Revista Diario

'Faucett: Los últimos días'

Por Florencio


"A Eugenia Burneo, quien en los años duros del cierre de CF llegaba siempre a nuestro viejo local de Pueblo Libre diciendo:  “Escuchen, ayer soñé otra vez que Faucett volverá a volar”
Eugenia, yo también como tú, creo que Faucett volverá a volar
Cuando era pequeño y tendría unos cinco años, vivía en Santa Cruz, Miraflores, muy cerca del antiguo aeropuerto y veía en lo alto el vuelo de los aviones todos los días, imaginándome que estaba arriba, volando. Cuando pasaban volando los aviones de Faucett, los naranjita, como los llamábamos en mi barrio yo corría como si deseara alcanzarlo cuadra tras cuadra llamando: papa, papá! papaaa, mis amigos se reían y gritaban conmigo y yo les decía que mi papi era piloto y ellos decían admirados - asu ¿Y has volado ya? - ¡claro! es muy bonito porque mi papá maneja los aviones y siempre me lleva.
Cuando papá llegaba a casa en las noches yo le decía que lo había visto volando, pero que no vi su mano para saludarme entonces él me decía que no podía soltar el timón del avión. ¿Mami estas lavando los uniformes de los pilotos?
- No hijito- decía mami- estos son de los trabajadores - mientras veía una fila de overoles colgados en el patio de la casa, mama se agenciaba con algunos ingresos lavando para la compañía. - ¿Trabajadores mami? y mi papi es trabajador o piloto.
- No, tu papi es piloto y tiene otro uniforme, (mi padre fue conserje de CF por casi cuarenta años) - Uf que bacán y cuando me va a llevar a volar mamita - Pronto hijo, pronto.
Otra vez pasaban los aviones de Faucett por el cielo y yo gritando papá, papá salúdame papiiiiii y les decía a mis amigos, vieron sacó su mano, ehhhhhh!! Chau papi y luego me quedaba mirando el cielo, soñando, soñando volar algún día.
No volé hasta tener 15 años en un aniversario de la compañía, en que esta organizó un festival de vuelos por la ciudad y recuerdo a una aeromoza altísima rubia de nombre Marita, quien nos prestaba las atenciones del caso.
A los Diez años visité el aeropuerto del callao, papá por fin me llevó a conocer su trabajo, supe que no era piloto.
- Papá prende la lustradora rápido que quiero manejarla - él la encendió - yo corrí a tomarla y no di ni dos pasos, era muy difícil y no tenía la fuerza suficiente para guiarla.
-Qué pasó - dijo papi- donde están los músculos – uf papi casi me lleva.
- Es todavía muy temprano para limpiar hijo, eso lo hago más tarde.
Estábamos en el departamento de comunicaciones, recuerdo haber visto por primera vez unos aparatos grandes que mi padre me explicaba que eran radios y yo preguntándole si se escuchaba música y el diciéndome que no, que eran radios de comunicación para hablar las provincias, como el teléfono, pero que no eran teléfonos y finalmente me dejo con mi tío a fin de que me diera las explicaciones necesarias.
Venia entonces mi tío Juan Taype, ya finado, acompañado de un señor alto muy fornido y poco cabello, era el Jefe de esa área, Oré era su apellido, lo vería por primera vez y luego lo haría por una segunda vez a los diecisiete años, cuando ingresé a trabajar, precisamente en ese lugar. Mi tío se deshizo en explicaciones técnicas sobre cómo funcionaba su sector, yo andaba entretenido cogiendo el micro de la radio, llamando – aló, aló, Cusco, Cusco, aló, aló mami aquí estoy con mi papá, me escuchas, cambio.
Eugenia, yo también como tú, creo que Faucett volverá a volar.
Le preguntaba a mi tío porque algunas de esas cosas no hablaban como las otras y solo se escuchaban ruiditos ti ti ti ti ta ti ta ti ta ti , me dijo que eran códigos, - caramba, pensé, como entenderán eso y mi tío dándole al teletipo raudo como el viento, me deleitaba viéndolo escribir , era rapidísimo, no sabía que se podía escribir así; él me miraba y escribía – tío no ves cuando escribes, ya te equivocaste - él solo reía y me guiñaba el ojo.
