Revista Libros

Eric Berne por Terry Berne, entrevista

Publicado el 29 noviembre 2012 por Lilik
Eric Berne por Terry Berne, entrevistaEncuentro con… Terry Berne Para este número de Actualités en Analyse Transactionnelle, hemos querido dar la palabra a Terry Berne, el hijo menor que tuvo Eric Berne de su segunda esposa, Dorothy. Terry tenía 15 años cuando murió su padre.
Terry vive en España desde hace bastantes años y en Madrid desde hace algunos. Es periodista y escritor. Sus artículos tratan de viajes, ensayos y mucho sobre arte. También escribe poesía. Es crítico de arte, en particular, para una revista internacional: Art of America. Ha escrito dos novelas, una de ellas se publicará pronto en España. Para la Revista A.A.T., Elyane Alleyson se encontró con Terry en Madrid para hacerle esta entrevista.
Elyane Alleyson: Buenos días, Terry, estoy muy contenta de encontrarte y de charlar contigo sobre tu padre, Eric Berne. El número de julio 2010 de la Revista A.A.T., publicada por Les Éditions d'Analyse Transactionnelle se consagrará al centenario del nacimiento de Eric Berne. Hemos pensado que una entrevista con su hijo hablándonos de su padre, será la bienvenida para ese número.
Terry Berne: Fue muy interesante crecer en su entorno: mi padre viajaba mucho, a todas partes del mundo. Teníamos, por ejemplo, cajas de tarjetas postales que nos enviaba y su pasaporte con los sellos de todos los países que había visitado. Viajaba por dos razones: Estudiar los hospitales psiquiátricos (como en los Mares del Sur, en India, en Turquía y en Libia, ha escrito artículos a este respecto) y respondiendo a invitaciones para dar comunicaciones sobre A.T. en Congresos. Recibía cartas de médicos de todos los rincones del mundo, que le respondían a sus preguntas sobre la salud mental de sus países. El aspecto multicultural de la psiquiatría le interesaba mucho, como la incidencia comparada de la esquizofrenia en Tailandia, en India, en Bulgaria, en Turquía y en los países del Oeste, como Europa o los Estados Unidos.
E.A.: ¿Por qué se interesaba en la psiquiatría de países tan diversos? Portada Revista AAT Julio de 2010
T.B.: No sé realmente por qué. Posiblemente quería saber si estas teorías se podían aplicar al ser humano en general, o bien si concernían solamente al mundo Occidental y a los occidentales. Pienso también que él tenía una inmensa cultura… Puede ser también que fuera sólo por curiosidad, como su padre, que se interesaba también en la investigación estadística de las diferentes enfermedades. Habla de ello en el anexo del libro del que hablamos ayer.
E.A.: ¿Eras tú consciente de su trabajo en Análisis Transaccional?
T.B.: Sí, enseguida fui consciente. Antes de hacerse famoso, tenía su Seminario de Psiquiatría Social en San Francisco en el que siempre participaba un grupo de personas. En esta época vivíamos en Carmel, al sur de San Francisco. Iba a San Francisco cada semana el martes y regresaba el jueves. En Monterey, creó rápidamente un seminario de verano para todas las personas que se interesaban por el Análisis Transaccional. Me llevó a muchos actos de este tipo cuando era un niño. Era consciente también de su vida profesional, porque trabajaba todo el tiempo: yo volvía a casa al final del mediodía sobre las 5 o las 6, y a las 7 estaba él en su oficina para trabajar y escribir. Había instalado un interfono entre la casa y su oficina. De este modo no tenía que desplazarse a la casa si teníamos preguntas que hacerle, o no teníamos que ir nosotros a su oficina. Su oficina era en cierto modo secreta. No se le podía interrumpir cuando trabajaba, pero al final pasábamos mucho tiempo con él en su oficina. Le interesaba mucho la ciencia y nos la enseñaba. Estaba suscrito a muchas revistas científicas. Siempre estábamos haciendo experimentos. Había un telescopio que sacábamos de noche, detrás de la casa para observar la luna. Teníamos un acuario poblado de peces, estrellas de mar, erizos, que habíamos recogido en la orilla del mar: nunca compramos ni un solo ejemplar. Para cambiar el agua del acuario, transportábamos enormes cubos de agua del mar a la casa. Recibía catálogos de instrumentos científicos (precisamente el famoso catálogo Edmund's Scientific, de Canadá y compramos entre otras cosas un microscopio con el cual observamos multitud de cosas).
