
¿Pero podemosconsumir estas conservas?, ¿Son realmente seguras o sólo se puede echar mano de ellas en un caso de emergencia?. Os puedo contestar con un sí rotundo. Sin problema alguno, las conservas de verduras pueden ocupar un puesto destacado en nuestra despensa ya que son una alternativa perfecta a las verduras frescas.

Las verduras frescas una vez recolectadas, se lavan concienzudamente, si fuese necesario se someten a un proceso de pelado - sería el caso de las patatas, zanahorias o cebollas- . A continuación se introducen en agua caliente y se enfrían rápidamente. Esto se llama blanqueo y se realiza para evitar el deterioro de las verduras, desactivando los enzimas que forman parte de su composición. ¿Qué pasa con los aditivos tan temidos por los consumidores?. Hay gran cantidad de conservas vegetales que no llevan ningún tipo de aditivo. En algunas conservan se añade ácido ascórbico que no es ni más ni menos que vitamina C. Otras tienen E-300, un acidulante completamente inocuo. En ocasiones los envases pueden trasladar a los alimentos un compuesto llamado bisfenol A o BPA que para nada supone un riesgo para el consumidor. Lo que debemos tener en cuenta es que en estas conservas el contenido en sal suele ser bastante elevado. Para evitarlo, podemos lavar las verduras bajo el chorro de agua fría antes de su consumo o contrarrestar su aporte de sal en las preparaciones con otros alimentos que no lleven sal.

Las verduras en conserva son una excelente opción. Mantienen prácticamente todas sus propiedades nutricionales, podemos tenerlas en casa sin que se deterioren y echar mano de ellas en cualquier momento y son una fuente de vitaminas, minerales y fibra que nos ayudarán a estar más sanos.
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