
Que ya es decir, dirán algunos. Lo cierto es que nunca me han sabido a rancio las tres anteriores, sabiendo de antemano sus carencias, que saltan a la vista, y sus virtudes, que son entretenidas. Pero la última entrega me produjo un sin fin de sensaciones y no precisamente buenas. Y es que una cosa es el entretenimiento con pocas pretensiones y otra el batiburrillo que presenta Paul W. S. Anderson en la pantalla.
Desconozco si a vosotros os pasó lo mismo cuando visteis el principio de “Matrix Reloaded”, pero a mí me vino a la mente lo siguiente: “Buf! Ya empiezan a abusar nada más empezar”. Sí, esa pelea entre Trinity y uno de los agentes acabó desvelando lo que se vería en gran parte de las dos secuelas. Un bombardeo de bullet-time que dejaba al espectador, por lo menos a mí, apabullado y en parte cansado. Las cositas en pocas dosis mejor que mejor. Dejar un buen regusto siempre es mejor que el hastío. Eso fué lo que me produjo el principio, y por consiguiente toda la película, protagonizada por Milla Jovovich. Un abuso excesivo de la cámara lenta que hacía tiempo que no veía en una película. La gran pregunta sería la siguiente: ¿Cuánto duraría realmente si esas escenas no tuviesen ese elemento? Porque hablamos de una duración de hora y media más o menos. ¿Duraría una hora a lo sumo? Pero voy a dejar esa pregunta de lado.
Las carencias de la saga son obvias para los que han seguido los videojuegos. La acción por encima del suspense o el terror. Como mucho, y siendo muy pero que muy permisivos, la primera entrega podría tener algún momento que pusiese la carne de gallina. ¿El resto? Tiros, patadas, puñetazos y poderes por doquier por parte de su protagonista. Aquí, debieron de pensar que había que quitárselos, ya que más bien parecía un mutante de la editorial Marvel que otra cosa. Y es que si todo el mundo sabe repartir estopa, imaginaos que la heroína encima tuviese ventajas más allá de su físico. ¿Qué suspense podría haber a la hora de que un zombie se la zampase? Cosa que por otra parte a nadie se le pasa por la cabeza. Pues ni así. La verdad es que los muertos vivientes brillan por su ausencia en gran parte de la película. Estan ahí, pero son un elemento totalmente imprescindible.
Los guiños a la quinta entrega consolera son constantes. Ésa, que junto a la cuarta cabrearon a gran parte de los fans por notar que “Resident Evil” estaba perdiendo gran parte de su magia. Ahora sus protagonistas tenían una cantidad ingente de munición, los enigmas (buscar tal o cual cosa para ir avanzando por los niveles) eran escasos y los enemigos -más numerosos que nunca- no provocaban tantos sustos ni terror como antaño. Sí, hay fidelidad en cuanto a los juegos, pero precisamente hacia los que no estan gustando tanto (aunque se sigan vendiendo). De ahí que aparezca un enorme tío con hacha en mano, que nadie sabe de donde sale ni quien lo ha creado, Wesker (el malo maloso que tanto juego ha dado en los pixeles) y algunos detalles más para contentar al personal.
No hay ni un personaje al que se le trate con un mínimo de respeto. Si nos atenemos a una mísera empatía, cariño o similar emoción hacia ellos. Algunos van desapareciendo (sea por muerte zombie o humana) y te resulta totalmente intrascendente ese hecho. Es como en esas películas de terror donde lo que importa es la muerte en sí, la persona no es mas que carnaza y lo acabas asumiendo a las primeras de cambio (sea el negro o asiático gracioso, el cachas chulillo o las rubias tontas de cualquier saga de serial killer). Al menos en las otras entregas había algun personaje, masculino o femenino, que sí te llega a importar un poco.
Acción a raudales. A demasiados raudales diría yo. La historia es poco menos que una excusa para que las escenas se vayan sucediendo (basta una tarde para confeccionar dicho guión) y las anteriormente mencionadas cámaras lentas hagan acto de presencia. Ni Milla Jovovich (de la cual siempre he dicho que me encanta verla repartir leña a raudales) consigue salvar un poco la película. El aburrimiento llegó a mí a los pocos minutos, viendo que la cosa seguía el mismo camino y que realmente no me provocaba interés alguno.
Más de uno puede que me lance esta pregunta al aire: “¿Y qué esperabas?”. Cierto, sabía más o menos lo que iba a ver. Sabía como eran las anteriores y el cambio no iba a ser radical. Pero eso no es excusa para valorar negativamente lo que ví. Una cosa es mostrar la acción y otra dejar de lado cualquier tipo de historia con un mínimo de interés. Aunque todos sabemos que ya anuncian una quinta entrega. Ahora sí, me conformaría con que fuese mejor que esta última, lo cual ya es mucho esperar la verdad.
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