
FICHA TÉCNICA:
Dirección: Alexander Sokurov
Guión: Alexander Sokurov, Marina Koreneva
Producción: Andrei Sigle
Fotografía: Bruno Delbonnel
Montaje: Jörk Hauschild
FICHA ARTÍSTICA:
Fausto: Johannes Zeiler
Prestamista: Anton Adasinski
Margarita: Isolda Dychauk
Wagner: Georg Friedrich
Esposa del prestamista: Hanna Schygulla
Madre de Margarita: Antje Lewald
Argumento:
FAUSTO, de Sokurov, no es una adaptación cinematográfica de la obra de Goethe en el sentido habitual de la palabra, sino una lectura de lo que queda entre líneas. ¿De qué color es un mundo que da a luz ideas tan colosales? ¿A qué huele? El universo de Fausto es sofocante: ideas que harán temblar el mundo nacen en el espacio reducido en el que se mueve. Es un pensador, un portavoz de ideas, un transmisor de palabras, un maquinador, un soñador. Un hombre anónimo empujado por instintos básicos: el hambre, la codicia, la lujuria. Una criatura infeliz y perseguida que plantea un reto al Fausto de Goethe. ¿Por qué contentarse con el momento si se puede ir más allá? Cada vez más allá, siempre hacia delante, sin darse cuenta de que el tiempo se ha detenido. Tú también desaparecerás.

Habiendo ganado el León de Oro en Venecia y siendo Fausto una de las historias más fascinantes de la literatura universal, uno tiende a esperarse ciertas cosas cuando entra en una sala de cine.
Intentando encontrar adjetivos para describir la película se me vino a la cabeza un término que usamos los historiadores del arte que le viene al pelo: horror vacui. Horror al vacío es lo que designa al artista que siente ansiedad por rellenar todo el espacio creativo disponible, causando un apelotonamiento de conceptos e imágenes que asfixian el conjunto. Esto es lo que le pasa a Fausto: narración casi en continuum, actuaciones tan deformadas que parecen grotescas, diálogos solapados, etc.

El horror vacui es una característica del arte primitivo, y está claro que ese no es el caso de un director como Alexander Sokurov. Entiendo que lo grotesco y sofocante de la película es un recurso usado con pleno conocimiento de causa. El problema es que no sé cuál es el propósito de su uso, a parte de condenar al espectador medio a dos horas y media de agonía cinematográfica, hasta el punto de ni siquiera dejarle recrearse en las cosas más bellas de la cinta como su hermosa fotografía y dirección artística.

Quizás yo tenga un gusto muy clasicista, pero en mi opinión, la deformación estética hace que las reflexiones morales resulten superficiales y uno de los aspectos más apasionantes de la obra de Goethe que es la relación entre Fausto y Mefistófeles -un tira y afloja lleno de engaños y segundas intenciones – queda descafeinado y sin el jugo que se le podría haber sacado.
Advertisement