Revista Decoración

Tu plan para emprender.

Por Paula Lesina
Emprender escribiendo tu propio relato.
Transformar tu emprendimiento en un negocio creativo y rentable es un desafío que requiere de algo más que un lindo blog. 
Entre la pasión que origina tu proyecto personal y la consolidación de una idea viable en una fuente de ingresos sostenida en el tiempo, hay un largo trecho.
Largo...
Aunque el parámetro de medida no sea necesariamente el tiempo transcurrido sino el aprendizaje que estás dispuesta a realizar para transformar tu talento en algo más que un motivo de halago para amigos y familiares.
No me digas nada... hacés unos amigurumis hermosos y con una terminación impecable. Sos creativa y creás tus propios patrones. Todos tus sobrinos y los bebés de tus amigas tienen muñecos hechos por vos en la cuna... Un día alguien te dijo:
 - Podrías empezar a vender.
Y vos comenzaste a pensarlo. Un terrorista. Quien tira esa bomba y hace mutis por el foro es un terrorista del emprendeurismo. 
La idea de vender algo que disfrutás haciendo es seductora y comienza a ocupar tus "sueños diurnos" pero ahora viene el lado B de la idea bonita: ¿cómo se hace?
Y ahí... es donde comienza a llenarse de agua el bote mi santa. Obviamente, quienes hicieron la amable sugerencia no tienen ni idea y vos, menos... Entonces te abrís un perfil en Facebook, una cuenta en Instagram y estás pensando en escribir un blog.
Claro: las ventas no llegan y la desesperación escala a límites que no te imaginabas. Invertiste tanto tiempo (con suerte solo tiempo...) en algo que no funciona.
¿Reconocés esta historia?
Yo sí. Conozco a cientos de protagonistas de este relato de ilusión y final poco alentador. Son mujeres talentosas y con mucho potencial que se debaten entre la necesidad de vivir su sueño de artesanas y la realidad que las apura. Porque yo amo crear con papel y tijera pero los señores que me envían las facturas de la luz y el agua no aceptan cartulina de lunares a cambio de sus servicios. Jodidos ellos.
Este es uno de los puntos de inflexión para una emprendedora creativa: el momento en el que descubre que detrás del romance emprendedor está la realidad de crear un negocio. 
Es algo así como un "La Cenicienta" pero en versión emprendedora 2.0 y el dilema por acá no es el baile ni el príncipe ni el zapato de cristal (que viene siendo muy incómodo para las que trabajamos ensuciando el piso) sino cómo obtener dinero del talento que la vida te dio.
Porque nos enseñan cómo elegir un trabajo que nos provea de dinero pero no nos enseñan lo que sería natural: cómo obtener dinero del don que tenés para compartir con el mundo.
Esforzarte y sufrir no te hace merecedora del paraíso emprendedor. En general, cuando estás haciendo algo en ese punto dulce entre tu pasión, tu talento y lo que la gente quiere recibir... tener un negocio creativo funciona simple.
Nadie dijo que va a suceder sin que muevas el culete pero es ese tipo de movimiento que no da calambres ni te hace transpirar. Porque transpirar no tiene nada de glamour y vos mi reina, naciste para brillar.

Tracemos un plan para emprender...


