Revista Cultura y Ocio

Criaturas de moda

Por Eltiramilla

En esta nueva entrega de Recurrencias en la literatura juvenil vamos a intentar poner sobre la mesa a todas las criaturas sobrenaturales que han sido catapultadas a la fama en los últimos años. Para enfrentarnos a esto hay que tener muy claro que estas criaturas aparecen sólo en el género fantástico.

La moda desde los griegos

Dicen que la literatura fantástica nació allá por el siglo XVII, aunque no todas las voces se ponen de acuerdo; unas cuentan que fue tiempo atrás y otras que un siglo después. Lo que nadie discute es que el género siempre ha bebido de una tradición mucho más antigua que se remonta a la fantasía clásica, especialmente la griega: unicornios como Pegaso, centauros como Quirón, gigantes como Orión y sirenas como Parténope.

Criaturas de moda
En el siglo XVII tuvimos los cuentos de Perrault (El gato con botas, La bella durmiente) y en el XIX al vampiro de Bram Stoker (Drácula), el gigante egoísta de Oscar Wilde o el híbrido de Mary Shelley (Frankenstein). Su repercusión en la literatura fantástica juvenil es notable y sus criaturas nunca han dejado de explotarse, pero la obra que revitalizó el género fantástico se publicó muchas décadas después. Hablo de El señor de los anillos (J. R. R. Tolkien), que, aunque “fracasó” en sus inicios, a partir de los años 60, y gracias al movimiento hippy, cosechó un éxito monumental.

Antes de los hobbits, las varitas y los vampiros

Existe una multitud inabarcable de criaturas fantásticas que conforma el tejido del género fantástico, muchas de ellas recurrentes a lo largo del tiempo, pero no hay ningún truco de magia que permita que de repente se conviertan en criaturas de moda. Las modas de repente aparecen. Y tan pronto como lo hacen, desaparecen.

Criaturas de moda
El origen de los animales parlantes, seres con capacidad para comunicarse con los humanos, se remonta a las fábulas clásicas, que se cultivaban ya hace dos mil años en Mesopotamia. Estas criaturas siempre han sido muy queridas por los lectores, pero tuvieron su especial momento de gloria a mediados del siglo XX gracias a obras como las de C. S. Lewis (Las crónicas de Narnia) o Elizabeth B. White (El pequeño caballo blanco).

Tal vez porque los animales parlantes nunca han dejado de tener su lugar en la literatura juvenil, nunca llegaron a generar fenómenos de imitaciones en masa. Precisamente parece que esto les ocurrió después a los elfos de Tolkien o los magos de Rowling, criaturas siempre atrayentes y recurrentes pero nunca fenómenos extraordinarios.

Las criaturas de Tolkien

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Con Tolkien se hicieron famosos los elfos, los orcos (recuperados de la mitología celta), los enanos… Sin embargo, a pesar del éxito arrollador de El señor de los anillos, o de la cola que trajeron las novelas de la serie Dragonlance a partir de los años 80, la literatura juvenil todavía necesitó unos años para establecerse y permitirse el lujo de poner de moda a algunas de sus criaturas. Eso sí, lo hizo en buena parte gracias a estos elfos, enanos y hobbits de Tolkien, y es que el fenómeno resurgió en 2001 con la adaptación al cine de Peter Jackson, que dio lugar a que una cantidad ingente de libros llenaran sus páginas de nuevos elfos, enanos y orcos que, con mayor o menor acierto, intentaron atraer la atención del lector como lo hiciera en su tiempo J. R. R.

Los niños magos

Existe un digno y orgulloso “rival” de El señor de los anillos, la heptalogía Harry Potter (J. K. Rowling), dirigida a un público lector esencialmente juvenil. El primer título de la saga, que vio la luz en 1999, desató la moda de los niños magos. Al igual que la adaptación al cine de la “trilogía” más famosa de Tolkien, Harry Potter y la piedra filosofal llegó a las salas en 2001, y desembocó en otro fenómeno sin precedentes.

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A partir de Harry Potter muchos libros han estado protagonizados por niños magos, algunos con más tino que otros o con más ganas de innovar y refrescar el género. Algunos de los títulos más recientes son Oksa Pollock, Aldwyn y la profecía, Los magos primigenios o La hermandad de la eterna oscuridad.

Podría decirse que los niños magos (o brujos) se erigieron como criaturas de moda, pero hay algo aquí donde no todo el mundo se pone de acuerdo. Hay quienes opinan que las criaturas fantásticas son sólo orcos, hadas, elfos, duendes, trols o unicornios, por ejemplo, pero que los magos, como no dejan de ser humanos a pesar de tener poderes, no pueden considerarse “criaturas”. Otros defienden la idea de que todo aquel ser sobrenatural o bañado de magia se puede etiquetar como “criatura fantástica”. Y luego están los que consideran seres fantásticos a aquellos que no tienen forma humanoide; para que nos entendamos: meten en el cajón de “criaturas fantásticas” a seres como unicornios, hadas o kelpies y dejan fuera a magos, elfos, gigantes o enanos. Pero ni siquiera este grupo de voces se pone de acuerdo en qué criaturas son fantásticas o no: por ejemplo, ¿y el centauro, mitad hombre y mitad caballo?, ¿y el fantasma?

Aparte de lograr que todos los niños del mundo desearan ser brujas y magos (como Roald Dahl les hizo desear mover objetos con la mente como hacía Matilda), el mayor éxito de Rowling reside en haber creado un universo complejo y fascinante, dificilísimo de imitar.

