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Mis series favoritas

Publicado el 16 abril 2011 por Cinefagos

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En los últimos años parece haber habido un “resurgimiento” de las series de televisión, elevando un listón muy bajo por la saturación de sitcoms y series un poco flojas que daban a entender que la televisión era la hermana fea del cine. Pero con un mercado cinematográfico saturado de estupideces y películas que no llegan a “llenar” a nadie porque están diseñadas para contentar a todo el público, las series son un mercado nuevo y tremendamente atractivo donde podemos encontrar todo lo que queramos. Se preocupan mucho por la audiencia, sí, pero eso no les impide ser fieles a su estilo y hacer algunas cosas que jamás veremos en el cine. Gracias a Internet además, podemos tener acceso a todas y cada una de ellas casi a tiempo real en sus países de origen, lo que ha hecho que podamos “nutrirnos” casi de cualquier cosa. Esto ha hecho también que, en el también reciente “revival” de las tribus urbanas, los otakus hayan decidido que sólo van a ver anime, y por lo tanto no conozca a casi nadie con quien hablar de las series que a mí me gustan. Acabé muy cansado del manga y del anime, porque no entiendo que series como Naruto, Bleach o One Piece alcancen los quinientos episodios, y tampoco entiendo por qué esa gente consume anime sin importar de qué vayan las series. De modo que estoy seguro de que la gente a la que nunca he visto en persona tendrá más gustos en común conmigo que mis conocidos, y si dejo alguna serie fuera de la lista no es que la esté despreciando. Simplemente digo cuáles son las que he visto y que más me han gustado.


El príncipe de Bel- Air.

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Años después de su lanzamiento, aún se sigue emitiendo esta serie en muchos de los países a los que llegó en su momento. Significó el salto al estrellato de Will Smith, y creó una serie de situaciones y personajes que aún hoy siguen resultando graciosos. La historia de un chico de Filadelfia que acabó viviendo en casa de sus adinerados tíos en Bel- Air está llena de capítulos míticos y que podemos reconocer en seguida. Vista ahora, juega un papel fundamental la nostalgia, pero sigue encantándome ver a Carlton bailar a lo Tom Jones, o el capítulo en el que el terremoto deja a Will y su novia encerrados en el trastero (caramelos), o el épico momento en el que lanzaban a Jazz por la puerta, repetido hasta la saciedad. O cómo Hillary era chantajeada cuando Will y Carlton descubrían que había dejado las clases, y descubrir que Jeoffrey bailaba la lambada y que, si las paredes pudieran gritar dirían: Trevor.

Una nueva revisión hace que te des cuenta del papel reivindicativo que tenían algunos capítulos en la serie, donde tras los chistes y las situaciones un poco absurdas había un mensaje claramente pro-afroamericano, y te los presenta como víctimas de un sistema que les da el alto por ir “demasiado despacio en el coche”. La serie tuvo sus más y sus menos (y dependiendo de cuántos capítulos veas seguidos, puede hacerse un poco pesada), hubo cambio de reparto, hijos que crecieron y otros que aparecieron, pero también nos sirvió para que conociéramos mejor a un chico que prometía y que hasta el día de hoy, casi veinte años después, sigue dando guerra como el primer día. Hubo una escena muy emotiva en la serie en la cual el padre de Will regresaba como si nada después de haberlos abandonado, y la reacción de Will (al que le pasó lo mismo en la vida real) fue completamente genuina. Según James Avery, el tio Phill, todo lo que dice y la reacción que hay al final del capítulo fue completamente real y totalmente improvisado. Ahí Will dejó claro que él se encargaría de educar a sus hijos y ser un buen padre. Lástima que los niños hayan salido un poco ostiables.

Mejor momento de “El príncipe de Bel- Air”.

Alfred Hitchcock presenta.

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Lo único que tienen en común los capítulos de la serie es la figura del presentador, el célebre director británico. En cada episodio, Hithcock nos presentaba una historia de suspense con su habitual estilo cómico y un humor negrísimo que se acabó convirtiendo en lo mejor del show. Un montón de historias fantásticas salieron de allí, como aquella en la que un hombre sufre un accidente de coche y queda completamente inválido, sin poder mover un músculo, pero plenamente consciente de que todos le están dando por muerto y están a punto de realizarle la autopsia, y vemos sus esfuerzos por dar a entender que está vivo, conseguidos en el momento crítico gracias a que deja escapar una lágrima. Hitchcock sólo dirigió unos cinco, pero apareció en todos y cada uno de ellos para darnos no sólo su punto de vista, sino también explicarnos en alguna ocasión qué fue de los personajes o cómo terminó la historia después del fundido a negro. Su estilo y argumentos han sido imitados hasta la saciedad, como por ejemplo, cuando Stephen King adaptó el episodio de la parálisis y los solucionó de una forma mucho más prosaica: el tipo tuvo una erección.

