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Blue Jasmine. Pendiente a la locura

Publicado el 13 noviembre 2013 por Banacafalata
BLUE JASMINE Blue Jasmine. Pendiente a la locura
Blue Jasmine. Pendiente a la locura Título Original: Blue Jasmine Director: Woody Allen Guión: Woody Allen Fotografía: Javier Aguirresarobe Intérpretes: Cate Blanchett, Alec Baldwin, Peter Sarsgaard, Alden Ehrenreich, Sally Hawkins, Louis C.K., Michael Stuhlbarg, Bobby Cannavale, Andrew Dice Clay, Max Casella, Tammy Blanchard Ferland Distribuidora: Warner Fecha de Estreno: 15/11/2013 Empeñado en su función de geógrafo, Woody Allen sigue dando la vuelta al mundo. Después de la maravillosa visión de París que ofreció en Midnight in Paris, y la de Roma en la irregular A Roma con Amor, vuelve a Estados Unidos. Pero vuelve alejado de su Manhattan, el cual también tiene bastante importancia en la película, para acercarse a San Francisco. La mirada de Allen sobre la ciudad siempre es importante y acerca al espectador a descubrirla. El cambio de costa en Blue Jasmine no es nada casual, y la elección de San Francisco, conocida por sus grandes cuestas está perfectamente elegida, y es que como si fueran esas irregulares carreteras que hemos presenciado siempre en el cine como en las espectaculares persecuciones de Bullit, aquí establecen un paralelismo con la mente de su protagonista. Una protagonista que se intenta mantener en la parte arte de la cuesta, pero a la que le resulta dar dos pases sin caer de lleno hacia abajo. Blue Jasmine es un gran melodrama, uno como los que hacía tiempo que no hacía, que recuerda a sus películas de finales de los 70 y principios de los 80. Pero si en aquellas, la presencia del cine de Bergman era innegable en películas como Interiores. Aquí el realizador neoyorquino se acerca a la figura de Tennesse Williams, y la Jasmine protagonista establece cierta cercanía con la Blanche DuBois de Un Tranvía llamado deseo. Un personaje que curiosamente ya interpretó Blanchett sobre las tablas, siendo dirigida por Liv Ullman.
Blue Jasmine nos habla de la identidad del ser, de la necesidad de conocerse a sí mismo y de saber quién queremos ser para encontrar la felicidad. Así, la protagonista, que llegó a la élite neoyorquina sin preocuparse demasiado de hacerlo mediante los asuntos sucios de su marido, protegida por una burbuja que de pronto estalló. Tras el ingreso de su marido en la cárcel, a Jasmine no le quedará otra que volver a San Francisco con su hermana. Olvidarse de todo ese lujo que siempre dispuso y tratar de reinventarse desde cero. El problema para Jasmine es la necesidad de volver exactamente a dónde estaba. Es incapaz de entender la felicidad a partir de las pequeñas cosas de la que goza a su hermana, algo que ella achaca al conformismo de una fracasada. Pero Allen indaga intentando entender cuál es el verdadero fracaso, si son las posesiones materiales las que te llevan a una felicidad tan importante, que el perderlas te arrastra a la completa locura, o sin embargo, uno no necesita poseer nada para ser feliz. Blue Jasmine. Pendiente a la locura Con Blue Jasmine, Woody Allen viaja al fondo de la locura y de la desesperación. Se desliga casi por completo de la película, dejando a su protagonista viajar sola, y tan solo en pequeños momentos como la escena inicial o la conversación con los niños en el bar vemos que Allen, como suele ser habitual en su cine, habla de sí mismo. Lo que si hace el realizador es enamorarse por completo de ella. Blanchett habría sido Mia Farrow en los 80. Si no fuera por su edad, posiblemente habría caído rendido a sus pies. El realizador la persigue con la cámara, la enfrenta contra ella, la desespera y la lleva al abismo. Y Blanchett responde a ese amor con su risa impostada, sus ataques de nervios y sus divagaciones forman parte de una interpretación exquisita y visceral, posiblemente la mejor de la carrera de esta gran actriz y una de las mejores interpretaciones femeninas que hemos visto en mucho tiempo en Hollywood. Blanchett consigue estar elegante hasta sudando a chorros y perdiendo los nervios, si la actriz ya interpretó a Katharine Hepburn en El Aviador, aquí nos recuerda a ella mucho más que nunca, porque entrega esa misma distinción que portaba siempre Hepburn entregada por completo a los brazos de la enajenación. Allen vuelve a rodar un melodrama mucho tiempo después, es cierto que lo alivia constantemente con ligeros toques de humor, tan inspirados como suele costumbre en él. Pero Blue Jasmine es una terrible tragedia, la tragedia de una mujer que se hunde, y es incapaz de no arrastrar al abismo a todos ellos. La desesperación de los demás personajes nace directamente de sus actos, ya sea la de su marido, la del ex-marido de su hermana, su nuevo novio, su hijo o su propia hermana que es la única que parece dispuesta a mirar por ella y a quién más le reprende sus actos. Allen se muestra deliberadamente pesimista, y nos entrega una de las más tristes miradas sobre la vida de su filmografía, una mirada que un realizador tan lleno de vida como suele ser de Allen, nos hace irnos más de 30 películas atrás para volverla a encontrar. Pero lo mejor de todo es que Woody Allen ha rodado una película soberbia, narrada con una gran destreza, utilizando los flashbacks para contar, mediante un montaje paralelo, el camino hacia al abismo de la protagonista, y llevando a entender, como se refleja en su magistral secuencia de cierre, que no existe ninguna salida para ella. Estamos ante una de las mejores tres películas que ha rodado Woody Allen desde que comenzó el siglo, y eso siempre es de agradecer.

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