- Hey, muchacho ven un momento, ven para aquí - a pesar del ruido lo escuché y me acerqué, estábamos exactamente en medio del campo de aterrizaje, en el sector nuestro, que separaba Tráfico y Servicio en Vuelo y camino obligado de pilotos y tripulantes - detuve la bicicleta y lo saludé –
¿Cómo esta capitán Klein - sonrió me extendió su mano y dijo - de donde salió esa boina, ¿Acaso eres admirador del Che Guevara?
- Oh no capitán es que acabo de ingresar a la universidad
- Que bien, bien jovencito, entonces a estudiar se ha dicho, suerte y dígale a su jefe que ya hay que cambiar esa máquina ¿No? Usaba una bicicleta viejísima y hacia un tremendo ruido al manejarla - se despidió con una amable sonrisa. Así era Eugenia, tremendo piloto y una sencillez admirable, no te imaginas quede emocionado que aquél legendario capitán se hubiera fijado en un humilde mensajero. Volvería a conversar con él quince años después ya como Supervisor de Reservaciones lo atendí cuando solicitaba espacios para sus clientes, mientras administraba su agencia de viajes en la localidad de Chacarilla - Surco; entonces nos daba el nombre de su pasajero y para asegurarse que lo tomáramos correctamente, procedía a deletrearlo: t de tango, a de alfa, r de romio, entonces yo pensaba que el capitán no hablaba conmigo, el capitán seguía hablando con la torre de control, él nunca dejaría de ser un piloto.
Todos los jefes y supervisores de reservaciones estábamos atentos a lo que diría aquel nuevo funcionario que venía sin mayores pergaminos, él estaba sentado en su escritorio como nuevo jefe de promociones, luego seria Jefe de Ventas y Gerente de la misma. -Las ventas a Miami están muy bajas, los vuelos están saliendo con menos de la mitad de su capacidad y vamos a tomar algunas medida - dijo - luego continuo hablando del tema, fue una de las pocas veces que vi serio a Augusto Dalmau luego de algunas semanas más el CF292 reventaba de pasajeros.
Fue una etapa de abundancia y cambio de estilo la de Augusto, no podemos negar la simpatía que despertaba en las agencias y aunque solíamos hacerle bromas respecto a su AUTORIZAO de dos liberados por un full-fare, fue una de las mejores épocas que recordamos con él. -Hermanito - decía - apúrate y pide los vuelos que necesites para la temporada alta - apúrate Rubencito que mañana tengo reunión con los regionales y quiero ganarles en la programación - . Ese era Augusto luchaba duro por su área y su buen humor era desbordante, motivador. Marcó una época y hay que reconocer que fue un innovador con su estilo, Augusto Dalmau y García-Bedoya, siempre mencionábamos su segundo apellido, bromeándole: " para no olvidar tu abolengo hermano.
Eugenia, yo también como tú, creo que Faucett volverá a volar.
Por cosas del destino me tocó vivir los últimos días de Faucett, me tocó ver como se destrozaba la compañía, como caían sus piezas, al igual que un rompecabezas, como los buitres mordían sus carnes tratando de encontrar más carne, como a Vallejo le daban duro con un palo y también con una soga o quizás tratando de volarlo como a Túpac Amaru, tratando de matarlo y no podían matarlo. Fue una etapa dura Eugenia, sufrimos mucho, tanto por la compañía, como por nuestra situación, además de ver como la pasaban los compañeros. Recuerdo la fecha cuando hicieron el corte de personal, Eugenia allá en el aeropuerto la empresa cerró las puertas y veíamos a nuestros queridos viejos, mecánicos, empleados, técnicos, conserjes, mensajeros con los rostros demacrados, sorprendidos, no lo podían creer. Regresaron por mas una semana, estaban allí siempre todas las mañanas al pie del portón haciendo miles de especulaciones, esperando despertar e imaginarse que todo fue solamente una pesadilla; lamentablemente no fue así. . . . . . . . . Y la noche continuó.
