Revista Baloncesto

La misión de Àlex Abrines

Publicado el 28 marzo 2014 por Toni_delgado @ToniDelgadoG
Con más minutos y confianza de Xavi Pascual, el escolta brilla ante un Panathinaikos alicaído

La misión de Àlex Abrines

Abrines, durante un partido - Foto: Getty Images.

La confianza en uno mismo, sobre todo con micrófonos y cámaras delante, suele interpretarse como un gesto de suficiencia. Como si reafirmarse fue un acto de vanidad y no de tener las cosas claras y los objetivos bien definidos. Hace poco menos de un año, con motivo de la inminente semifinal de la Euroliga en Londres ante el Madrid, Àlex Abrines (Palma de Mallorca, 1993) apenas pestañeó cuando declaró lo siguiente: "Me han estado comparando con Rudy y somos jugadores que podemos tirar y jugar sin la 
bola. Sé que Rudy es mejor que yo ahora mismo. Sé que tengo que trabajar duro, pero tengo el talento para ser mejor que Rudy". Palabras que muchos interpretaron como pájaros en la cabeza de un pipiolo con un destacado papel en las categorías inferiores de la selección y un paso efervescente por un Unicaja en el que había debutado con nota en la Liga ACB el curso anterior. Es cierto que para llegar al nivel de Rudy a Abrines le falta recorrido, pero también que le viene de perlas la confianza que le está dando este año Xavi Pascual. Apoyo que agradece y aprovecha el escolta azulgrana, responsable en parte de que Ukic señalase al Barça como "quizás el mejor equipo en Europa" y que Diamantidis se sintiese tan alicaído como su Panathinaikos.  Abrines aportó 15 puntos, 11 de ellos en el último cuarto, en el triunfo por 84-62 de los locales, que concretaron un secreto a voces: a falta de dos jornadas para la conclusión del Top 16 son matemáticamente primeros de grupo y el único equipo invicto en esta fase. El escolta mallorquín acabó enchufado, con tres triples y una canasta de dos un partido, un partido en el que le costó arrancar como a su equipo. Bramos y Diamantidis habían puesto en aprietos al jugador, al que se sobra seguridad y amor propio como ha demostrado en sus regresos al Martín Carpena, convertido ahora en un territorio hostil. Con Ukic en estado de combustión, Diamantidis como faro y Batiste recordando al Batiste que fue hasta hace nada, el Panathinaikos jugaba a su son (11-15 a los 9m 18s). Aunque este Barça de 2014 no se arruga ante nadie ni ante ninguna necesidad y resolvió el entuerto justo antes del descanso (42-32) con la explosividad de Pullen, al que hay que reconocerle un mérito mayúsculo por no perder la compostura tras muchos partidos en el anonimato, la entereza de Tomic, gigante tras ser baja en San Sebastián por un esguince de tobillo, y, claro, el pragmatismo de Navarro, que sigue anotando con la misma naturalidad que cualquiera se lava los dientes. Huertas fue el último en anotar, en el minuto 25, en un equipo coral e insaciable: Dorsey se rifaba a un Batiste en decadencia y Diamantidis, desde el banquillo, observaba la impotencia de los suyos con los ojos tristes del que se sabe perdedor. Puro contraste con el detalle de los azulgrana, que volvieron a la pista para agradecer el apoyo a la grada. Incluso Papanikolaou se acercó para hacer varias fotos con unos aficionados. El equipo ha crecido en todos los aspectos.  BARÇA 84 (14+28+22+20): Marcelinho Huertas (4), Navarro (8), Papanikolaou (6), Lorbek (15), Tomic (11) –quinteto inicial–; Pullen (8), Dorsey (5), Sada (2), Abrines (15), Oleson (3), Lampe (4) y Nachbar (3). PANATHINAIKOS 62 (15+17+14+16): Ukic (13), Diamantidis (11), Bramos (6), Fotsis (3) y Lasme (9) –quinteto inicial–; Curry (2), Batiste (7), Gist (9), Maciulis (2) y Wright (0). Árbitros: Ryzhyk (Ucrania), Ziemblicki (Polonia) y Cmikiewicz (Polonia). Palau Blaugrana. 5.803 espectadores.

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