Revista Diario

Sobre la cara de idiota...

Por Julianotal @mundopario
Sobre la cara de idiota...
La mayoría de las veces hacemos gestos involuntarios. Digamos que nuestras expresiones de tedio y sopor, de alegría o tristeza se representan indefectiblemente en nuestro rostro. También es resultado de nuestro carácter, de un largo proceso de socialización que fue sembrando nuestra identidad. Ahora bien, ¿ cómo uno, sabiendo que posee cara de idiota, puede evitar la evidencia?
La revelación durante la clase me había puesto incómodo: estaba cursando en la Universidad y mantuve a lo largo de ella una amable conversación con una morocha. Una mujer de carácter muy interesante y de una sonrisa que derrite. Lo notorio de la llamada de atención fue que no se realizó en plena charla sino después, es decir, hubiera sido evidente para cualquier observador la expresión idiota que emana de mi rostro cuando me encuentro entusiasmado, como en momentos que observo cómo se revela ante mí un diamante en bruto. Sin embargo, al parecer no pude despegar mi rictus mientras escuchaba posteriormente la perorata de la profesora, de manera tal que le llamó la atención:
-¿Qué le pasa Otal Landi? –la pregunta imperiosa me había sorprendido, fue como si me hubieran despertado de un cachetazo.
-¿Por qué? ¿qué hice profesora? –le respondí, encogido de hombros.
-Usted tiene una cara muy risueña, parece que se está sonriendo por algo…
Apenas me dijo eso, y todos se reían, noté que aún estaba sonriendo por la charla previa que tuve con la morocha, fue como si hubiera tenido una paralisis facial sin saberlo, y cuando lo advertí sentí un alivio al aflojar la tensión y se me relajaban los músculos expresivos.
Eso sí, me puse todo colorado, mientras la profesora envalentonada con la cargada empezó a describir toda la situación anterior con la morocha, de cómo había levantado la ceja ante ella y demás, hasta culminar con la fúlmine “siempre navegando”. Y me hundía lentamente sobre mi asiento, mientras la morocha se divertía.
Pasó la hora, pasó la morocha cuando un colectivo se la llevó a cuestas y yo quedaba entumecido en la parada (del ómnibus). Tenía una hora de espera hasta la otra materia y decidí sacar fotocopias para ganar tiempo. Me encontré con las compañeras de cursada que ya se retiraban de la fotocopiadora. Les pregunté de pasada cuánto estaba el módulo. Me dijeron entre risas que salía $5, pero que a los risueños le hacían descuento. “Dale, hagan leña nomás”, dije.
Bue… mejor tener cara de idiota risueño y no cara de orto…

Volver a la Portada de Logo Paperblog