Revista Arte

La vocación del barroco

Por Fran Terán
LA VOCACIÓN DEL BARROCO Lo Barroco abarca todo el siglo XVII y se prolonga durante los dos primeros tercios del siglo XVIII, en algunos países incluso se prolonga todo este siglo.
La arquitectura se convierte en un marco idóneo que acoge la plástica pictórica y escultórica, y las integra en un todo unitario
- En síntesis, el Barroco es el estilo de la grandilocuencia y la exageración
Uno de los rasgos más característicos de la arquitectura barroca es el gusto por lo curvilíneo; las formas se hacen onduladas, los muros y los entablamentos se alabean y dinamizan, los frontones se parten y resuelven en curvas y contracurvas hasta la completa desaparición de las normas y proporciones clásicas. Dinamismo
La luz es un elemento importantísimo en la arquitectura barroca, sus efectos en fachadas e interiores, y si complacen en crear efectos ópticos ilusionistas a base de luces indirectas que se proyectan en los interiores a través de claraboyas ocultas.
La decoración se multiplica y se complica.
La pintura barroca
La pintura barroca participa de la mayoría de los caracteres comentados al tratar de la escultura. Al igual que la escultura, la pintura barroca es profundamente naturalista.
Los pintores de este periodo se inspiraron constantemente en la realidad. Toda la gama de tipos humanos hasta llegar a los más vulgares, feos o deformes, atraen su atención. No vacilan en representar a personajes harapientos o lastimosos, o incluso contrahechos, en toda su crudeza. Ejemplos de esto son ‘El niño cojo’ de Rivera, retrato de un ser deforme, o ‘Las postrimerías’ de Valdés Leal, donde se pueden ver cadáveres en putrefacción.
Son frecuentes las escenas de martirios en composiciones llenas de movimiento y realismo, que insisten en los aspectos más cruentos. Mientras que el Renacimiento procura evitar la expresión de dolor, el barroco se complace en representarlo en las escenas de martirio como medio más eficaz para fomentar la devoción.El retrato adquiere también singular importancia y se enriquece de mil matices: el artista expresa el fondo psicológico de sus personajes en toda su variedad y riqueza sin idealizarlos, aunque, eso sí, revistiéndolos en muchos casos de soberbia elegancia. Se generaliza el retrato de cuerpo entero y se crea, de forma definitiva el retrato en grupo.
Culmina ahora la llamada perspectiva aérea, que intenta representar la atmósfera y la luz ambiental, difusa, que envuelve a los objetos, para así producir una impresión muy real de distancia.Por otro lado, el Barroco busca una sensación de profundidad homogénea. En la pintura barroca la luz de los objetos representados es relativa, y se desenvuelve en función del conjunto, creando así un sentido de unidad en las composiciones que no existía antes.
2. CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA PINTURA BARROCA
- Las obras pictóricas barrocas, liberadas de la geometría de los cuadros del renacimiento, se caracterizaron por la composición radial, en la que personajes y objetos parecían salir disparados desde el punto central hacia las diagonales, que se cruzan indefinidamente en planos diferentes, creando la sensación de que los personajes se escaparán del cuadro.
- Las formas son voluptuosas y exageradas y las figuras cobran expresividad y, envueltas en mórbidas telas, se abrazan las unas a las otras en actitudes patéticas y dramáticas, a veces, incluso imposibles.
- Se busca representar la realidad mediante un acentuado naturalismo, recurriendo para ello incluso a lo feo o viejo.
- El color se convierte en el principal protagonista de la pintura, dejando definitivamente al dibujo en un segundo plano. Los contornos se esfuman en rápidas pinceladas.
- Hegemonía de la luz en las composiciones, creándose el espacio mediante el extremo contraste del claroscuro, el tenebrismo.
- El dominio de la tercera dimensión, del volumen y la profundidad, es absoluto.
- Durante el Barroco la técnica protagonista es la pintura al óleo sobre lienzo.
- Pero también fue de una importancia capital el desarrollo de la pintura decorativa al fresco, con la que se cubría gran monumentalidad y grandiosidad la arquitectura, principalmente las bóvedas.
- Los temas favoritos deben buscarse en la Biblia o en la mitología grecorromana; también es el momento de esplendor del retrato; además se desarrollan otros temas nuevos, como el paisaje, ahora como género completamente independiente, las marinas, los bodegones y naturalezas muertas.
- Es la época del hedonismo de Rubens, con sus cuadros alegóricos de mujeres regordetas luchando entre robustos guerreros desnudos y expresivas fieras, de los excelsos retratos de Velázquez, del realismo y el naturalismo absoluto de Caravaggio y de Murillo, del dramatismo de Rembrandt, etc.
