Soy hija de mi tiempo. Nací en el año 64 del siglo pasado. Acabo de cumplir 62 años. La mayor de una familia con cinco hijas. Todo mujeres. Y la socialización familiar, como primer elemento de socialización, obviamente fue de todo menos igualitaria.
El discurso era progresista, faltaría más. La realidad, machista radical, de raíz. ¿Se puede ser progresista en lo político y machista en lo familiar? Claro que se puede. Doy fe de ello.
En una ocasión se lo dije a mi padre. ««Tenías un haren en casa y a mamá como cuidadora de ese haren mientras tú estabas fuera trabajando, o en la huerta, o intentando mejorar el mundo desde tu posición política progresista«. No le sentó muy bien que se lo dijera. Solo lo entendió cuando vio mi militancia feminista y comprendió que él y mamá también eran hijos de su tiempo.
El feminismo tiene la capacidad de ser transformador de realidades, de cambiar nuestras miradas sobre lo que acontece y, de ese modo, ir cambiando poco a poco la realidad social. Y hemos de comenzar deconstruyéndonos y revisando nuestro sistema de valores.
Cambiar teóricamente nuestra mirada del mundo es relativamente fácil. Lo que ya no lo es tanto es revisar la socialización en la que hemos crecido y analizar punto por punto nuestra escala de valores. En definitiva, buscar la coherencia en nuestras vidas.
¿Por qué la coherencia? Porque no entiendo la vida sin ella. Porque ser feminista implica, también la defensa de los derechos de todas las mujeres. Y cuando digo todas, quiero decir todas. Sin distinción de nacionalidad, edad, etnia o condición económica.
Cuando recuerdo a mis maestras del feminismo, una de ellas, cuando nos explicaba el nacimiento de la teoría feminista con las sufragistas norteamericanas y las británicas, siempre sacaba a colación el hecho de que cuando se luchaba por el voto, vieron cómo pudieron votar antes los hombres de color norteamericanos que las mujeres. Y nos decía “Si hay que elegir entre un hombre blanco y uno de color, se elegirá al blanco. Si hay que elegir entre un hombre de color o una mujer blanca, se elegirá al hombre de color. Si hay que elegir entre una mujer blanca y una de color, se elegirá a la mujer blanca«. Y así sucesivamente.
Tenemos un ejemplo relativamente reciente y que algunas vaticinamos el resultado, precisamente gracias a esta realidad que nos explicaron. Cuando Hillary Clinton compitió con Barack Obama por la presidencia de los Estados Unidos de América, la victoria se la llevó Obama. El patriarcado funcionó de nuevo. El jefe debía ser hombre. Luego la nombró secretaria de Estado. El engranaje había funcionado una vez más.
Aunque muy lentamente vamos avanzando en derechos y oportunidades, pero…es todo tan lento…Además los derechos de las mujeres nunca están garantizados, nunca del todo consolidados. Es como dar tres pasos hacia adelante y dos hacia atrás. ¿Avanzamos? Claro que avanzamos, pero cuesta tanto…
Otro ejemplo. Cuando impartía cursos para personal docente (2011) e incluso antes, cuando los impartía para la gente trabajadora a través de la fundación para la formación de CC.OO. (2006) que Rajoy y sus recortes se cargaron de raíz, ya hablábamos de la socialización de género o diferenciada e insistíamos en la necesidad de cambio de ese paradigma para poder acelerar el cambio hacia una igualdad real.
No solo no hemos avanzado demasiado. En la Comunidad Valenciana hemos retrocedido. Toda la formación en igualdad que se impartía desde los centros de formación y recursos para el personal docente han sido retirados del catálogo. No interesan. No quieren cambiar las cosas. Pretenden mantener el orden patriarcal de las cosas. Pretenden que se siga socializando a las niñas y a los niños de forma diferenciada para crear futuras mujeres más o menos dóciles a los hombres y que las estructura no cambie demasiado.
Porque justamente de eso se trata, de que las estructuras no cambien, sigan siendo estables y permitan que el patriarcado siga vigente y con fuerza.
¿Quién no se acuerda de los hombres “metrosexuales” que tanto éxito tuvieron hace unos años? Un buen anzuelo para camuflar, de nuevo el orden patriarcal sobre las estructuras más básicas, pero intentando hacer creer que las cosas habían cambiado. El patriarcado disfrazado de camaleón. Nuevas formas, mismo mensaje intrínseco. Más arreglados, formas más suaves, pero mismo objetivo. El control social y personal de las mujeres para mantener el orden establecido.
En estos momentos movimientos como los INCELS y otros similares están desatados. Y la ultraderecha les da muchas alas. Precisamente por eso es necesario ejercer de feministas radicales, de ir a la raíz de los problemas y desenmascararlos para poder exigir soluciones.
Ser feminista hoy y siempre, es ir contracorriente. Pero es absolutamente necesario seguir militando con las palabras y los actos en el feminismo. Sencillamente, nos va la vida en ello.
Ben cordialment,
Teresa
