentales de ambas Castillas y Andalucía, además de en toda Extremadura, el elocuente banco de pruebas del profundo desequilibrio con que tradicionalmente se ha producido el desarrollo del país. Que en una región o nación o superestructura territorial, como se quiera llamar, como es Cataluña se planteen y se digan las cosa que se dicen, cuando su desarrollo es a todas luces muy superior al de buena parte del resto del país, y que en aras de la monserga impía de la identidad nacional se organice el desafío que se está llevando a cabo, todo eso y otras anormalidades que vamos viendo son conductas sociales que cuando menos evidencian el ejercicio de una miopía de gigantescas proporciones. Extremadura viene a Madrid a protestar por su marginación. Talavera se echa a la calle para no morir de decadencia. Mientras tanto, la atención del país sigue secuestrada por los muy inteligentes e industriosos hijos y nietos, en no pequeño número, de extremeños, andaluces, gallegos y castellanos que han decidido que la justicia social puede dejarse a un lado, o incluso abandonarse, cuando uno siente apremiar el picor tremendo de los orígenes, la sangre y la sacrosanta identidad. Y todo eso en pleno siglo XXI. Iba a rematar reiterando el tópico: «Menos mal que nos queda Portugal». Pero caigo en la cuenta de que, en la rica y variada geografía ibérica, Portugal es el Oeste por antonomasia. Publiqué una primera versión de este texto en Facebook: https://www.facebook.com/alfredoj.ramos.9843/posts/299301147254946?pnref=story