Viste que la mejor forma de empezar suele ser "por el principio". La realidad lisa y llana es ésa: vos querrás apurarte y correr, saltarte pasos y negarte a la idea de vender... A ese paso, te vas a tropezar unas cuantas veces.
No me malinterpretes: tropezarte no tiene nada de malo. Caerse no tiene nada de malo si sabés cómo levantarte con cierta elegancia. El tema es cuántas veces tenés que morder tierra antes de sentarte frente a una hoja en blanco y trazar un plan.
Te juro que la palabra "estrategia" no es alergénica. Podés usarla sin que se te brote la piel.
Las palabras no te transforman en el lobo de Wallstreet. Y aprender a administrarte y gestionar tus ideas no te anula la creatividad ni te transforma en una materialista irredenta porque hasta donde yo sé... si no aprendés a vender escribiendo y contando tu relato, va a ser difícil que encuentres el equilibrio que te permita disfrutar de un negocio saludable.
A partir de hoy estás en modo Beta.
¿En modo qué?
En modo Beta. Sí. Eso fue lo que escribí. Y estar en modo Beta significa dos cosas:
- Para empezar lo único que necesitás es un producto que funcione.
- Empezá desde donde hay que empezar: vos misma.
Vamos por partes... No esperes a tener el producto perfecto que te inscriba en la historia de la revista Forbes. O dicho de otra forma: tu primer producto es algo que ames crear para un público que esté dispuesto a recibirlo a un precio justo.
Si hasta suena demasiado fácil. Entonces ¿dónde está la trampa? Porque en este momento estás sospechando, te conozco mascarita (eso me decía mi abuela María) y mientras leés tu cerebro está confabulando contra tu optimismo emprendedor.
Dejalo hablar pero ofrecele objeciones.
Vos vas a lograr vivir de eso que disfrutás hacer y es un servicio para otro ser humano. ¿Sabés por qué? Porque es como tiene que ser. Porque cuando te enfocás en servir a otras personas haciendo lo que te gusta, va saliendo.
Lo repito hasta el cansancio: no hay otro secreto que materializar la pasión en acciones enfocadas a conseguir un fin. Punto. Lo que enfocás se ensancha, te ocupa. Habita tu vida. Enfocarte significa saber qué es lo que querés, para ayudar a quién y ofreciéndole qué.
Pongamos un poco de orden. Vamos a comprobar si ya tenés ese producto o estás cerca de crearlo. Es una propuesta sencilla, respondé las siguientes tres preguntas:
¿Lo que querés ofrecer tiene la virtud de tocar la vida de otras personas?
¿Lo que querés ofrecer está hecho como si fueras a usarlo vos misma?
¿Lo que querés ofrecer no es perfecto pero es su mejor versión en este momento?
Si ya tenés tus respuestas y son afirmativas, entonces tenés tu primer producto o servicio para sacar a la luz y ahora tenés que encontrar la mejor forma de venderlo. Y claro, si me preguntás a mí... la mejor forma de vender es contando.
Apa!
¿Era ésa?
Sí. Era ésa.
En la base de tu emprendimiento está la creación de un relato que te permita vender con autenticidad y sintiéndote cómoda con lo que estás ofreciéndole a tu audiencia.

Emprender contando.


¿Ya te dije que por más chulo que sea tu logo, te sirve de poco si no aprendés a vender tus productos o servicios?
Creo que sí. Y no es que vender sea una habilidad natural para todas pero... te pido un poco de tu confianza en mí: hoy comenzamos un proceso de transformación para que saques tu mariposa de la oruga más peluda y poco atractiva que te imagines.
Acá viene el segundo punto. Y para que empieces a trabajarlo creé un reto para vos. Es un reto para que te empoderes y descubras lo que te hace única. 
Si estás pensando qué relación tiene ser única con tu emprendimiento, un negocio creativo y vender con palabras... Tranquila: no estoy consumiendo alucinógenos (salvo que me estén cambiando la Coca Cola por otra cosa...) Tampoco es que vos seas torpe. Es que te falta llenar los espacios en blanco.

Creando tu propio relato, creás tu mejor versión para todo, incluso para vender.


A ver si nos entendemos: la búsqueda empieza por dentro. El verdadero éxito, el bien entendido -el que no está viciado de literatura del marketing- no te llega. Está en vos, en eso que te impulsa a ayudar a otros con lo que te llena el alma. 
Se puso hippie la desmesurada... pero no. Que de Woodstock tengo poco. Es que creo que el orden natural es: cuando tengas el por qué y el qué... solo entonces te preocupás por el cómo. En ese momento, cuando ya sabés desde dónde partís y cuál es tu por qué, entonces, el cómo se aclara solo.O tenés la suficiente sabiduría como para elegir a quien tu ayude a conseguirlo.
Ahora, antes de despedirme, quiero contarte cómo vas a vivir estos primeros pasos de tu emprendimiento y para eso, lo que tenés que hacer es seguir es clickear el siguiente botón para descargar el material.
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