Revista Opinión

De la pana a la coleta

Publicado el 14 noviembre 2014 por Manuelsegura @manuelsegura

felipe

Parecidos temores a los que ahora suscita una formación emergente como es Podemos, se vivían en la España de finales de la década de los setenta del pasado siglo con los socialistas. Como en aquellos días cantaba el grupo onubense Jarcha, gente que viniendo de una dictadura solo deseaba su pan, su hembra y la fiesta en paz, veía en unos jóvenes ambiciosos, que lucían el pelo largo y vestían de pana, un elenco de peligrosos marxistas que acabarían con el país.

Felipe González, al que todavía había quien llamaba Isidoro –nombre que adoptaría en la clandestinidad– y su fiel escudero, Alfonso Guerra, eran los Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero de aquellos años en los que, por primera vez tras la Guerra Civil, el PSOE fundado por el homónimo del líder de Podemos, concurría a unas elecciones generales: era 1977. También entonces esos que damos en llamar poderes fácticos se preguntaban qué sería de España si esos inexpertos dirigentes, que apenas tres años atrás se habían hecho con la dirección del partido en el congreso de Suresnes desbancando al histórico Rodolfo Llopis, desalojaban al poder establecido. Había más que temor en la banca, la patronal y ya no digamos en el Ejército.

Desde la UCD se hicieron esfuerzos ímprobos por inocular el miedo al pueblo español, temeroso de adentrarse en unos laberintos que pudieran resultar inescrutables. Adolfo Suárez utilizaría todas las artimañas a su alcance, si bien en un principio hubo quien creyó que el auténtico enemigo sería el que más había maniobrado desde el exilio: el PCE. A tal punto llegaron las cosas que Leopoldo Calvo Sotelo llegó a reconocer que ellos ayudaron “con bastante dinero” a los propios socialistas ante el miedo a que los comunistas arrasaran en las urnas.

El PSOE no ganaría en 1977, como tampoco lo haría en 1979. Solo la debacle de UCD propiciaría su aplastante triunfo de 1982, con aquella mayoría absoluta tan apabullante que les sorprendió hasta a ellos mismos. Es paradójico que, pasado el tiempo, vuelvan los miedos y que ahora andemos enzarzados con otro tipo de políticos de nuevo cuño, de quienes se asegura que ponen en peligro el sistema edificado en la pretérita Transición, y a los que se identifica despectivamente acaso por una coleta y unas camisas de cuadros adquiridas en Alcampo.


De la pana a la coleta

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