«A Penélope, polen: ¡epa!» Cuántas veces, durante el periplo, incluso al demorarse en otros cuerpos o al notar que su sangre se erizaba con nuevas melodías, no sintiera Ulises rebrotar el aguijón de su deseo más profundo, la aventura creíble y aún urgente de volver a penetrar en la gruta conocida, yacer en el rincón de su recreo y proseguir allí descubriendo los tesoros concretos del amor que sosiega y nos hermana con el alma del mundo.
Imagen: Francesco Primaticcio, Odiseo y Penélope, 1563.
(AJR, 4:17- Palíndromos ilustrados, LXIII)
