Revista Cultura y Ocio

La desunión de los hermanos (musulmanes)

Publicado el 17 junio 2015 por María Bertoni
Reseña publicada en el marco del 16º FICDH.

Cobertura especial de Espectadores.

El sábado 20 a las 20:30 en la sede porteña de la Alianza Francesa y el martes 23 a las 18:15 y a las 20:30 en el cine Gaumont son las tres funciones programadas para Timbuktu, largometraje estrella del 16° Festival Internacional de Cine y Derechos Humanos, cuya apertura tendrá lugar esta tarde en el Teatro Nacional Cervantes. El film de Abderrahmane Sissako les sonará a algunos espectadores argentinos porque en febrero pasado compitió con Relatos salvajes por el Oscar a la mejor producción hablada en idioma extranjero. Otros recordarán la nominación a la Palma de Oro en el 67° Festival de Cannes y/o reconocerán al director de Heremakono y Bamako, proyectadas en el quinto y noveno BAFICI respectivamente.

“Odio a los occidentales” afirma un joven recién incorporado a la milicia jihadista que ocupa la ciudad maliense cuyo nombre se convirtió en título cinematográfico. Esta declaración es la única referencia al papel protagónico que los blancos jugaron -siguen jugando- en la historia del continente africano. En términos martinfierranos, tras haberse despachado a gusto contra “los de afuera” en Bamako, Sissako filmó Timbuktu con el ojo crítico puesto en la desunión de los hermanos.

De hecho, el realizador nacido en Mauritania y radicado en Francia se inspiró en lo que la edición en castellano de Wikipedia denomina el “conflicto en el norte de Malí” para pintar un fresco de la ocupación jihadista en las afueras de la ciudad retratada. Aunque se concentra en el pastor Kidane, su mujer Satima y su hija de ocho años, el realizador cuenta la historia de otros varios timbuktueños víctimas del copamiento armado.

La película evoca el recuerdo de Edward Said en al menos dos oportunidades. Por un lado, los diálogos entre el imán de la mezquita y un líder extremista parecen responder al pedido del escritor palestino de entender el Islam, no como algo monolítico, indistinguible, totalitario, equiparable a un gran cuco, sino como un fenómeno atravesado por interpretaciones, corrientes, movimientos distintos, a veces antagónicos, incluso incompatibles.

El film de Sissako compitió por la Palma de Oro en Cannes y por un Oscar en Hollywood.

El largometraje de Sissako fue nominado a una Palma de Oro en 2014 y a un Oscar en 2015.

Por otro lado, las escenas donde integrantes del grupo radicalizado anuncian nuevas reglas de convivencia -la mayoría, prohibiciones y sanciones correspondientes- y llevan adelante juicios sumarios (sumarísimos) parecen respaldar la advertencia del intelectual ya fallecido sobre la revitalización del Islam con fines económicos, políticos y al servicio de la lucha contra Occidente y de una pretendida seguridad nacional.

Sissako describe una realidad violenta y asfixiante con pinceladas delicadas, responsables de una belleza visual abrumadora, y sin embargo mucho más elocuentes, certeras, conmovedoras que cualquier golpe bajo. La recreación de un partido de fútbol sin pelota constituye el botón de muestra más ilustrativo en este sentido.

Aunque expresa una postura claramente anti-terrorista, Sissako fue acusado de haber desplegado una mirada complaciente o no lo suficientemente condenatoria sobre la actualidad maliense. De esta interpretación fallida (o malintencionada) se prendió el alcalde de Villiers-sur-Marne para primero cancelar, luego postergar en las salas de su localidad el estreno de Timbuktu, que en Francia tuvo lugar a mediados de enero pasado, días después del atentado a Charlie Hebdo.

Según contó Le Monde, Jacques-Alain Bénisti (del mismo partido político que Nicolas Sarkozy) temió que el largometraje reivindicara el terrorismo árabe, y que los espectadores jóvenes encontraran un modelo a seguir en los personajes jihadistas. El intendente dio marcha atrás ante la protesta del socialista Frédéric Massot que repercutió fuerte en las redes sociales.


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