Poco a poco el canto de las turbinas cesaron y no volamos más, allí se levanta la figura de la jefa. Ya no había empresa, pero Rebeca en su mismo lugar tratando de luchar contra lo imposible, recuerdo haberla visto preparándose para ir a una reunión del Visit-Usa.
- Que tal estoy hijo - me dijo, estoy un poquito delgada, verdad, pero hay que ir todavía pertenezco al grupo directivo y hay que estar presente. - Por su puesto jefa luce usted excelente - le dije La verdad es que estaba delgadísima, pero no puedo olvidar esa escena: estaba firme como esos generales que no se doblegan a pesar de haber perdido la batalla, no la guerra, caminaba en aquel campo con un ejército destruido, pero con la frente alta, con un orgullo envidiable, representando solo a un nombre, a un nombre que ya no tenía vida.
Mi padre en unos segundos de lucidez preguntó si la compañía estaba volando nuevamente, no le respondí igualmente no me hubiera escuchado, había perdido algunos sentidos, el cáncer lo estaba consumiendo, ya no podía comer, solo tomaba líquidos y casi estaba inmóvil. No era aquel tipo que conocí trabajando más de doce horas diarias, pasó más tiempo en CF que en casa. Alguna vez le oí hablar con mi madre sobre "Papa Faucett" y me dijo que era como nuestro padre, porque nos da el pan todos los días. Murió papa, como muchos viejos trabajadores sin imaginarse jamás que su compañía cerraría algún día, algo que ellos hubieran considerado imposible. Hizo uso de la palabra Antonio Guzmán - compañeros representantes, venimos insistiendo en salvaguardar los intereses de lo que queda Faucett, tenemos información que hay un equipo que todavía podemos recuperarlo y ponerlo a buen recaudo señora presidenta.
- El representante de Aerosanta interrumpió - disculpe - señora presidenta una aclaración.
- Adelante.
- Debo manifestarle al representante que está tomando la palabra que el equipo mencionado está a nombre de Aerosanta, también en liquidación al igual que su representada, por lo tanto como son dos empresas diferentes, no tienen facultad para solicitar lo dicho.
Otra vez Antonio Guzmán: como que son dos empresas diferentes usted nos quiere tomar el pelo, señora presidenta esa empresa fue una burda mascarada para terminar de hundir a la compañía Faucett y ahora me viene a decir este señor que son cosas diferentes. Nosotros - decía levantando la voz - nosotros no vamos a permitir esto, sabe usted señora presidenta cuanto hicimos los trabajadores y funcionarios honestos para construir Faucett y llevarla a ser la mejor de Sudamérica , no quizás usted tampoco lo sepa.
Antonio continuaba hablando, gritando su ira, la ira de todos, defendiendo como un león herido las disminuidas propiedades de la compañía, moviéndose de un lado a otro, agitando los brazos, gesticulando, sus manos también querían hablar. Con la intención de no facilitar los trámites que perseguíamos para lograr el control de la mesa directiva y nombrar a la liquidadora que nos ayudaría, la presidenta de la junta renunció.
Esto dilataba de manera indefinida las reuniones en Indecopi. Al salir de la reunión y en medio camino del auditorio Ana Loayza corrió tras ella, traté de detenerla, pero me dijo - no Rubén, déjame hacer esto - alcanzó a tomarla por el brazo y al voltear le increpó su actitud: usted no tiene familia que necesita, usted no tiene conciencia - - y otras cosas más, Ana estaba iracunda. Vehementes en la lucha por los intereses que se defendían en ese momento, Ana y Antonio Guzmán fueron pilares importantes al igual que Pablo Malca, representante de la Acreencia Laboral de Faucett.
No sé si peleó en vano, no sé si habrá una respuesta positiva, eso esperamos. Eugenia te dejo en esta parte del camino y también estos recuerdos que se vinieron a borbotones y que te los he querido contar para compartirlos contigo.
"Eugenia, por todas estas cosas que me tocó vivir, yo también creo que Faucett volverá a volar. . . . . . . . . . . . . . . . . . Y lo seguiré creyendo toda la vida."
Texto original escrito en Sep-2001


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