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Tu ordenador funciona, pero el software lo quiere jubilar

Por Ecointeligencia @ecointeligencia

En 2016 adquirí un MacBook Air que todavía funciona satisfactoriamente. Durante estos años le he cambiado la batería y sustituido el almacenamiento SSD. Su teclado, su pantalla y su rendimiento siguen siendo suficientes para mis tareas cotidianas.

La obsolescencia digital inducida aparece cuando requisitos o cambios en el software reducen la utilidad cuando el hardware continúa operativo

Pero hay un obstáculo que no puedo resolver con un destornillador, y es que no admite oficialmente las versiones más recientes de macOS. Algunas aplicaciones exigen sistemas más nuevos y preocupa la seguridad cuando dejan de recibirse parches.

¿Por qué tenemos que sustituir dispositivos que todavía funcionan cuando el verdadero problema es su compatibilidad digital?

Evidentemente, el problema no se limita a Apple, sino que también afecta a móviles, tablets y otros aparatos electrónicos de uso cotidiano de otras muchas marcas.

1. ¿Qué es la obsolescencia digital inducida?

Hablamos de obsolescencia digital inducida cuando decisiones, requisitos o cambios en el entorno del software reducen la utilidad de un dispositivo cuyo hardware continúa operativo.

No hace falta una avería: basta con que programas o servicios dejen atrás al equipo

Sucede cuando acaba el soporte de nuevas versiones del sistema operativo y, en otro momento, de los parches de seguridad; cuando las aplicaciones exigen funciones más recientes; cuando los requisitos de memoria y procesamiento crecen; o cuando un servicio en la nube cambia sus condiciones de acceso.

En los ecosistemas cerrados, los controladores, las tiendas de aplicaciones y las restricciones de instalación pueden limitar alternativas.

El concepto se relaciona con la obsolescencia funcional, porque el producto pierde capacidades prácticas, pero no equivale sin más a la obsolescencia programada, que implica una reducción deliberada de su duración.

Tampoco es lo mismo que la obsolescencia percibida, que nos empuja a cambiar algo útil porque parece anticuado.

No toda incompatibilidad responde a intereses comerciales. Existen razones de ciberseguridad, limitaciones de hardware y costes de mantenimiento. La transparencia permitiría distinguir esos obstáculos de decisiones de soporte evitables.

2. Reparar el hardware ya no es suficiente

Cambiar una batería puede recuperar horas de autonomía; instalar un SSD puede mejorar la respuesta del ordenador. Sin embargo, ninguna de esas intervenciones garantiza que un navegador, una aplicación bancaria o una herramienta profesional siga siendo compatible dentro de unos años.

Conviven 4 relojes: vida física del hardware, vida funcional del software, periodo de soporte oficial y vida útil real para la persona que lo usa.

Mi MacBook Air demuestra que un equipo reparado puede seguir siendo útil y, sin embargo, quedar excluido de programas actuales. La reparabilidad física necesita mantenimiento y compatibilidad digital.

¿De qué sirve diseñar un ordenador al que podamos sustituir piezas si su sistema operativo termina cerrándole las puertas?

3. El coste ambiental de una sustitución prematura

Cuando cambiamos un dispositivo, el impacto ambiental no comienza al encender el nuevo. Buena parte ya se ha producido durante la extracción de minerales, la fabricación de componentes, el ensamblaje y el transporte.

Estas actividades consumen energía y materias primas, incluidos minerales críticos, y generan emisiones, presión sobre el agua y alteraciones de ecosistemas.

La Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) recuerda que prolongar la utilización de productos electrónicos es una herramienta importante para reducir esos impactos a lo largo de su ciclo de vida.

Después llega el problema de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE). Según el Global E-waste Monitor 2024, elaborado por la UIT y UNITAR, en 2022 se generaron 62 millones de toneladas de residuos electrónicos en el mundo, de las que únicamente el 22,3 % se documentó como recogido y reciclado formalmente.

Reciclar es necesario, pero recuperar materiales mezclados o muy dispersos resulta difícil. Sustituir un aparato útil también desaprovecha el valor de su fabricación.

Desde el análisis del ciclo de vida (ACV), alargar el uso suele resultar favorable cuando evita fabricar otro producto y mantiene un funcionamiento eficiente.

Sin embargo, un consumo eléctrico excesivo, la falta de prestaciones necesarias o riesgos de seguridad pueden justificar el reemplazo.

