Es hora de cambiar de paradigma, si tradicionalmente se ha estudiado el problema, el desequilibrio, el sufrimiento, ahora debemos analizar el estado de felicidad, a las personas equilibradas; basta ya de estudiar la enfermedad, estudiemos la salud. Ya lo sabían Buda, Lao Tsé, o los estoicos griegos que inspiraron la máxima carpe diem, atrapa el día, vive el momento. Lo cual no implica actuar segun el capricho del instante sin tener en cuenta las consecuencias de nuestos actos; lo que nos da la felicidad no es la inconciencia, sino la plena conciencia, los cinco sentidos puestos en lo que estamos haciendo o viviendo, en las personas que tenemos a nuestro alrededor. Montaigne decía que los seres humanos en su mayoría, no habitan en el tiempo presente porque unas veces están en la añoranza, en el remordimiento o la queja del pasado, y otras en el miedo o el deseo del futuro; desafortunadamente tenía toda la razón. Vivir el presente no implica olvidar las cosas que han sucedido, ni deshacerse de los planes para el futuro, lo que trae inherente es un llamado a la acción, la imperiosa necesidad de ponerse en movimiento, de aprovechar cada segundo, y degustar desde lo más simple hasta lo más sofisticado, pero sin las prisas del día a día, saliendo de la rutina, con una actitud diferente, como si fuera la última vez que vamos a realizar lo que estamos haciendo. Revista Cultura y Ocio
"Sólo se puede ser verdaderamente feliz cuando uno se concentra plenamente en lo que está haciendo, sin añoranzas del pasado ni temores por el futuro".
Es hora de cambiar de paradigma, si tradicionalmente se ha estudiado el problema, el desequilibrio, el sufrimiento, ahora debemos analizar el estado de felicidad, a las personas equilibradas; basta ya de estudiar la enfermedad, estudiemos la salud. Ya lo sabían Buda, Lao Tsé, o los estoicos griegos que inspiraron la máxima carpe diem, atrapa el día, vive el momento. Lo cual no implica actuar segun el capricho del instante sin tener en cuenta las consecuencias de nuestos actos; lo que nos da la felicidad no es la inconciencia, sino la plena conciencia, los cinco sentidos puestos en lo que estamos haciendo o viviendo, en las personas que tenemos a nuestro alrededor. Montaigne decía que los seres humanos en su mayoría, no habitan en el tiempo presente porque unas veces están en la añoranza, en el remordimiento o la queja del pasado, y otras en el miedo o el deseo del futuro; desafortunadamente tenía toda la razón. Vivir el presente no implica olvidar las cosas que han sucedido, ni deshacerse de los planes para el futuro, lo que trae inherente es un llamado a la acción, la imperiosa necesidad de ponerse en movimiento, de aprovechar cada segundo, y degustar desde lo más simple hasta lo más sofisticado, pero sin las prisas del día a día, saliendo de la rutina, con una actitud diferente, como si fuera la última vez que vamos a realizar lo que estamos haciendo.
Es hora de cambiar de paradigma, si tradicionalmente se ha estudiado el problema, el desequilibrio, el sufrimiento, ahora debemos analizar el estado de felicidad, a las personas equilibradas; basta ya de estudiar la enfermedad, estudiemos la salud. Ya lo sabían Buda, Lao Tsé, o los estoicos griegos que inspiraron la máxima carpe diem, atrapa el día, vive el momento. Lo cual no implica actuar segun el capricho del instante sin tener en cuenta las consecuencias de nuestos actos; lo que nos da la felicidad no es la inconciencia, sino la plena conciencia, los cinco sentidos puestos en lo que estamos haciendo o viviendo, en las personas que tenemos a nuestro alrededor. Montaigne decía que los seres humanos en su mayoría, no habitan en el tiempo presente porque unas veces están en la añoranza, en el remordimiento o la queja del pasado, y otras en el miedo o el deseo del futuro; desafortunadamente tenía toda la razón. Vivir el presente no implica olvidar las cosas que han sucedido, ni deshacerse de los planes para el futuro, lo que trae inherente es un llamado a la acción, la imperiosa necesidad de ponerse en movimiento, de aprovechar cada segundo, y degustar desde lo más simple hasta lo más sofisticado, pero sin las prisas del día a día, saliendo de la rutina, con una actitud diferente, como si fuera la última vez que vamos a realizar lo que estamos haciendo.