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Otro de los aciertos de la escritora fue servirse de criaturas fantásticas ya consolidadas (dragones, centauros, gigantes), algo que no tuvieron en cuenta las autoras de la serie Oksa Pollock, que se dedicaron a crear seres de nombres tan complicados como foldingots, goranovs, grevoles, gétorix o invisibules. Si bien Rowling no creó ni puso de moda a dragones, centauros y gigantes, los foldingots, gétorix o invisibules ni siquiera han pasado a la Historia de la literatura. No obstante, también es verdad que, por ejemplo, Laura Gallego sí brilló con sus seres inventados en Memorias de Idhún, con lo cual tal vez no sea cuestión de beber de la tradición sino de ofrecer calidad, de darle de verdad la vuelta a la tortilla y cocinarla tan bien que el lector quiera comérsela entre pan y pan.

Vampiros y hombres lobo

Hay una criatura sobrenatural que se ha alzado con el título indiscutible de criatura de moda en la literatura juvenil: el vampiro. En 1991 L. J. Smith lo recuperó en sus Crónicas vampíricas, pero no fue hasta 2005, gracias a la saga Crepúsculo de Stephenie Meyer, cuando volvió a convertirse en una estrella. El fenómeno que crearon sus chupasangres de piel brillante, dieta “vegetariana” y mente romántica fue abrumador.

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Quizá porque además de recuperar una criatura fantástica muy potente y darle luego una vuelta de tuerca, también relanzó el género juvenil romántico, hasta entonces muy disperso y sin un lector objetivo especialmente definido.

Meyer, “culpable” de la popularización de hombres lobo y vampiros (sobre todo estos últimos), utilizó dos de los mitos más populares para desarrollar una trama romántica adolescente que ahora mismo satura el mercado de la literatura juvenil, un mercado en el que falta frescura y sobran triángulos amorosos prohibidos pésimamente construidos protagonizados casi siempre por una chica simplona y dos deseables seres sobrenaturales, a veces enemigos mortales.

Prueba de esta popularización son novelas recientes como Sombra nocturna, Los lobos de Mercy Falls, Los guardianes ocultos, Aguas oscuras, Entrelazados o Los bersekir, sobre hombres lobo más y menos sexis; y El circo de los extraños, Vampire Academy, Medianoche, La Casa de la Noche, Entrelazados, Lazos de sangre, Círculo de sangre o Élite oscura, sobre vampiros casi siempre sexis. La balanza parece equilibrada, pero lo cierto es que la moda vampírica ha superado con creces a la lupina.

Ángeles y demonios

Después de la época dorada de los chupasangres y hombres lobo, todavía inacabada, intentaron tomar el relevo los ángeles y demonios; a veces por separado pero generalmente juntos, no en vano representan la batalla más ancestral entre luz y oscuridad. 

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Sin embargo, por mucho que han intentado hacerse con el control de la producción, lo único que han logrado ha sido acabar con el monopolio de sus predecesores y aburrir al lector adolescente antes siquiera de haber ofrecido un verdadero boom.

Tattoo, Dos velas para el diablo, Crypta, Los Sangre Azul, Hush hush, Ángeles caídos, El designio del ángel, Demonios personales, Heraldos, Hija de humo y hueso o Tentación de ángeles son buenos y malos ejemplos de ello.

Y mientras ángeles y demonios intentaban salir a flote, los zombis de Generación Dead jugueteaban también con la idea de hacerse un hueco en el mercado de la literatura juvenil, pero, ya fuera por lo limitado de su público lector o porque éste ya no daba más de sí después de tanta saturación de criaturas fantásticas intentando despuntar, no lo lograron. Los inmortales de Alyson Noël y otras tantas criaturas fantásticas recién nacidas también aspiraron a convertirse en seres famosos, pero protagonizaron estrepitosos fracasos.

Las criaturas de moda

La literatura juvenil contemporánea sufrió un antes y un después tras Harry Potter y Crepúsculo. Ambas series generaron fenómenos hasta entonces impensables, crearon legiones de nuevos lectores, y llevaron al olimpo a magos y vampiros. Desde entonces no ha vuelto a ocurrir un verdadero boom, ni con Cazadores de sombras, ni con Hermosas criaturas, ni con Los juegos del hambre.

Parece que ahora, en lugar de criaturas sobrenaturales y triángulos amorosos sin fundamento, los lectores prefieren mundos distópicos con triángulos amorosos con y sin fundamento como los de 

Criaturas de moda
Los juegos del hambre, El corredor del laberinto, Juntos o Puro. Ahora la distopía es la nueva moda, aunque quién sabe: la moda es un ir y venir, es cíclica; ¿no vuelven a ponerse de moda los pantalones de pana?, tal vez, entonces, resurjan dentro de un tiempo los niños magos y los chupasangres, o brillen por fin con luces de neón los ángeles, las sirenas, los elfos y los fantasmas.

Suceda lo que suceda, que lo haga, eso sí, con originalidad, innovación, sorpresa y un buen trabajo detrás. Porque no basta con escribir sobre vampiros o niños magos porque los lectores demandan más de lo mismo, o no basta con ponerle alas grises a la protagonista y hacer que se enamore del chico malo de cuernos y tridente porque ese amor vacío es lo que se lleva. Las criaturas de la literatura juvenil y la propia literatura juvenil se merecen un trato de respeto y calidad, un filtro. Si termina publicándose todo porque todo vale, la burbuja explota y deja de saciar. ¿No está ocurriendo esto mismo con los ángeles y los vampiros? Que se prepare el género distópico, porque ya empieza a bailotear desafiante en el borde del precipicio…

Está visto que ser una criatura fantástica y sobrevivir a lo largo del tiempo no es tarea fácil, pero convertirse además en criatura de moda es una misión muchas veces inalcanzable, sobre todo porque la competencia es feroz. ¿A qué criatura le tocará la lotería próximamente?


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