Los teléfonos inteligentes aún tienen un gran valor de segunda mano

4. La economía circular necesita durabilidad digital

La economía circular busca mantener productos y materiales en uso con el mayor valor posible, priorizando prevenir residuos, reparar, reutilizar, reacondicionar y, al final, recuperar materiales.

Sin software utilizable, esa secuencia se rompe. Un portátil puede estar listo para una segunda vida, pero resultar difícil de vender o donar si no admite aplicaciones esenciales.

Una tablet reacondicionada pierde atractivo si sus servicios dejan de funcionar. Incluso unas piezas perfectamente aprovechables pueden terminar infrautilizadas por falta de controladores.

La durabilidad digital es la capacidad de conservar seguridad, compatibilidad y funciones esenciales durante un tiempo razonable. Debería integrarse en el diseño sostenible, junto con la facilidad para reparar componentes.

Pensar circularmente también significa prever cómo seguirá funcionando el producto cuando deje de ser nuevo.

5. Derecho a reparar: avances y límites europeos

La Unión Europea (UE) ha comenzado a abordar esta relación entre sostenibilidad tecnológica y software.

El Reglamento (UE) 2023/1670, aplicable desde junio de 2025 a determinadas categorías de teléfonos y tabletas comercializadas en la UE, establece requisitos de reparabilidad y disponibilidad de actualizaciones del sistema operativo durante un periodo vinculado al fin de comercialización del modelo.

No supone una garantía universal de 5 años de nuevas funciones ni se aplica a todos los ordenadores

Además, la Directiva (UE) 2024/1799 sobre el derecho a reparar fijó el 31 de julio de 2026 para la transposición y aplicación de sus principales medidas.

Esta directiva refuerza las obligaciones de reparación para productos cubiertos por normas europeas específicas y restringe determinadas barreras técnicas o de software injustificadas. No concede, por sí sola, actualizaciones indefinidas a cualquier aparato.

Son pasos relevantes, pero aún queda trabajo, ya que los fabricantes deberían anunciar plazos de soporte, facilitar documentación y controladores cuando sea viable. Los desarrolladores pueden mantener versiones compatibles; las administraciones, premiar la durabilidad en sus compras; y los consumidores, exigir información.

Abrir opciones para instalar sistemas alternativos, cuando la arquitectura y la seguridad lo permitan, también puede facilitar la reutilización.

6. Qué podemos hacer para alargar la vida de nuestros equipos

No necesitamos convertir cada reparación en una hazaña tecnológica. Conviene empezar por comprobar qué versión del sistema admite realmente el dispositivo, qué actualizaciones de seguridad recibe y cuáles son los requisitos de las aplicaciones que utilizamos.

Cuando el soporte sigue vigente, reparar una batería, ampliar almacenamiento o utilizar programas más ligeros puede recuperar años de servicio útil.

Al comprar, merece la pena comparar políticas de actualizaciones, disponibilidad de repuestos y facilidad de reparación, no solamente potencia y precio.

En determinados ordenadores, una distribución de GNU/Linux con mantenimiento activo puede ofrecer una segunda oportunidad. Antes hay que verificar controladores, compatibilidad de aplicaciones y facilidad de uso.

Sin embargo, instalar versiones modificadas o parches no oficiales no garantiza la misma seguridad ni estabilidad que disponer de soporte del fabricante.

Sin alternativa segura, cabe destinarlo a tareas limitadas sin datos sensibles, reutilizar piezas o entregarlo en un punto de recogida de RAEE.

Alargar la vida útil nunca debe imponerse a cualquier precio.

La valorización de los residuos electrónicos es un primer paso sostenible

7. Hacia una tecnología que dure más

Vuelvo a mi MacBook Air. Después de cambiarle la batería y el SSD, sigue recordándome que un equipo puede tener mucho que ofrecer incluso cuando el calendario de actualizaciones juega en su contra.

Tal vez no todos los dispositivos puedan durar 20 o 25 años en su uso original. Pero aspirar a más longevidad debería ser normal, no excepcional.

La tecnología más sostenible no es necesariamente la más reciente, sino la que satisface nuestras necesidades durante más tiempo con un impacto ambiental razonable.

No basta con fabricar dispositivos reparables, necesitamos software que permita seguir utilizándolos durante el mayor tiempo razonablemente posible.

Y tú, ¿has tenido que abandonar un móvil, una tableta o un ordenador que aún funcionaba porque su software dejó de acompañarlo?

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