E.A.: ¿Cuáles son tus recuerdos personales más importantes?
T.B.: Incluso si trabajaba mucho, él era un padre muy atento, pasaba mucho tiempo con nosotros. Íbamos a menudo a la playa de al lado, alrededor de dos veces por semana. Nadábamos un poco, pero el agua estaba muy fría. Él lanzaba un gran termómetro engastado en metal entre las olas, esperábamos de 5 a 10 minutos. Después lo sacábamos para leer la temperatura. Siempre era muy fría, no como la del Mar Mediterráneo, era el Pacífico Norte. Él nadaba, hacía jogging y ejercicios físicos en la playa. Y a continuación, estaba también el "dad's gang", como lo llamábamos, que venía regularmente a la playa; se trataba de sus amigos próximos, todos bohémios: pintores, escritores, conductores de taxi, comerciantes… De seis a ocho personas con los que nos sentábamos; mi padre era muy sociable y apreciaba el hecho de no hablar de asuntos profesionales todo el tiempo… Pasaba también mucho tiempo enseñándonos a jugar al ajedrez. Era muy serio cuando se trataba de ajedrez y de póker. Intentó también enseñarme álgebra y matemáticas en un momento en el que yo era muy pequeño para aprender eso. No he tenido mucho éxito en esas materias. Eso a mi pare le frustró infinitamente. Recuerdo también que hablaba muchas lenguas. Hablaba griego antiguo y latín. Las hablaba realmente. De este modo podía citar referencias en griego antiguo. Era muy bueno en etimología y conocía bien los orígenes latinos o griegos de las palabras. Tenía un gran sentido del humor; no sé si sus colegas tuvieron la ocasión de percibirlo. Siempre estaba bromeando o gastando bromas.
E.A.: ¿Te gusta hablar de él?
T.B.: Claro que sí. Creo que merece nuestra gratitud y nuestro respeto por el trabajo extraordinario que hizo. Ha dejado un gran legado. Me gusta rendirle homenaje haciendo lo que esté en mi mano para mantener viva esta herencia, este patrimonio.
E.A.: ¿Hay otras cosas que te gustaría compartir de su vida personal?
T.B.: Le gustaba que sus hijos participaran en ciertos rituales alrededor de su actividad profesional. Después del seminario de San Francisco, y si estábamos en la ciudad, nos invitaba a cenar en el restaurante con el grupo de personas que habían participado en el seminario. Me invitaba siempre a acompañarle a los Congresos a los que asistía. Me pedía también ayuda para sus libros. No estoy seguro para qué me necesitaba realmente. Me pedía ayiuda para los índices, para encontrar el origen de citas, quería saber quién había escrito el original, me pedía también que verificara que los hechos que relataba eran correctos, probados. Era muy activo. Como padre, estaba a menudo ausente, pero no le he vivido como un padre ausente.
E.A.: ¿Era particularmente a ti a quien pedía ayuda?
T.B.: Sí, porque yo estaba particularmente interesado en la lectura, desde muy pequeño, por eso me parecía natural, lo que no era precisamente el caso de mi hermano. Tenía una biblioteca enorme y desde muy jóven he leido libros para adultos. Tenía muchas obras sobre arte. Desde mis siete, ocho años, ya había ojeado sus libros de arte. Comocía a Goya, Van Gogh, tenía mi artista preferido. No es que el intentara hacer de mi un Superniño, era simplemente porque esto formaba parte del ambiente de la casa.
E.A.: ¿Puede ser este tu fundamento para trabajar en el mundo del arte actualmente?
T.B.: Sí, es posible. Yo hubiera querido ser biólogo oceánico, pero las matemáticas eran demasiado difíciles para mi. Si hubiera insistido en el estudio de las matemáticas, estoy seguro de que hubiera podido convertirme en biólogo y hubiera tenido una vida completamente diferente. Me gusta también lo que hago. Me gusta ser escritor.
E.A.: ¿Qué has escrito?
