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La mercantilización de los parques infantiles

Por Camilayelarte @camilayelarte
La semana pasada el Ajuntament de Barcelona hizo público un nuevo Plan de remodelación de los parques infantiles de la ciudad. Actualmente Barcelona dispone de 794 áreas destinadas al juego infantil, según lo dicho por el Tinent alcalde de Hábitat Urbano Antoni Vives, junto con la creación de diez nuevos espacios infantiles, de aquí al 2019 se prevé remodelar  264 parques ya existentes. El coste total de la inversión es de 20,2 millones de euros. Las principales novedades que aportan los nuevos parques infantiles se centran en dos aspectos: la imagen y la tecnología. Así, algunos de los nuevos parques infantiles tendrán un diseño iconográfico y temático propio que irá a cargo de las ilustradoras Roser Capdevila, la madre de Les Tres Bessones, y Pilarín Bayés, icono de la ilustración infantil catalana. De la primera se prevé que sea la Jirafa Ona la que de forma al nuevo diseño de los parques. La segunda novedad, la tecnológica comporta la incorporación de códigos QR que dinamicen el entorno del niño y del adulto que acudan allí para jugar, esa dinamización pasa por poner a disponibilidad del usuario información relativa al entorno del parque, historia de la vegetación, de la arquitectura, de los museos, en palabras de Antoni Vives la estrategia va dirigida a que“los niños tengan una experiencia de plenitud". El modelo de parque infantil responde al nuevo concepto de Smart Playground que algunas empresas como por ejemplo la Kompan están introduciendo en el mercado del espacio de juego infantil. 

La mercantilización de los parques infantiles

Palle Nielsen, The Model, 1968. Moderna Museet. Foto via Lalahiprism


La mercantilización de los parques infantiles

Niño y abuela interactuando con plenitud en el smartplayground. Foto: via Kompan


Ante la imposición de este nuevo modelo es interesante echar la vista atrás y reflexionar sobre el desarrollo del concepto del espacio público destinado a un uso infantil. El modelo del Smart Playground parece estar muy lejos del Junk Playground que el arquitecto danés Carl Theodor Sørensen empezó a poner en práctica a finales de los años cuarenta tras darse cuenta de que los niños preferían jugar en los lugares donde había material de desecho, tan abundante en la Europa de la posguerra y no en los parques diseñados por él mismo. La capacidad de autoconstrucción, posible gracias a la autonomía y la creatividad de los niños fue la respuesta de Sørensen para el diseño de los parques infantiles de una Europa sin recursos económicos tras la Segunda Guerra Mundial. 
Lady Marjorie Allen, inglesa y arquitecta de paisajes vio la experiencia de los parques infantiles de Sørensen en Dinamarca y se dispuso a implantar el modelo en Londres, dando lugar a los Adventure Playgrounds, nuevos lugares destinados a que los niños pudieran desarrollar la propia imaginación y medirse con la vida y sus riesgos. El gran éxito de la labor de Allen está en haber comprendido que esta necesidad de autonomía, de superación y puesta a prueba de las propias capacidades se da también en los niños con algún tipo de minusvalía. Os recomiendo que miréis el vídeo de uno de los parques impulsados por Lady Marjorie Allen donde aparecen niños con serios problemas físicos en plena libertad de experimentación y superación de las propias facultades, una verdadera lección para la sobreprotegida y mediatizada sociedad en la que vivimos

La mercantilización de los parques infantiles

Emdrup Playground, obra del arquitecto paisajista Carl Theodor Sørensen, Dinamarca, 1943. Foto: via Architektur für Kinder


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