«El último abordaje pendiente:
leyendo por fin ‘El Captain Blood’.»♦Prólogo de Arturo Pérez-Reverte.♦
«Peter Blood, bachiller en Medicina y otras varias cosas además, fumaba en pipa y cuidaba sus geranios en el alfeizar de su ventana sobre Water Lane, en la ciudad de Bridgewater». Esta primera frase del Capítulo Primero de la novela tengo que reconocer que me encanta y además nos muestra como era Peter Blood.
El capitán Blood es una de las grandes novelas de corsarios del siglo XX y, al mismo tiempo, una refinada recreación histórica que combina acción, ironía y un extraordinario sentido del ritmo narrativo.
La historia es bien conocida. Peter Blood, médico irlandés de carácter racional y temperamento independiente, se ve arrastrado por circunstancias ajenas a su voluntad tras la fallida rebelión de Monmouth contra Jacobo II. Condenado injustamente y deportado al Caribe como esclavo, acabará transformándose en el temido capitán Blood, corsario de fama legendaria. La peripecia podría resumirse como un relato de venganza y ascenso social, pero Sabatini la convierte en algo más complejo: una reflexión sobre la libertad, el honor y la capacidad de un hombre para mantenerse fiel a sí mismo en medio de la adversidad.
Lo primero que sorprende al lector contemporáneo es la elegancia de la escritura. Sabatini posee la rara habilidad de narrar episodios trepidantes sin sacrificar la precisión del lenguaje ni la construcción psicológica de sus personajes. Las persecuciones navales, los abordajes y las intrigas políticas se suceden con naturalidad, sostenidos por diálogos ágiles y una ironía que evita cualquier exceso melodramático. Blood no es un héroe impulsivo ni un aventurero convencional; su inteligencia y su escepticismo lo convierten en una figura singular dentro de la tradición del género.
La novela destaca también por la construcción de sus personajes y por la sutileza con la que Sabatini introduce elementos sentimentales en una trama dominada por la acción. No es casual que el barco de Blood lleve el nombre de Arabella, en homenaje a Arabella Bishop, hija del gobernador de Barbados y figura central en la dimensión afectiva del relato. El nombre de la nave funciona como un discreto recordatorio de que, detrás del temido corsario, permanece el hombre que conserva intactos sus sentimientos y su sentido del honor.
La novela destaca asimismo por su ambientación histórica. El Caribe del siglo XVII aparece como un espacio donde confluyen imperios rivales, intereses económicos y ambiciones personales. Sabatini demuestra una notable capacidad para integrar estos elementos en la trama sin convertir la narración en una lección de historia. Todo fluye al servicio de la aventura, pero la aventura se asienta sobre una sólida base documental.
Leída hoy, El Captain Blood conserva intacta gran parte de su poder de seducción. Es cierto que algunos códigos narrativos responden a otra época y que ciertos personajes secundarios presentan una caracterización más funcional que profunda. Sin embargo, la energía del relato, la simpatía que despierta su protagonista y la impecable arquitectura de la novela compensan sobradamente esas limitaciones. No resulta difícil entender por qué ha seguido encontrando lectores durante más de un siglo.
Hay además una circunstancia personal que ha acompañado esta lectura. De los veinte títulos publicados hasta ahora en la colección Zenda-Edhasa, este es el único que no había leído durante mi juventud. Quizá por eso la experiencia ha tenido algo de ajuste de cuentas con una ausencia largamente pospuesta. Frente a tantos clásicos revisitados desde el recuerdo, El Captain Blood llegaba por primera vez, sin el filtro de la nostalgia. Y lo hacía para demostrar que algunos libros no necesitan la complicidad de la memoria para conquistar al lector.
Porque la novela de Sabatini sigue ofreciendo exactamente lo que promete: aventuras en estado puro, personajes memorables y el placer, cada vez más raro, de dejarse llevar por una historia magníficamente contada. Un clásico que mantiene el rumbo con sorprendente firmeza frente al paso del tiempo.
Lee y disfruta de un fragmento de la novela.
El autor:
Rafael Sabatini, nació en Jesi, Italia, en 1875. Sus padres -ella inglesa, y él, italiano- eran profesores y cantantes de ópera. Vivió y estudió en Inglaterra, Portugal y Suiza, y finalmente se afincó en el Reino Unido a los diecisiete años. Tras un breve paso por el mundo de los negocios, comenzó a escribir en 1890, en inglés, su lengua materna. Durante la Primera Guerra Mundial, trabajó como traductor para los servicios de inteligencia británicos, y en 1918 adquirió la nacionalidad. En 1915 vio la luz una de sus obras más conocidas: El halcón del mar. Pero fue en 1921, con la publicación de Scaramouche, cuando alcanzó el éxito, que un año después vio consagrado gracias a El Capitán Blood (1922). Su salud empeoró con el tiempo, y con ella su hasta el momento fecunda producción literaria (treinta y cuatro novelas, ocho colecciones de cuentos, de libros de no ficción, numerosos cuentos no recopilados y varias obras de teatro), hasta que, finalmente falleció en Suiza el 13 de febrero de 1950. Varias de sus novelas, ha sido llevadas al cine.
El libro:
El capitán Blood (título original: Captain Blood, 1922) ha sido publicado por la Editorial Edhasa en su Colección Zenda-Edhasa. Traducción de Guillermo de Boladeres, con Prólogo de Arturo Pérez-Reverte y con la ilustración de la cubierta de Vanesa Andrés. Encuadernado en rústica sin solapas, tiene 480 páginas.
Como complemento pongo el trailer de la película Captain Blood (1935) con Errol Flynn y Olivia de Havilland,
Para saber más:
https://es.wikipedia.org/wiki/Rafael_Sabatini
