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En tierra hostil, la desactivación de explosivos como droga

Publicado el 04 marzo 2010 por Carmelo @carmelogt


Para el personaje principal de En tierra hostil, el sargento James, la desactivación de explosivos en la guerra de Irak es una droga. Lo que le hace un personaje muy peculiar, la verdad, y le convierte además en lo que se da en denominar entre los mandos militares un valiente. Realmente, se trata de alguien temerario, y no es de extrañar debido a su profesión. Y digo profesión, porque él se toma la guerra como una profesión arriesgada y hay profesiones de las que las personas se hacen adictos.
Y aunque se ha dicho que esta película es una película sobre la guerra, yo diría más bien que es una película centrada en el escenario de la guerra. Y en un cuerpo de élite. No creo que la mayoría de soldados estadounidenses en Irak hayan sufrido la tensión que tienen nuestros protagonistas.
Dejando estas pequeñas puntualizaciones de lado, En tierra hostil, o The hurt locker, que parece va a ser la gran triunfadora en los Oscars, posee grandes virtudes cinematográficas. Posiblemente, para empezar, es la mejor película americana basada en la guerra de Irak, superando a En el valle de Elah. Pero además nos introduce en un mundo, en una tierra, extraña, inhóspita, donde los soldados americanos de este cuerpo de desactivación de explosivos se juegan la vida a cada instante y son amenazados por múltiples ojos que acechan en cualquier ventana, por cualquiera que posea algo que pueda ser un detonador.
El suelo puede levantarse ardiendo, una bomba puede explotar debajo de un coche, o en un montón de basura, o un niño puede ser una bomba humana, puede haber terroristas suicidas que no lo son tanto, o si estás en medio del desierto puedes sufrir una encerrona que te cueste la vida.
El sargento James (Jeremy Renner) tiene madera de héroe, es un ser humano que no se plantea que se juega la vida en cada misión, y además sus métodos son directos, lo cual causa la extrañeza y la desaprobación, a veces, del resto del equipo. Pero su valor está fuera de toda duda.
The hurt locker es una película que te mantiene en constante nerviosismo, nunca sabes qué puede pasar. Eso es, desde luego, un logro, porque hace partícipe al espectador de la incertidumbre que sufren los soldados.
Todos, los artificieros, y el público de la sala, estamos en una tierra hostil, ese Irak que casi se convierte en un mundo apocalíptico donde lo importante es solo sobrevivir un día más, un instante más.
Escenas bélicas las hay buenas en el film, pero para mí la mejor es la de la emboscada en el desierto, ahí es dónde James se convierte en el líder del grupo enseñándole a Eldridge cómo se limpia la munición ensangrentada y dándole un zumo a Sanborn después de deshacerse de un enemigo. Todos nos quedamos como estos soldados, paralizados, y preguntándonos si habrá algún iraquí más entre las sombras de la arena desértica.
Decir también que cada vez que James se pone su traje galáctico se nos enfatiza la idea de encontrarnos en un mundo díficil y arriesgado, es un traje como de astronauta pero los adversarios no son extraterrestres sino iraquíes que parecen ropa tendida en una azotea, sábanas que se mueven peligrosamente, que se agitan en el viento.
Parece justificado que estos “valientes” tengan que recurrir al alcohol y los juegos casi autodestructivos en su tiempos de asueto. Porque cuando trabajan, no saben cuanto tiempo más pueden estar vivos.


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