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Za Za, emperador de Ibiza, de Ray Loriga

Publicado el 22 abril 2014 por Eldevoradordelibros
Za Za, emperador de Ibiza, de Ray LorigaZa Za es Zacarías Zaragoza Zamora, un retirado dealer del narcotráfico que lleva una vida tranquila en Ibiza. ZAZA es también el nombre una nueva droga que da la felicidad. ZAZA es, además, el nombre del grandísimo y lujoso barco que ha atracado en el puerto ibicenco y que tiene a todo el mundo embelesado. Tantas "z" juntas no podían dar lugar más que a una delirante red de malentendidos en los que se verá envuelto el ex dealer, pues lo confunden con el creador de esa droga tan perfecta y, por tanto, el dueño del inmenso barco. Matones que no hablan, una gogó que predice el futuro, una doctora obsesionada con su jefe, que es el verdadero inventor de ZAZA, monos que se ríen a carcajadas y otros personajes esperpénticos son el elenco de lo nuevo de Ray Loriga.
Ya leí del escritor El Bebedor de Lágrimas, un libro juvenil que no me aportó casi nada. Sin embargo, a pesar de no haberme atrapado, decidí darle una oportunidad a la segunda parte, con la esperanza de que todo mejorara, pues era una trilogía, pero como el segundo libro nunca llegó, cuando vi que Cuéntate la vida y otros blogs organizaban una lectura conjunta de esta novela, no me lo pensé. 
Y es que quería ver si me había equivocado con el autor, si la novela juvenil fue solo un bache en el camino de Loriga, pues estaba muy poco trabajada: fue un libro confuso, una historia interesante, con algunos personajes que merecían la pena, pero con una protagonista insufrible y unas situaciones surrealistas para nada creíbles. 
Za Za, emperador de Ibiza me ha gustado más, está más trabajada, pero no me ha entusiasmado tampoco. El libro es muy breve, pero ¡cuánto me ha costado engancharme! No fue hasta la segunda mitad cuando la historia me interesó. Las primeras cien hojas son una mezcla de un puñado de frases buenas, para subrayar, reflexiones interesantes, pero muchísimos párrafos que no aportan nada, que no son más que relleno.
Es cierto que el autor se cuestiona qué es la felicidad y hace una crítica irónica e inteligente sobre determinados aspectos de nuestra sociedad. Esas reflexiones y el personaje central, que está bien perfilado, son lo que más me han gustado del libro, pero las escenas surrealistas hasta más no poder han vuelto a desencantarme.
Si a ellas le sumamos un final ilógico, la desilusión es mayor. Y es que estamos ante un narrador omnisciente que todo lo sabe, por lo que no solo conocemos lo que le ocurre a Zacarías, también a otros personajes; por eso no tiene sentido, y me recuerda a polémicos desenlaces de series de gran éxito. Las piezas de este delirio, sencillamente, no me acaban de encajar.
Por otro lado, me ha llamado la atención que el autor prescinda de los guiones de diálogo. La verdad es que al comienzo a mí me dificultó un poco la lectura, porque hay diálogo en estilo directo, pero también indirecto.
Sé que con este libro nado a contracorriente porque a mis compañeros de lectura sí les ha gustado mucho la novela, por eso os invito a que leáis sus reseñas. La trama de Loriga es un disparate, y es ahí donde reside su originalidad, pero el hecho de que pueda suceder cualquier cosa, a mí me desconcierta y no me convence, de modo que va perdiendo frescura conforme pasan las páginas: no todo puede estar justificado y la sensación que a mí me ha dejado la novela es la de la improvisación.

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