T.B.: He escrito dos novelas que se han publicado por el momento. Una de ellas va a ser publicada pronto en España. Escribo ensayos, sobre viajes y arte. Escribo también poesía.
E.A.: ¿Conoces tú el motivo por el que tu padre cambió su nombre Bernstein por Berne?
T.B.:Pienso que fue porque había, en aquel momento, un cierto antisemitismo en los EE.UU. Debió pensar que esto facilitaría su inserción profesional y en la sociedad norteamericana. Estaba en Yale, que era un bastión protestante. Nosotros no hemos hablado nunca de esto, pero sé que no hubo en esta decisión un rechazo a sus orígenes judíos. Él nos educó con un cierto espíritu judío, no diría yo que religioso porque nunca fuimos a la sinagoga. Nunca he ido a un Bar Mitzvah, que es un rito judío para convertirte en adulto. Él no era religioso en ese sentido. Pero muchas veces a lo largo de la semana, antes de cenar, nos leía extractos del Viejo Testamento. Era una especie de cultura histórica. Debíamos conocer la historia de la Biblia. Y decíamos cada noche, una oración judía antes de acostarnos. Una especie de oración ritual: Venía, se sentaba en la cama y decíamos la oración, después nos abrazaba y nos daba las buenas noches. Este era todo el contenido de nuestra educación religiosa. Éramos conscientes de ser judíos, éramos conscientes de que el hecho de provenir de esta cultura en particular, significaba mucho para él, pero como he dicho, nosotros no hemos tenido jamás un color religioso particular en nuestra educación. Nunca hemos celebrado las fiestas judías. Era más una cuestión cultural para decirnos: "He aquí de donde vienen nuestros padres y nuestros abuelos". Sus padres y sus abuelos eran originarios de Polonia, de una ciudad llamada Pinsk. Ser judío era importante para él. No creo que renunciara a sus nombre por rechazo, sino por cuestiones prácticas.
E.A.: ¿Sufrió el antisemitismo?
T.B.: Nunca hemos hablado de ello. Lo que acabo de decir acerca de su cambio de apellido, son mis propias hipótesis.
E.A.: ¿Fue a Polonia para encontrar sus raíces y posiblemente sus orígenes familiares?
T.B.: Posiblemente , pero viajó mucho a los países del Este. De todas formas nunca le oí hablar ni he visto tarjetas postales de Pinsk.
E.A.: ¿De su familia que emigró a Canadá?
T.B.: Creo que sus abuelos llegaron a Montreal cuando sus padres eran pequeños. En el libro A Montreal Childhood habla de ello.
E.A.: ¿En la entrevista que hiciste con Bill Cornell, mencionabas los problemas que tuvo en el periodo del MacCartismo?
T.B.: Tampoco habló mucho de ello. No era abiertamente activo en política. Tenía ideas y opiniones políticas, y las separaba bien de su trabajo, hablaba poco de ello con sus colegas. Guardaba sus opiniones en secreto. Pero creo que se asustó mucho cuando sucedió. Firmó una petición pidiendo al Gobierno Americano la despolitización de la investigación científica. El gobierno quería dejar de financiar a los grupos científicos considerados de izquierdas o que tuvieran alguna afiliación con movimientos de izquierdas. Mi padre era demócrata, un demócrata convencido. Firmó esta petición junto con un centenar de científicos y se demostró que este escrito se difundió por un movimiento de izquierdas. Todos los firmantes, incluidos renombrados científicos, se consideraron sospechosos de ser antiamericanos, mi padre incluido. Y como además, viajaba mucho a la Europa del Este durante la guerra fría, además de a Turquía y a Siria antes de la 2ª Guerra Mundial, países con tensiones geopolíticas fuertes, cargado además de intrigas de espionaje, mi padre se convirtió en sospechoso y tuvo problemas. Le retiraron el pasaporte y tuvo que declarar ante la House of Un-American Activities Committee, que era el organismo precursor del MacCartismo. Fue también despedido de su empleo como psiquiatra en el Ejécito Americano, porque se le consideró como un riesgo para la seguridad. La C.I.A. le pidió que les enviara todas las cartas que tenía en su poder. Mi padre tenía gran cantidad de cartas de los diferentes países en los que había estado. Tenía también multitud de guías, diccionarios, manuales de aprendizaje de lenguas extranjeras, por ejemplo el turco o el indonesio, porque le gustaba hablar en el idioma de los países que visitaba. Tuvo que declarar para convencerles de que no apoyaba a organizaciones que querían derrocar al gobierno de los EE.UU., y que viajaba por su trabajo en psiquiatría y no por razones políticas. Es este un episodio de su vida que casi nadie conoce. Incluso sus colegas más próximos no estaban al corriente de esto.
