Revista Cultura y Ocio

«Agosto es un mes diabólico», de Edna O’Brien

Por Guillermo Guillermo Lorén González @GuillermoLorn

«Una de las novelas más icónicas de la legendaria Edna O’Brien: una historia llena de sensualidad y erotismo protagonizada por una mujer en busca de sí misma.»

«Agosto es un mes diabólico», de Edna O’BrienUno de los elementos más revolucionarios de la novela es el tratamiento que O’Brien hace de la sexualidad femenina, un tema que en su tiempo se consideraba tabú, especialmente cuando era abordado desde la perspectiva de las mujeres. Ellen, la protagonista, es presentada como una mujer que, pese a las normas de la época, explora y siente su deseo sexual sin vergüenza. Sin embargo, esta exploración la coloca en un terreno complicado, víctima de juicios sociales y conflictos internos.
En la Riviera Francesa, Ellen conoce a hombres con los que mantiene diferentes tipos de relaciones, algunas solo físicas y otras con una implicación emocional, pero siempre se acaba encontrando con el juicio de una sociedad que estigmatiza a las mujeres que expresan libremente su deseo y con el machismo de los hombres que no la consideran una igual. Esto hace que Ellen dude, y que, a pesar de querer vivir libremente su sexualidad, las normas interiorizadas y las inseguridades que arrastra de su vida anterior la frenen. A menudo piensa que no es merecedora de un amor verdadero o que su deseo de independencia está condenado al fracaso en un mundo que insiste en encasillar a las mujeres en roles predeterminados.

Por otra parte, O’Brien presenta una visión compleja y realista de la maternidad, alejada de las representaciones idealizadas típicas de su época. Ellen, la protagonista, es una madre soltera que ama profundamente a su hijo. Sin embargo, ese amor no se encuentra exento de contradicciones. La maternidad se convierte en una fuente de responsabilidad constante que la asfixia y en un recordatorio de las limitaciones a las que se enfrenta por ser mujer.
El conflicto para Ellen llega cuando chocan las expectativas que la sociedad deposita en ella como madre con su deseo personal de libertad, abriendo un debate, tabú en ese momento al igual que el tema de la sexualidad, en el que muchas mujeres, atrapadas entre su identidad como madres y su necesidad de autorrealización, pueden sentirse identificadas. Si el deseo sexual se encontraba vedado para las mujeres, lo estaba aún más para las madres.

O’Brien utiliza a Ellen para mostrar cómo la sociedad de los años 60, con sus normas rígidas y estrictos roles de género, dificultaba que las mujeres tomaran decisiones fuera de la norma. Sin embargo, la autora no presenta a Ellen como una víctima pasiva. A pesar de las presiones, Ellen lucha por encontrar un espacio propio, incluso cuando ello implica desafiar las convenciones y arriesgar su reputación. esta lucha no está exenta de consecuencias.

En un magistral giro de la narración, O’Brien cruza el camino de Ellen con la peor de las tragedias, la muerte de su hijo. Pese a su cultivada independencia y sus ideas modernas, Ellen (que, como se menciona en la propia novela, tiene sus orígenes en la Irlanda católica) no puede evitar sentir que hay algo de castigo divino en esta muerte a distancia: mientras ella se divertía en la Riviera Francesa, entretenía ideas románticas con varios hombres y disfrutaba de su tiempo libre, su hijo, que se encontraba pasando unos días en la montaña con su padre, cruzaba la carretera y era atropellado fatalmente.
Este gesto del niño desprotegido del ámbito de su madre, que le habría dado la mano al cruzar y posiblemente evitado que cruzara, se convierte en una obsesión para Ellen, que sin embargo no consigue
cumplir una vez con las expectativas sociales impuestas sobre ella: en lugar de perder los papeles, llorar desconsoladamente o regresar al lugar de los hechos, Ellen permanece estática en su hotel vacacional, donde todo sigue aparentemente igual pero pervertido. El calor asfixiante, la frivolidad de las relaciones y el sol abrasador, que antes habían sido una vía de escapismo para Ellen y símbolo de su independencia conquistada, se convierten ahora en un recordatorio de la burda realidad y confirmación de su más profunda soledad. Al cabo de los días, una infección de origen dudoso viene a confirmar las sospechas de Ellen: ha sido desterrada del bien y tiene que cumplir penitencia por sus pecados.