- El Barroco, en suma, dio grandes maestros, que si bien trabajaron según distintas fórmulas y a la búsqueda de diferentes efectos, coincidieron en un punto: liberarse de la simetría y las composiciones geométricas precedentas, en favor de la expresividad y el movimiento.
3. PINTURA BARROCA EN ITALIA
3.1. Caravaggio: el tenebrismo
- El tenebrismo, consistente en exagerar los contrastes lumínicos mediante la utilización del claroscuro, aprovechando todas las posibilidades expresivas de la luz, fue iniciado por él.
- Además se caracteriza por su extremado naturalismo, reflejando en su obra hasta los aspectos más desagradables de la realidad.
- Asimismo destacan sus composiciones con escorzos violentos y puntos de vista muy bajos.
- Sus principales obras son:
+ La vocación de San Mateo: La obra más claramente tenebrista del pintor, la luz cruza la estancia en una diagonal que ilumina a las figuras teatralmente; además en ella se aprecian el resto de sus características compositivas.
La vocación de San Mateo de Caravaggio "Después de esto, salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él, dejándolo todo, se levantó y le siguió" (Lc. 5, 27-28) El autor Michelangelo Perisi nació en el pueblo de Caravaggio, Bergamo, -de aquí toma su nombre- el 28 de septiembre de 1573 y murió de una "fiebre maligna" en Porto Ercole, Paludi Pontine en 1610. Caravaggio inició a temprana edad su aprendizaje artístico en la escuela de Simone Peterzano. Con veintidós años se trasladó a Roma donde condujo una vida inquieta y difícil, hasta que el cardenal Del Monte, habiéndole comprado los Jugadores de naipes y la Tocadora de laúd, se interesó verdaderamente por él, lo acogió en su casa y le encomendó algunas obras. Introducido por el cardenal ante las altas personalidades de entonces se justifica la rápida expansión de su fama. Caravaggio, de carácter rebelde y violento, mató durante un duelo a un cierto Ranuccio Tommasoni. Huyó de Roma y se refugió en Nápoles y poco después en Malta donde fue bien acogido por los Caballeros de Malta. Sin embargo allí fue protagonista de una nueva pendencia y huyó esta vez a Siracusa donde permaneció dos años. Finalmente volvió a Nápoles donde fue acuchillado en el rostro. Mientras en Roma el cardenal Gonzaga y otros altos prelados se empeñaban en conseguirle el perdón de su reato, Caravaggio en viaje a Ostia desembarca en la playa de Porto Ercole, donde pierde el barco y el equipaje. Pretendiendo continuar su viaje a pie, es superado por el cansancio, las heridas y el hambre. Bajo una fuerte fiebre de malaria, murió trágicamente sin ninguna atención. Sus obras La primera obras son el Muchacho con cesta de flores, la Cesta de frutas, el Joven Baco enfermo y el espléndido Baco. Durante su estancia en Roma pintó las tres escenas de la Vida de San Mateo para la capilla Contarelli en la Iglesia de San Luis de los Franceses. Sus obras progresivamente ganaron en dramatismo como Amor vencedor, la Crucifixión de san Pedro, la Conversión de san Pablo, la Deposición de Cristo y La muerte de la Virgen. Durante su refugio en Nápoles pintó entre otras obras: La Maddona del Rosario, La siete obras de Misericordia, La flagelación de Cristo. En Malta dejó el Retrato del Gran Maestre Alof de Wignacourt, San Jerónimo y La degollación del Bautista. Durante su estancia en Sicilia pintó obras muy bellas por su intenso dramatismo como: El sepelio de santa Lucía, La resurrección de Lázaro y La adoración de los pastores. Caravaggio se coloca directamente frente a la realidad humana, dirigiéndose hacia personajes humildes. Sin retórica alguna expresa una honda compresión espiritual de sus personajes. Crea un estilo nuevo, renunciando a la idealización convencional de los sujetos. Evita todo fondo pintoresco adoptando sistemáticamente el de tiniebla. Es un maestro peculiar en el uso de las luces y sombras. Su interés es el hombre; el paisaje desaparece. La Vocación de san Mateo de Caravaggio