E.A.: Eric Berne fue primero psicoanalista. Fue rechazado por la Sociedad de Psicoanálisis. ¿Qué sabes de esto?
T.B.: Es posible que no fuera admitido tras su primera entrevista con el jurado, porque trabajaba sobre la intuición, tema visto como completamente ajeno a los dominios del psicoanálisis. Probablemente fue una buena cosa que le rechazaran, porque esto le dio el impulso final que le permitiera desarrollar su propia teoría de forma sistemática. Y más tarde, cuando la Sociedad de Psicoanálisis le pidió que se uniera a ellos, el lo rechazó.
E.A.: No sabía que le pidieron que se uniera a ellos.
T.B.: Sí, se lo pidieron, algunos años más tarde, cuando se hizo famoso. Y entonces, les rechazó. Pienso que esta fue una gran decepción y una sorpresa para él cuando ocurrió.
E.A.: ¿Ser rechazado?
T.B.: Sí.
E.A.: ¿Y cuando les rechazó él a ellos?
T.B.: La sorpresa fue para ellos (se ríe).
E.A.: ¿Se trataba de una pequeña revancha?
T.B.: Sí, exactamente, fue una revancha. Una de mis citas favoritas es un proverbio sufí que dice: "Para llegar a la verdad, es necesario primero ser acusado de herejía por un millar de personas honestas."
E.A.: Sabes por qué tu padre ha llamado al primer Curso de Análisis Transaccional un "101" (one o one)?
T.B.: Porque en los EE.UU. un curso de introducción en las Universidades se llama un "101". Es un curso de introducción. Si quieres seguir un curso de Literatura francesa, el primer año, iniciarás un 101 de literatura francesa. Es una especie de homenaje al sistema universitario norteamericano.
E.A.: ¿Piensas que tu padre hubiera imaginado que el Análisis Transaccional estaría tan vivo en nuestros días?
T.B.: Me he hecho a menudo esta pregunta. A su muerte, el A.T. estaba en pleno crecimiento y ya en varios países.
E.A.: Y después se redujo el auge…
T.B.: Se redujo en EE.UU.. Pienso que estaría ciertamente asombrado de la existencia de asociaciones en 43 países, creo. También sus libros se han traducido a lenguas que no se esperaban: búlgaro, rumano, coreano. Y en India, hay una pequeña región donde viven cinco millones de personas con una lengua particular en la que hay una asociación de A.T. e ¡incluso uno de sus libros está traducido a esa lengua! El sueco Thomas Olhson, está introduciendo el A.T. en China y está teniendo mucho éxito. Mi padre estaría probablemente sorprendido, me pregunto si se daba cuenta de que el A.T. avanzaba, aunque viajaba mucho y el A.T. comenzaba a ser conocido en muchos países. No obstante, pienso que estaría sorprendido. Si estuviera vivo, hum… ¡¡¡tendría 100 años!!!, si hubiera vivido más, digamos treinta años más, esta expansión no hubiera sido sorprendente, porque hubiera continuado trabajando, hubiera continuado dándole impulso escribiendo nuevos libros. Uno de mis amigos en España que está más especializado en gestalt, me ha dicho que en todos los cursos de psicología, no solo los de gestalt, los de eneagrama, terapia del arte, etc. Siempre se menciona el A.T.. En los EE. UU. no tiene la misma consideración. En los años 90, en España, en Barcelona, había una sección entera de libros dedicados al A.T. en las librerías. Si alguien va a cualquier librería en los EE.UU, incluso las más grandes, no tienen ni un solo libro de A.T.. Posiblemente se pudiera encontrar "Games People Play", que acaba de ser reeditado. No sé por qué en los EE.UU. el A.T. está considerado como menos serio, menos instalado en los circuitos clásicos universitarios.
