Revista Cine

Crítica de cine: Los Juegos del Hambre

Publicado el 21 abril 2012 por Lapalomitamecanica
Los fans de la sci-fi de calidad seguirán con el estómago vacío
Crítica de cine: Los Juegos del Hambre
Nota: 6
Lo mejor: el control del director Gary Ross sobre la puesta en escena y la frescura de Jennifer Lawrence.
Lo peor: que sufre el síndrome de "la adaptación literaria condensada".
En nuestro país, las novelas de Suzanne Collins apenas llevan año y medio en el mercado y su punto álgido de ventas está coincidiendo con la promoción de la película, de ahí que nos sorprenda su abrumador éxito en Estados Unidos (donde hará una taquilla final cercana a los 600 millones de dólares). Se trata de una trilogía que podemos enmarcar un poco maliciosamente dentro de la categoría de novelas Young Adult, esa que le servía de excusa a Jason Reiman para cascarse el pasado año un vehículo homónimo de lucimiento para Charlize Theron, y que vendría a englobar a esas novelas -normalmente de corte fantástico- destinadas a un publico que pronto abandonará la adolescencia (mejor esto que Crepúsculo). Concretamente, Los Juegos del Hambre es uno de los mejores exponentes y una digna historia de ciencia ficción que evoca ideas tan interesantes -y manidas- como una civilización oprimida por un gobierno totalitario, un mundo postapocalíptico y la utilización de los medios de comunicación como forma de control social. En definitiva, un contexto distópico en el que la principal riqueza parte de unos valores morales totalmente retorcidos y, hasta cierto punto, fascinantes. La desgracia es que en el empeño del guionista y director Gary Ross por mantener esa esencia en una película PG-13, se le ha olvidado que esto también iba a ser un filme de aventuras.
Estamos hablando de una sociedad que envía anualmente a 24 jóvenes de entre 12 y 18 años a batirse en un duelo a muerte, para mas inri, televisado. Se trata de una obligación -y un honor- concedido previo sorteo y que nace tras un alzamiento fallido de los doce Distritos contra el gobierno central, que no duda en adoptar en un régimen mucho más opresivo con normativas de este tipo. No es más que una especie de ley vengativa que también sirve para controlar el gasto de recursos (un vale de comida = un boleto adicional con tu nombre en la rifa) y para recordarle al pueblo las consecuencias de la insurgencia. Los Juegos del Hambre es la historia de Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence. El Castor y X-Men: Primera Generación), la joven participante del Distrito 12 . El relato de una de las pocas personas que se presentan voluntarias para salvar a otro de una muerte segura y que están destinadas a resucitar la esperanza cambiando la historia de ese macabro torneo.
Crítica de cine: Los Juegos del Hambre
Vamos, que juntamos en una coctelera la premisa de Battle Royale (y ahí se terminan las comparaciones con la obra de  Fukasaku), le ponemos un toque revolucionario tipo Matrix low cost, aliñamos el asunto con el enfoque mediático de Rollerball y nos queda un escenario bastante potente en el que...emm...no sucede nada. Al guión le cuesta medio metraje situar al espectador en ese contexto y cuando la función se enfoca directamente en la acción, el Gary Ross realizador no está interesado en filmarla y prefiere seguir profundizando en el conflicto. No es que no haya ni una sola secuencia de luchas para el recuerdo durante el campeonato, es que incluso llega un punto en el que los personajes tienen tanto diálogo que los Juegos del Hambre trascienden su concepción de metáfora cruel y se convierten en un verdadero torneo de ideas repetidas. La emoción suscitada durante el calentamiento desaparece, los rivales de Katniss nunca llegan a cobrar el peso que merecen y todo se convierte en una cuenta atrás para asistir a la transformación de esta Robin Hood preuniversitaria en la Juana de Arco de su tiempo. 
Hablamos de un desequilibrio que podría ser hasta lógico en una película que nos llega como la carta de presentación de una franquicia juvenil -lo de "adolescente" ya lo hemos dejado atrás- con un mínimo de sesera, pero que sólo entendemos plenamente al echar un vistazo a la filmografía de su realizador, Gary Ross (Pleasantville, Seabiscuit). Probablemente, el tipo correcto para entonar la saga hacia una apariencia madura (algo así como el Cuarón de Harry Potter), pero el último del que esperarías un gran espectáculo. Se trata de un arma de doble filo ya que en esa depuración de lo que Ross ha considerado innecesario no sólo la acción ha salido perdiendo. Los seguidores de la novela se encontrarán con un desconocido Peeta -el otro elegido del Distrito 12- , desdibjuado aquí como aliado-rival sin llegar a cuajar de ninguna de las dos formas. También se han quedado por el camino pasajes tan jugosos como el de los perros-lobo y su nacimiento, limitados a una aparición testimonial en la película. Por fortuna, en Los Juegos del Hambre no ha quedado para el olvido que el concepto de "adaptación" también puede entenderse a la inversa, y ahí tenemos nuevas aportaciones de agradecer como la cínica entrevista al director del campeonato, Seneca (Wes Bentley), o un pequeño vistazo a las reacciones de los distritos ante el mensaje de Katniss.
 
Crítica de cine: Los Juegos del Hambre
Entre una primera mitad cuya solidez sorprende, pero que inevitablemente les sonará familiar a los aficionados al género, y esa segunda parte donde la acción se traduce en un gatillazo en toda regla, lo único que impide por momentos la total perdida de interés es el trabajo de la auténtica ganadora de Los Juegos del Hambre, Jennifer Lawrence. Al igual que sucede en la franquicia del niño mago, la trilogía literaria está orquestada en torno al punto de vista de su protagonista, que coge de la mano al espectador para descubrir a la vez los secretos y contrastes de ese mundo. Un recorrido que le lleva a atravesar prácticamente todo el espectro de emociones -desde la impotencia al control más absoluto- y con el que al escoger a una intérprete que da la talla, parecen tener medio trabajo hecho. En general, tampoco podemos decir que ninguno de los miembros del reparto flojee a pesar de unas caracterizaciones que pidan a gritos el descojone del personal (que nunca llega). Ahi tenemos a gente como Stanley Tucci, Wes Bentley, Donald Sutherland, Lenny Kravitz (nadie sabe por qué) o Toby Jones poniendo con cuentagotas la nota adulta por si acaso, ya que como decimos, el más perjudicado es el joven coprotagonista de la cinta, Peeta (Josh Hutcherson), ensombrecido entre lo "apretao" de la historia y la potencia de Lawrence (por no hablar del momento camuflaje),
En definitiva, nos encontramos ante una cinta de dudoso veredicto que dificilmente contentará al espectador más exigente, pero que puede que tenga su principal valor en alejar a determinado sector de la audiencia de otras adaptaciones literarias más insulsas en favor de una historia con un mínimo de contenido. El exagerado aluvión de buenas criticas recibidas en todo el mundo, inusual para este tipo de cintas, es sólo consecuencia del factor sorpresa que ha supuesto encontrar un filme que no esconde sus intenciones sin por ello resultar pedorro o insulso para el espectador mas curtido. Pero eso no quita para que la labor desempeñada con mimo por el alma del proyecto, Gary Ross, aunque, como decimos, sea insuficiente para justificar las expectativas, quizás sí merezca al fin y al cabo un éxito desproporcionado en una taquilla dominada por chupasangres romeojulieteros y adaptaciones de juegos de mesa.

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