El tratamiento de la maternidad y la sexualidad en Agosto es un mes diabólico no es un caso aislado en la obra de Edna O’Brien, y ya se encontraba presente en Las chicas de campo (1960), donde O’Brien rompió con las normas de la época al explorar la vida emocional y sexual de dos jóvenes irlandesas que buscan emanciparse de las restricciones impuestas por una sociedad profundamente conservadora. Ambas obras fueron recibidas con controversia y llegaron a ser prohibidas en Irlanda debido a su representación explícita del deseo femenino.
La censura y las críticas a las que se enfrentaron estas novelas reflejan el impacto que tuvieron en su momento, pero también subrayan su relevancia como textos pioneros. Las reacciones demuestran que O’Brien se adelantó a su tiempo, convirtiéndose en una precursora de debates feministas, dando voz a cuestiones como el conflicto entre la maternidad y el deseo, y la necesidad de una identidad más allá de los roles asignados por la sociedad.

Estos debates, que transformaron la literatura en un espacio para explorar la experiencia femenina en toda su complejidad, inspiraron a autoras como Margaret Atwood y Alice Munro, quienes reconocieron la valentía de Edna O’Brien al abordar temas tabúes y desafiar las normas de su tiempo, allanando el camino para que generaciones posteriores de escritoras pudieran explorar con libertad las dimensiones emocionales, sexuales y sociales de las mujeres. Además, la influencia de O’Brien también se extiende a escritoras más jóvenes, como Sally Rooney, quien ha sido comparada con la autora por su aguda exploración de las relaciones humanas y la vida de las mujeres irlandesas.

Prohibida en distintos países tras su publicación, ‘Agosto es un mes diabólico’ es el hirviente relato de una mujer que se redescubre durante un viaje a la Riviera Francesa.

Lee y disfruta de un fragmento de la novela.

La autora:«Agosto es un mes diabólico», de Edna O’Brien
Edna O’Brien (Irlanda, 1930 – Inglaterra, 2024) fue considerada la gran dama de las letras irlandesas, galardonada con los premios Irish Pen y Bob Hughes de Literatura Irlandesa al conjunto de su trayectoria, la American National Arts Gold Medal, la Ulysses Medal del University College de Dublín, el Premio Especial Femina Étranger 2019, el Premio David Cohen 2019 y el Premio PEN/Nabokov al mérito literario, «por derribar las barreras sociales y sexuales de las mujeres en Irlanda y el mundo».

En su obra destaca la trilogía compuesta por las novelas Las chicas de campo (1960, merecedora del Premio Kingsley Amis), La chica de ojos verdes (1962) y Chicas felizmente casadas (1964), que fueron prohibidas y quemadas en todo el país. También cabe señalar las novelas Agosto es un mes diabólico (1965, Lumen, 2025), Un lugar pagano (1970), Las sillitas rojas (2015, Premio al Mejor Libro de Los Angeles Times) y La chica (Lumen, 2019); la antología de cuentos Objeto de amor (Lumen, 2018), y sus libros de memorias Chica de campo (Irish Book Award 2012) y Madre Irlanda (1976, Lumen, 2021).

El libro:
Agosto es un mes diabólico (título original: August Is A Wicked Month, 1965) ha sido publicado por la Editorial Lumen en su Colección Narrativa. Traducción de Mireia Bofill. Encuadernado en rústica con solapas, tiene 184 páginas.

Como complemento pongo un vídeo en inglés titulado Interview with Edna O’Brien.


Para saber más:
https://en.wikipedia.org/wiki/Edna_O’Brien


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