Revista Arte

Vida sin vida, muerte sin muerte

Por Felipe Santos

Miguel del Arco vuelve sobre su Antígona en el El Pavón Teatro Kamikaze, con Carmen Machi soberbia como Creonte

Antígona frente a Creonte. La razón individual frente a la razón de Estado. La piedad frente al poder. Conocemos bien el dilema que plantea Sófocles. Los conflictos que aquí se tratan son una constante en la condición humana, como menciona George Steiner en su indispensable Antígonas. La travesía de un mito universal por la historia de Occidente (Gedisa, 2009): “el enfrentamiento entre hombres y mujeres; entre la senectud y la juventud; entre la sociedad y el individuo; entre los vivos y los muertos; entre los hombres y Dios (o los dioses)”.

La tensión entre la joven que sólo quiere enterrar a su hermano y el gobernante severo que quiere hacer cumplir su ley de posguerra captó la atención de un Hegel que pensó con detenimiento en esta dialéctica para convenir que los dos tenían razón en sus exigencias, y que su empecinamiento fue el que trajo consigo la consecuencia trágica. Miguel del Arco parte de la misma base para su versión. Creonte siempre fue el tirano, el “malo de la película”, frente a una Antígona que fue símbolo de la libertad inconformista para Cocteau o de la resistencia frente al poder o la autoridad en Anouilh o Brecht. En el programa de mano, el director escribe que “ni Antígona ni Creonte pueden ceder sin falsear su ser esencial. Ambos tienen razón… Ambos creen tenerla. Los dos obcecados en sus respectivos discursos. Sordos en los extremos…”.

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