Revista Opinión

Domingo Artés, el mago más solidario

Publicado el 06 septiembre 2026 por Manuelsegura @manuelsegura
Domingo Artés, el mago más solidarioDomingo Artés con David Copperfield

Cuentan que Harry Houdini, uno de los mayores magos de la historia, confesó a su hermano a la hora de exhalar su último aliento: “Me siento cansado de luchar; parece que esto me va a vencer”. Fue en 1926, cuando el ilusionista y escapista húngaro tenía 52 años y luchaba contra una peritonitis que resultó letal. El mago murciano Domingo Artés, admirador de Houdini y de David Copperfield, también llevaba algún tiempo peleando contra otra enfermedad, que ha puesto caducidad este domingo a su vital existencia a los 65 años. Vocacional del oficio por antonomasia, contaba que quedó impactado cuando de pequeño, a los 8 años, vio los trucos que exhibía un mago en la plaza de la iglesia de La Arboleja, pedanía murciana donde nació en 1961. Tras ese día, decidió cambiar todos sus tebeos del Capitán América, Spiderman o Roberto Alcázar y Pedrín por un libro de magia y fue ahí donde comenzó su progresión en el mundo del misterio y la ilusión.

En 1996, la ‘vedette’ Norma Duval lo contrató para su espectáculo en el Casino Costa Blanca de Benidorm. En 1997 abrió un café-teatro en Murcia para propagar la magia entre sus clientes y amigos. Y lo llamó La Varita Mágica. Con denodado esfuerzo, consiguió que los espectáculos de magia se incluyeran en muchos de los programas de fiestas de los municipios de la Región. Su manía era que siempre entraba al escenario con el pie derecho.

En 2001, con motivo de su participación en un programa en TVE junto a Juan y Medio y la cantante Lolita, decidió proponer al Ayuntamiento de Murcia la celebración de un festival internacional de magia, de carácter anual, en el Teatro Romea. Amigo del también recientemente desaparecido Juan Tamariz, contó con él para algunas de estas ediciones, así como con otros excelentes profesionales. Siempre solía hablar bien de sus colegas, a los que respetaba aunque estos fueran noveles. Ese mismo año fue elegido rey Baltasar para participar en la cabalgata de los Magos en Murcia. Acompañado de la inseparable Mayi, María Bravo, su esposa y ‘partenaire’, reconocía que su número preferido era desintegrarla y trocearla en tres partes en el escenario: “Ella es el cincuenta por ciento del espectáculo”, solía decir de la mujer a la que conoció en el instituto a los 16 años y con la que tuvo tres hijos.

En una ocasión me contó una anécdota que le ocurrió con la cantante Rocío Jurado, quien reclamó su presencia en 2004 para que actuara en una fiesta privada en su domicilio madrileño. Domingo se trasladó hasta el chalet de Montealto, en la exclusiva urbanización de La Moraleja, se preparó y actuó con gran éxito entre los ilustres invitados de la chipionera. Acabada la sesión, el mago recogió sus bártulos y se dispuso a marcharse. Nada habían hablado del caché de la actuación, por lo que, me confesó, no se atrevió a pedir que le pagaran. “Además -me dijo en un rasgo de sinceridad-, para mí era todo un honor y un privilegio que aquella celebridad de la copla hubiera pensado en mi persona para participar en aquel evento privado e íntimo”. Cuando ya se disponía a abandonar la casa, la cantante salió a despedirlo, le dio las gracias y le entregó un sobre cerrado. Domingo rehusó aceptarlo, pero ella insistió alegando que el trabajo de un artista siempre tenía que ser retribuido, salvo cuando se trataba de un acto benéfico, de los que ambos habían protagonizado muchos en su carrera profesional. El mago me reconoció que, por lo que contenía aquel sobre, se consideró más que pagado.

En 2024, recibió una placa de reconocimiento del Club de Ilusionistas Profesionales de España por su apoyo al colectivo. Solidario, como pocos, Domingo Artés, que llegó a actuar en Las Vegas, y también ante Pelé, en Río de Janeiro, y Woody Allen, en Nueva York, a los que le impresionó conocer, consideraba que un mago no descansaba nunca; que siempre debía estar preparando y ensayando sus trucos. Que lo mejor era hacer feliz a la gente. Y que los magos nunca se jubilan. Hay quienes dicen que no creen en la magia porque aseguran que no existe. Son aquellos que, muy posiblemente, nunca la encontrarán a lo largo de su vida.

[La Verdad de Murcia, 6-9-2026]


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