Esta obra es bella por su absoluta naturalidad. El claroscuro enmarca la escena. Un potente haz de luz indica la dirección del brazo de Jesús hacia el publicano Leví, absorto en la cuenta de los impuestos. Todos los personajes quedan supeditados a la luz. Tal vez se tarda en comprender que se trata de una escena hagiográfica porque la agrupación de las personas no la evocan llanamente. Meditación Jesús entra en la vida de Mateo como un haz de luz que rasga a su paso un velo denso de tinieblas. Extiende su mano hacia este recaudador de impuestos y con la autoridad de su amor lo llama a seguirle. No hay espacio para una aclaración. No hay ocasión para una duda. El Señor Jesús lo ha querido y, por especial gracia divina, así lo ha entendido Mateo, quien "dejándolo todo, se levantó y lo siguió". Esta escena, recortada de las sombras por el pincel luminoso de Caravaggio, sugiere a nuestras vidas la consideración de la vocación peculiar del apóstol. Asombra ante todo el hecho de que Cristo, ayer como hoy, continúe llamando a su seguimiento a cualquier hombre o mujer, no importa su personalidad, no importa su pasado, no importa su profesión presente ni sus aspiraciones futuras. Basta sólo que Él lo elija y le susurre al alma ese dulce imperativo: "Sígueme". El hecho maravilloso es que la vocación supera los tiempos y los lugares, y toda esa armazón que el hombre moderno se ha ido creando para "asegurarse su vida". La vocación se presenta como un querer divino que viene a reorientar todo el interior del hombre hacia ese tesoro por el cual bien vale la pena venderlo todo. Caravaggio muestra a Mateo absorto aún por las monedas de los impuestos. Jesús apenas ha llegado y empieza a pronunciar el imperativo que dará un golpe de timón al rumbo de su existencia. Con el pincel de nuestra imaginación podemos seguir la secuencia e iniciar los trazos de un Mateo que, levantando su mirada y reteniendo en sus pupilas por primera vez la semblanza de Jesús, deja caer las monedas de sus manos y se levanta para seguirlo. Éste es un ejemplo magnífico que en nuestra oración pedimos poder imitar. A veces, ¡cuánta resolución nos falta para seguir al Señor! Y no referida exclusivamente a la vocación específica de consagración, sino incluso a las inspiraciones simples que el Señor sugiere en nuestros corazones. Ese "Sígueme" Jesús lo pronuncia sin cesar en nuestras vidas pidiéndonos una acción de servicio al prójimo, olvidar la ofensa recibida, purificar la intención, vencer la comodidad en el cumplimiento de los deberes propios, buscar a Dios olvidándonos de nosotros mismos y mil detalles más. En el fondo uno quisiera retener las monedas de los impuestos entre las manos, "por si acaso", y seguir a Cristo. Pero el Señor no lo quiere así, porque es tan grande, es tan bello, es tan incomparable su seguimiento que la mínima preocupación mundana puede disturbar el alma. ¡Dichoso el publicano Leví que lo comprendió desde un inicio y pasó a ser el apóstol Mateo! Viviendo en una sociedad sumergida en ruido y agitación, es importante buscar el silencio interior para escuchar al Señor. De rodillas hay que abrir las manos del alma y dejar caer las monedas de los apegos personales para estar preparados para escuchar la voz de Cristo, hermano y amigo. Él no se hace esperar, pues le urge amarnos y hacernos felices y le interesa mucho que colaboremos en su obra de salvación para toda la humanidad. Si la vocación significa un "llamado", es pues imprescindible saber escucharlo. Cuando alguien dice que "no siente una vocación", habría que ayudarle a sintonizar su alma y a eliminar interferencias para que escuche a Jesús desde la fe y desde el amor. Es en la oración donde se repiten los llamados del Señor, donde descubrimos su divino querer para nuestras vidas, y ¿qué más podemos desear? Jesús continúa llamando a su seguimiento. Quienes por gracia de Dios nacimos cristianos, sabemos que su voz nos repite como a Mateo, "Sígueme". No tengamos miedo, ni dudemos en renacer cada día a su amor. La vida sólo es bella cuando brilla con la luz de Cristo y sólo tiene sentido cuando es Él quien nos orienta, cuando es Él la razón y el tesoro, la ilusión y el sostén.
La imagen del recaudador de impuestos y de Jesús que lo interpela recoge en síntesis nuestra pobre existencia. Qué bondadoso ha sido el Señor Jesús que nos llama a
acumular en su amor los tesoros que la polilla no consumirá, ni la herrumbre roerá. El cristiano -y máxime el sacerdote- que responde a su vocación de amor a Él lleva un cielo en su corazón. Y es que nuestras pobres monedas terrenas, que simbolizan toda aspiración meramente temporal, no pueden colmar nuestra sed de eternidad. Sólo Cristo es la plenitud. Así lo entendió Mateo y sobre la mesa de los impuestos dejó olvidadas las monedas y sus egoísmos. ¡Era ya un hombre libre para amar sin medida!

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