Revista Opinión

Todo lo que es tiene una finalidad

Por Javier Martínez Gracia @JaviMgracia
TODO LO QUE ES TIENE UNA FINALIDAD

  “Esa estructura que bajo sus modificaciones concretas y visibles permanece idéntica es el ser de la cosa. Por tanto, el ser de una cosa está siempre dentro de la cosa concreta y singular, está cubierto por ésta, oculto, latente (…) La noción que nos entrega el ser, la verdad de una cosa es su Idea” (Ortega y Gasset[1]).

   Por ejemplo (dice también Ortega), distinguimos una catedral de una estación de ferrocarril y esta de una morada porque sus componentes sirven a finalidades diferentes. La finalidad da la forma, la estructura a los componentes de esos edificios. En suma, la finalidad sirve de fundamento a la idea, al ser de la cosa, de cada cosa, y actúa como el alma de esa cosa organizando los materiales inertes y amorfos. El ser de la cosa es una relación (una estructura) entre sus componentes en vistas a un fin.

DE AHÍ LA IMPORTANCIA DE TENER FINALIDADES PARA QUE LA VIDA NO DESINTEGRE SUS COMPONENTES Y PARA TENER CADA CUAL A QUIÉN LLAMAR “YO”

    “Es preciso conocer tu fin, tu horizonte, tus impulsos, tus errores, y principalmente el ideal y los fantasmas de tu alma, para determinar lo que la palabra salud significaría hasta para tu mismo cuerpo” (Friedrich Nietzsche[2]).

   “La desilusión sobre una supuesta finalidad del devenir es la causa del nihilismo” (Friedrich Nietzsche[3]).

ESA DESINTEGRACIÓN (QUE HOY SUFRIMOS) LA PREPARÓ EL MISMO NIETZSCHE CUANDO DIJO

   “No hay hechos, solo interpretaciones” (Friedrich Nietzsche[4]).

   “Nosotroshemos inventado el concepto de “finalidad”: en la realidad falta la finalidad” (Friedrich Nietzsche(5)).



[1]Ortega y Gasset: “Idea del teatro”, O. C. Tº 7, pp. 446-447.

[2] F. Nietzsche: “La Gaya Ciencia”, Madrid, Sarpe, pp. 106-107

[3] F. Nietzsche: “La voluntad de poderío”, Madrid, Edaf, 1980, pág. 28.

[4] Friedrich Nietzsche: “Fragmentos póstumos”, Tº IV, Madrid, Tecnos, 2010, p. 222.

[5]Friedrich Nietzsche: “Crepúsculo de los ídolos”, Madrid, Alianza, 1980, p. 69.



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