E.A.: ¿Tienes alguna idea acerca de las razones que empujaron a tu padre a desarrollar el A.T., antes que continuar como psicoanalista?
T.B.: Dos razones, pienso que coincidieron: Primero comenzó a descubrir cosas en su práctica, por la observación que le condujeron hacia ideas diferentes de las del psicoanálisis clásico. Además, era importante para él reducir la brecha entre la comprensión del psicoterapeuta y la del paciente. Quería crear un vocabulario. Él ha escrito Mind in Action, más conocido bajo el nombre de Layman's Guide to Psichiatry and Psychoanalysis, antes de desarrollar sus propias ideas con el objetivo de explicar el psicoanálisis a un público profano. Él era a todas luces un admirador de Freud. No creo que haya pensado jamás que estaba creando algo que no fuese freudiano.
E.A.: Pensaba que lo que creaba era Freudiano.
T.B.: Sí, sí. Se consideraba freudiano como Lacan se consideraba freudiano. Freud está en la base. Pensaba que lo que había creado era una especie de extensión o de modificación, pero que la esencia no cambiaba.
E.A.: Hubiera debido llamarlo psicoanálisis berniano.
T.B.: ¡Oh, sí!
E.A.: Porque "Análisis Transaccional" cambia el paradigma.
T.B.: Es una idea interesante. Freud no ha llamado a su enfoque: psicoanálisis freudiano, son otros los que le han dado este apelativo, para Berne, esto es tarea de otros hacerlo.
E.A.: Durante la comida me has dicho que se encontró con Fritz Perls.
T.B.: Sí, hay una foto en la que se les ve juntos. El Instituto de Esalen donde trabajaba Fritz Perls propuso seminarios durante largos años, hasta el fin de la vida de Perls. Este Instituto estaba muy cerca de nuestra casa, a 40 minutos en coche, teníamos que descender por la costa. Fui alguna vez con mi padre.
E.A.: ¿Para intercambiar conocimientos con Perls?
T.B.: No sé lo que hacía mi padre. Yo me lo recorría todo. Era un lugar muy grande, con cuencas de manantiales termales, fuentes de agua caliente que sobresalían en el Océano. Había mucha gente en estas cuencas. Posiblemente mi padre iba para dar conferencias o para hablar con Fritz Perls o para encontrarse con otras personas. No se mucho. El Instituto de Esalen era, en los años sesenta, considerado como un vivero del movimiento del Potencial Humano. Era amigo también de Gregory Bateson. Conocía a Gregory Bateson en la isla de Hawai. Bateson cambiaba de disciplina científica aproximadamente cada 10 años. Era antropólogo, lingüista, cibernético, psicólogo y trabajaba con delfines. Era director del Instituto Oceanográfico de Hawai. Era director de un oceanórium, trabajaba sobre la lengua de los delfines. En 1.968, acompañé a mi padre a Hawai con mi hermano. Fuimos invitados por Bateson y pasamos toda la tarde en el oceanórium. Después cenamos en su casa, vivía en una espléndida mansión, en la costa hawaiana.
E.A.: ¿Por qué viniste a España?
T.B.: Un poco por casualidad. Viajé por Europa durante un año aproximadamente. Me gustaba viajar lentamente, sin dar grandes saltos. Durante varios meses viajé al norte de Europa y después vine a España. Me gustó mucho. Luego continué viajando, volví a los EE.UU., y finalmente volví a España con mi amiga. Encontramos una casa en la isla de Mallorca que acabamos comprando por el precio de un coche de ocasión el los EE.UU. Fue una gran experiencia en mi vida, un lugar maravilloso donde vivir. Al cabo de 10 años, quería salir de la isla porque no soportaba más estar alejado de todo contacto con el mundo de la cultura. Necesitaba tener más contactos. Mi amiga no quiso abandonar la isla donde ella florecía. Yo sabía que debía dirigirme hacia otra cosa. Nos separamos como buenos amigos. Tras mi separación, me fui a vivir un año a Amsterdam, pero echaba tanto de menos a España que volví.
E.A.: ¿Hay alguna pregunta que no te haya hecho a la que te gustaría contestar?
