Revista Vino

Hervé Villemade, Les Ardilles 2011

Por Jgomezp24
Ignorantes p91  Releo con frecuencia Los ignorantes. Relato de una iniciación cruzada de Étienne Davodeau, Ediciones La Cúpula, Barcelona, 2012. Para mí, es casi un libro de trabajo: manoseado, manchado de vino, subrayado, anotado, con pegatinas...He aprendido mucho de la manera de ver las cosas de Richard Leroy, el viticultor protagonista. También es un libro de placer: está tan bien dibujado, su guión es tan ágil e interesante, tan cómplice, sincero y con sentido del humor que, sin más, abro el libro y leo y miro. Richard Leroy tomó una decisión que algunos locos del vino quisiéramos tomar. Y no nos atrevemos a hacerlo, por lo menos yo...Vender todo, cambiar de vida, comprar unas pocas hectáreas que te permitan vivir del vino que tú quieres hacer en la tierra que te atrapó.
Una de las cosas más importantes que suceden en el libro es la amistad. Precisamente lo que nos cuenta la viñeta que reproduzco (con permiso y por gentileza de la editorial). Hacer las cosas entre amigos, compartir tus vinos con los amigos, aprender de ellos...Menard, Ganevat, Arena, Foillard. Algunos de los viticultores franceses que más me gustan (como él, tampoco voy a poner etiquetas) desfilan por esas páginas porque son amigos de Leroy. En ellas se beben sus vinos. Y cuando Julien me dijo "la última vez que estuve en Montbenault, Richard me dijo que tenía que probar los vinos de Hervé Villemade, que le gustaban mucho", supe que tenía que beber esos vinos. Julien los trajo y yo los compro. El Cour-Cheverny Les Châtaigners 2011 de Villemade (Domaine du Moulin es el nombre de la bodega que lleva con su hermana), monovarietal de Romorantin, es un vino que golpea todos tus sentidos sin compasión: es el campo, tonto, ¿lo habías olvidado? Rústico, vegetal, acidez brutal de una variedad blanca aquí desconocida.
Y de sus tintos de Cheverny rouge, fue Les Ardilles 2011 (11,5%) el que me llamó la atención. A Villemade le encanta el pinot noir. Y este vino lleva un 80% (más un 20% de gamay). Le gustan los vinos de Lapierre, Puzelat, Foillard, Gramenon y cuando yo me pongo en la boca este Les Ardilles noto cómo se completa un círculo que rodea Francia con una precisión aritmética: una manera de entender la relación entre tierra, cepas, vino y personas. Suelo de arcilla con sílice, biodinámico, maceración de 14 días, pigeage muy suave, crianza en barricas usadas y en demi-muids, sin clarificar ni filtrar. Lleva un año largo en la botella. Cuando lo sirves en la copa es como si un caballo empezara a galopar por el prado removiendo todo: flores y tierra, intensa mineralidad (miro mis manos y veo las del niño que fue, arcilla para moldear y agua, primera hora de la mañana). Después, frescor algo cítrico. Es un vino amplio, grande, generoso, que llena tu copa y tu cabeza y desborda los límites físicos. Llega el vendedor de regaliz de palo, saca sus tijeras, corta a medida. Pero cuando me doy cuenta, es regaliz roja. Horas de excursión, cansancio, sol, cantimplora vacía. Encuentras una fuente, agua fresca de manantial: es como este vino. Vegetación, brezo. Vino de campo, muy atento a la luna y a la atmósfera. No hay que dejarse llevar por primeras impresiones...Por 11€ me parece un escándalo. Por palés, vamos.
Les Ardilles 2011

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