Revista Arte

Celda 211

Por Nuevemusas

Estuve dos semanas convenciendo a mis amigos para acudir al cine a ver Celda 211. Sí, soy ese abogado del diablo que hay en toda conversación o tertulia que defiende el cine español.

Celda 211Me lleno la boca con argumentos como que habría que tener una política proteccionista con nuestro cine, como hace Francia, y garantizar que siempre haya películas españolas en cartelera. Me agarro a mi esquina de la mesa, necio, y mantengo que la crisis de nuestro cine no es una crisis de talento. Recibo lanzas que rezan que todo es cine social o estupideces, que directores buenos hay cuatro (a saber, Almodóvar, Amenábar, León de Aranoa, Alex de la Iglesia, Julio Medem) y que no hay muchos buenos actores y actrices, que la entrada es muy cara para andar perdiendo el tiempo. No me creo mis propios argumentos, soy esa madre que no reconoce el hecho de que su hijo se droga.

El cine español lanza todos los años alguna buena película. No sé si son más o menos que las que lanzan otros países. Sé que me gusta el cine argentino, el cine nórdico y, pónganse el casco, el cine americano. Creo que a nuestro cine le falta carácter, le falta eso de "español", que no se qué es, no sé dónde está; quizá en ninguna parte. Creo que hemos hecho mejores películas de las que hacemos ahora (Aranda, Saura, Chávarri, Erice) y que en los setenta y los ochenta contamos con bastante dignidad nuestras propias historias.

Celda 211
Luego está esa manía nuestra de oscilar entre el amor y el odio. Puede tener que ver con una especie de personalidad dicotómica que nos domina entre la elegancia y la caspa, la razón y la pasión, el bien y el mal, la derecha y la izquierda, que nos llevó a luchar entre nosotros.

Celda 211, del director mallorquín Daniel Monzón (El corazón del guerrero, El robo más grande jamás contado, La caja Kovak), expresa las anteriores reflexiones, porque es (conceptualmente, del mismo modo que uno es español aunque no lo sienta, porque lo dice un DNI) cine "español" pero no responde a los cánones de un cine "español"; empresa, por otro lado, sencillamente imposible, porque no existen los cánones del cine "español". Es social, porque habla de personas, buenas y malas, y sobre todo del lado más bueno (por leal, por honesto) de las personas "malas", habla del sistema penitenciario, del individuo perdido ante la ley, del poder que da un uniforme, de la identidad, del inmigrante, habla de ETA y de los gobiernos.

Es, sobre todo, una película de acción, porque hay movimiento en el sentido más estricto de la palabra, hay violencia, hay tensión. Se percibe la faceta de guionista de Daniel Monzón, porque la idea no puede ser, en sí, más original. Introduce a un tipo que va a conocer la cárcel donde trabajará de funcionario en un motín llevado a cabo por los presos de una forma accidental. Y ahí ya tiene la identificación con el personaje. A partir de ahí nos seduce, como en las buenas películas que hablan de la cárcel, el ambiente macarra y violento, la locura, el humor negro.

Hay un par de buenos actores secundarios, una de las virtudes de nuestro cine. Alguien debería decirle a Resines que cuando ya lo has hecho todo, o al menos todo lo que eres capaz de hacer, debes pasarte al carril derecho; la película hubiera ganado mucho si su personaje lo hubiera interpretado otro actor, probablemente con menos solvencia y oficio que él, no es ese exactamente el problema. Está notable el protagonista, desconocido para mi, creo que es otra virtud de la película elegir un actor no muy conocido para el papel. Se agradece la presencia de Marta Etura, no porque tenga una especial predilección por ella, que la tengo y mucha, sino por actriz muy aceptable.

Celda 211
Se va perdiendo el guión de Celda 211, te mantiene enganchado hasta el final pero al volver la vista atrás huele a mentira, no a esa mentira que nos encanta en el cine, esa de vivir lo imposible, sino a la de una historia que no guarda armonía narrativa, que no es creíble. Sin embargo, es de agradecer que no sea lo de siempre y que sea original hasta cuando se pierde. Mi amigo el escéptico o mi padre dirían que "no se lo cree ni dios".

Dirán ustedes: "¿Por qué hemos de verla?". Error de inicio, vayan a ver la Celda 211 si sienten por el cine español lo mismo que yo, ese orgullo que se tiene por un hijo que suspende pero estudia, por el equipo de barrio que lleva perdiendo toda la vida. Porque lo está intentando y a veces lo consigue; el problema es que más que buenas películas tiene muy buenos destellos en algunas películas. Porque es una película entretenida, aunque le falta eso que tienen algunas películas americanas, esa melodía en el preciso momento, esos diálogos, ese algo redondo. Porque Luis Tosar está excelente, otra vez. Es camaleónico el gallego. Uno le imagina en mil papeles más, imponente, comiéndose la cámara. Parece un preso, parece ese preso, justo lo contrario que criticamos del cine español.

Celda 211
No puedo acabar este escrito sin hablar de que huele a podrido en Dinamarca. Demasiadas manos manejan el dinero de la película, demasiados "patrocinadores" en la pantalla. No lo digo por uno en concreto, es solo que si le tienes que dar explicaciones a tanta gente sobre lo que haces es posible que acabes perdiendo el norte, que te exijan cosas que garantizan reembolso. Quizá haya que repensar las cosas desde todos los ámbitos, volver a buscar a esos productores de antes que amaban el cine y le daban pleno poder al director. Quizá haya que buscar actores, que buscar historias. Puede que haya que fijarse en los que lo hacen bien, pero sin copiarles, en busca de nuestra propia identidad. Y si no tenemos identidad, si no está muy definida, hagamos de esa búsqueda y de ese caos la esencia de nuestras historias ("Salto al vacío", Daniel Calparsoro). Nos falta algo, es innegable. Nos falta en el cine de entretenimiento, en el de autor y en la comedia. Reconocer esta carencia es el primer paso hacia la madurez, o hacia una segunda o tercera madurez.

Seguiré peleándome en los bares por el cine español, tanto si existe algo llamado así, como si es el nombre que le damos unos y otros a algo que ahora mismo no lo tiene. Tanto si es el corazón y el alma de un director apasionado ("Tesis", "Los amantes del círculo polar", "Barrio", "El día de la bestia") como si es la "paja mental" de un cachondo ("Torrente").

Más allá de la globalización, la pérdida de identidades, la degradación del arte, el posmodernismo, la mala gestión del dinero en manos de personas ajenas al arte, el poco pan, el pésimo circo, la huida del estrés en historias vacías, el elitismo, la pedantería, el destape, la alienación, el fin del mundo si me apuran, hubo un tiempo en que supimos quiénes éramos.

Amemos al cine español, no le neguemos los ojos y el alma antes de ver sus películas. Critiquémoslo con fuerza, elogiémoslo. No le demos la espalda aunque vuelva a ser adolescente, sea inestable y llore por todo.

Celda 211
Pedro Rico

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