Tan de moda está la zona que nosotros intentamos reservar en los más conocido con una semana de antelación y nos resultó imposible así que decidimos ir a la aventura, plantarnos allí un sábado a mediodía y comer donde hubiera sitio. Y de está manera descubrimos la Taberna Moderna, llenísimo en su parte de bar pero muy tranquilo en la parte de restaurante de la planta superior.
Cuando llegamos lo primero que nos sorprendió fue el servicio. Impecable en la manera de tratarnos y de acomodarnos. Nos ofreció algo de beber mientras revisábamos la carta, centrada en el tapeo y en los productos de mar, arroces y huevos. Aunque también tenían algo de carne la mayoría eran pescados así que nos decantamos por ellos.
Y empezaron a llegar platos con una cadencia perfecta. Lo primero una tapa de salmón, cortesía de la casa.

- Chanquetes con huevos. Un lujo, es difícil encontrar chanquetes hoy en día.
- Ensaladilla rusa de merluza del Cantábrico.

- Coquinas

- Delicias de bonito en escabeche. Aquí erramos un poco puesto que el bonito pierde al ir en escabeche y, además, sabía como la tapa de salmón.

De postre un souffle de chocolate y un café. La cuenta total con agua y 3 vinos blancos salió por 90 euros para 3 comensales. Ticket apañado teniendo en cuenta que el precio medio en carta de cada plato es de unos 15 euros.
En definitiva, un lugar genial para una comida tranquila, sosegada y de mucha calidad. Un descubrimiento interesante e inesperado que añadimos a nuestra lista de sitios favoritos.