T.B.: Es interesante que me preguntes esto. Los periodistas de la revista de arte para la que trabajo hacen la misma pregunta al final de sus entrevistas. Creía que era una idea original de ellos. Posiblemente puedo decir algo acerca del nuevo libro. Este libro es la única biografía de mi padre que conozco, escrita por él, y es el primer libro suyo que se publica mucho después de su muerte. El libro tiene encanto, humor y aporta probablemente anécdotas de su vida, detalles sobre su familia y su vida en Montreal que la gente no conoce. Revela muchas cosas sobre él y permite identificar mejor su personalidad. Para todos aquellos interesados en el trabajo de mi padre, este libro será indispensable.
E.A.: Pienso que sí, estoy contenta de publicarlo próximamente en francés. Mon enfance à Montréal de Eric Berne
T.B.: Sin embargo, este no será un libro como "Las Cenizas de Ángela". No puedo juzgar por mi mismo la audiencia de la biografía de mi padre, pero para mí es un libro lleno en su interior de bellas cosas. Se descubren muchas cosas sobre sus padres. Creo que es interesante saber de qué medio procedía. E.A.: El libro llega ahora, justo por su centenario. ¿Cómo lo descubriste? T.B.: A su muerte, mi padre dejó tras de sí docenas de grandes cajas de cartón repletas de documentos. La mayoría de ellas eran manuscritos de libros inacabados, incluyendo muchas novelas, una historia para niños y mucho texto no organizado, susceptible de ser publicado bajo el título de A Montreal Childhood. Todos estos papeles quedaron en el anonimato durante años, en su oficina de Carmel. Cuando, finalmente me decidí a echar un vistazo, era un adulto y vivía en España. Me ha llevado años hacer el inventario de todo lo que había porque no iba a Carmel más que algunas semanas cada año. La mayor parte de estos documentos están depositados en los Archivos Eric Berne en la Universidad del Estado de California en San Francisco. Fue muy tarde en esta investigación que descubrí el manuscrito de Montreal e inmediatamente me gustó. Estaba lleno de digresiones y era realmente una primera escritura, un borrador. Decidí que quizá pudiera valer la pena editarlo. Al principio mi trabajo era lento y confuso: ¿Qué debía quitar? ¿Qué debía dejar? Pero una noche, en un sueño tuve una pequeña iluminación: La narración en sí misma debía ser propulsada por la voz del niño, era el elemento decisivo y si seguía este principio, cada elemento encontraría su lugar. Una vez decidí seguir mi propia intuición (y, de todas formas, nadie más hubiera hecho este trabajo) todo se situó en su lugar tranquilamente y al cabo de algunas semanas tenía una versión que mantenía el rumbo. A Montreal Childhood de Eric Berne
Entre las digresiones (todas muy interesantes), había una, muy larga (unas 6.000 palabras) sobre los diferentes documentos científicos de su padre. Encontré allí textos sobre su experiencia de médico de los pobres y un artículo criticando con dureza a la profesión médica que no tenía en cuenta la influencia de la pobreza sobre la vida cotidiana de las personas. Presentaba tratamientos contra enfermedades como la tuberculosis que sería necesario adaptar a las circunstancias de la vida real de las personas. E incluso, pensaba en tratamientos diferentes para los hombres y para las mujeres. Hablaba de diferentes actuaciones que propondría para aplicarlas en la sociedad y en casa.
La profesión médica era reticente a escuchar estas cosas, sobre todo viniendo de un joven doctor que no estaba adscrito a ningún hospital y que además era un judío que quería agitar a la sociedad protestante. No he podido integrar estos documentos en el cuerpo mismo del libro, así que los he incluido en un anexo, porque aclaran el medio cultural de mi padre.
E.A.: Uff, ¡Qué suerte tener una obra como esta! Esto permitirá comprender mejor que es lo que le anima en sus desarrollos teóricos. Muchas gracias Terry por toda esta información que va a permitir a nuestros lectores conocer mejor a Eric Berne.
T.B.: Gracias por haberme ofrecido la oportunidad de evocar estos recuerdos. Como he dicho antes, es para mí un patrimonio a transmitir. Fuente: http://www.analisistransaccional.eu/berne.html#bajar

Volver a la Portada de Logo Paperblog

Revista