Revista Coaching

Trasciende la pasión y trabaja con tesón

Por Jofoba @jordifortunybad

Hace tiempo que tenía en la incubadora un texto de David Allen para comentar en un post: Go beyond passion to peaceful purposefulness.

En el momento que lo leí, me resonó mucho. Y cada día que pasa lo hace más. Especialmente, cada vez que entro en LinkedIn.

Ya te aviso —antes de continuar leyendo el post— que me parece que me estoy haciendo viejo y se me enrancia el humor a marchas forzadas. Ja, ja, ja.

Historias tristes con un final feliz de superación, historias de éxito alucinante, personas que cambian de orientación profesional con gran ilusión, personas que te aconsejan de manera épica sobre cualquier cosa, etc. Todas ellas apelando a tu lado emocional para captar tu atención.

Todo esto está muy bien. Pero después del speech, ¿qué?

La peña te revoluciona, te excita y te impulsa a comerte el mundo. Y, luego, la doma de tu monstruo cinestésico te la tienes que comer tú.

Por mucha conectividad que haya, en realidad estamos más solos de lo que parece a la hora de enfrentarnos al mundo. Me refiero a que nadie va a currar por ti. De hecho, nadie puede trabajar por ti.

Tienes ganas de comerte el mundo durante las dos horas inmediatamente posteriores al impacto. Pasado este tiempo ya vuelven todas tus mierdas.

La pasión, el impulso cinestésico, dura lo que dura el sentimiento. Y este desaparece rápido. La ilusión —como si fuera una trampa— rápidamente deja paso a la frustración.

Opino que somos yonquis de este tipo de emociones. Vamos como veletas. Buscando la piedra filosofal que nos haga superhéroes.

Me dicen: si pierdes el trabajo, enhorabuena, ¡es una oportunidad! ¡El cambio es bueno! Ya, mira, casi que mejor que no.

Lees libros, haces formaciones, lo que sea para alcanzar el Nirvana. O —incluso— llevar la vida de otros.

Pero, no lo consigues.

Te frustras, piensas, el problema soy yo. Pero [email protected], que con el buenismo que impera en las newsletters que recibes cada día, no tardará en llegarte una oferta que te dirá: «No eres tú, es el mundo, pero yo tengo la solución». ¡Hala! Otro chute.

Pues mira, sí, siento decírtelo, pero igual el problema sí eres tú.

Los libros están bien, las formaciones también. Cualquier recurso es bueno. Pero siempre tienes que invertir —muchos— recursos para lograr algo. Esto no lo tienes en cuenta, y pocos te lo cuentan. ¿Cuánto quieres invertir?

Te has parado a reflexionar en cuál es el propósito de estas cosas que quieres. Estas aventuras en las que te enfrascas ¿Dónde quieres que te lleven? ¿Vale la pena? O solo es un impulso derivado del «esto debe ser guay».

Del mismo modo que la potencia sin control no sirve para nada. La pasión sin propósito tampoco. Invertir energía en algo de lo que no tienes claro el propósito, es lo mismo que tirarla.

La energía de la pasión es fugaz. Pero la energía del propósito es como un «motorcillo» que te va empujando constantemente, y con ella vas superando los altibajos.

Identifícate con aquello que quieres conseguir, esto te marcará el camino. Y la inversión será rentable. Con proyectos y acciones con propósito. Y con el valor añadido de que si algo pasa, es fácil cambiar de ruta sin cambiar de destino.

But rather than «passion» I would suggest the word «identification» – David Allen

Photo by Sitraka Rakotoarivelo on Unsplash

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