Prison Break

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Una de las series que se sumaron al carro después del tremendo éxito de “Perdidos” fue la historia de Michael Scofield, que se mete en la cárcel para ayudar a escapar a su hermano, condenado a la silla eléctrica. Duró cuatro temporadas y tuvo una película televisiva completamente absurda para finiquitarla. Éste es el claro ejemplo de “cómo joder una serie en cuatro sencillos pasos” y, de hecho, si algún día hago un post sobre la serie lo titularé así. Al principio se lo trabajaron mucho, creando personajes completamente repulsivos, como T-bag, y cuidando de que en cada capítulo hubiera un enigma que resolver. Wentworth Miller clavó su carácter extraño y meticuloso, capaz de interpretar los planos de la prisión escondidos en sus tatuajes. La primera temporada acabó con su plan de fuga completamente frustrado, y la segunda mantuvo ese buen nivel hasta la mitad, en el que empezó a desmoronarse. La tercera temporada era otra prisión, con la misteriosa desaparición de Sarah Tancredi y un abrupto final a causa de la huelga de guionistas. La cuarta y última ponía a los presidiarios al servicio de una agencia secreta, lo que significó traicionar la esencia de la serie, alargarla hasta lo absurdo y caer en el mismo error El equipo- A, algo que acabó llevándola a su final. Quizá de ella haya un análisis cuando me la descargue vea de nuevo.

The Big Bang Theory

THE BIG BANG THEORY

Siempre ha existido la figura del “friki”, el tipo raro fan de star trek e incomprendido social que hacía las veces de “pringao” sobre el que caían la mitad de los chistes. Pues bien, esta serie (no he visto The It Croad) toma a esos personajes y los transforma en el eje de todos los capítulos, y se inicia cuando Penny, una chica rubia y un poco boba se muda en el edificio de enfrente. Leonard cae rendido ante ella, de modo que en los primeros capítulos la historia va de cómo él intenta conseguirla.  Sin embargo y tras cuatro temporadas, las cosas han cambiado bastante. Hemos conocido a varios personajes más, entre ellos Raj y Howard, y Sheldon Cooper, uno de los personajes más famosos de las últimas series. Su comportamiento obsesivo (con detalles que han hecho pensar que tiene síndrome de Asperger) y su incapacidad para entablar cualquier tipo de relación con cualquier ser humano, le han hecho adorable y mítico entre los espectadores.

Pero tras ver el último capítulo he llegado a una conclusión: Tras el accidente de Kaley Cuoco, los productores se vieron obligados a dar más protagonismo a otras chicas de la serie, como Bernadette o Amy Farrah Fowler (Blossom), lo que ha hecho que muchos capítulos sean relleno un poco aburrido y que los chistes sobre superhéroes o videojuegos ya cansen un poco. Amy me parece una petarda y creo que es de las pocas personas de esa serie que “se notan” que están actuando. Sheldon es natural y llegas a creerte que realmente es así, pero Amy es un gran lastre para la serie. Una completa lástima.

Perdidos

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Y algunos dirán: ¿Otra vez hablando de Perdidos? Dios mío, pensé que tres artículos más largos que las quejas de un integrista islámico serían más que suficientes. Pues sí, lo son. Pero creo que sólo un pequeño apunte le vendría bien. Tras su extraño argumento y su ambiguo final, merece la pena recordar a todos esos personajes tan carismáticos con los que contaron, y los momentos tan buenos que se te quedaron grabados en las retinas. La muerte de Charlie, el comienzo de la tercera temporada o ese plano final del ojo de Jack cerrándose, completando así un círculo que empezó hace mucho tiempo… Hay cosas que no han llegado a gustar a todo el mundo, lo que me parece más que normal, pero también pienso que fue un gran acierto acabarla como lo hicieron. La serie ya empezaba a sufrir al ser cada temporada condenadamente larga, y decidieron conservar las claves que la hicieron famosa: los misterios y no saber qué pasará al final. Sin ellos, y una vez conociéndolo todo, la serie se hace un poco pesada y se notan aún más los “huecos” de la trama.

El final que tuvo evitó que se convirtiera en otro Twin Peaks o Expediente X, donde todas las explicaciones fueron dadas a bocajarro y el público quedó un poco descontento. Admitámoslo, la gracia era esa, no saber, y de haber descubierto todos y cada uno de los secretos de la serie, quizá el sentimiento de vacío hubiera sido demasiado grande.

Misfits

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Una serie que acabo de descubrir y que tiene toda la pinta de haber tocado techo. Esta producción británica de trece capítulos nos cuenta la historia de cinco chicos, inadaptados sociales que tienen que cumplir un servicio a la comunidad para pagar por sus faltas. Lo que parece ser un drama realista de pronto pasa a ser otra cosa al estallar una misteriosa tormenta que les otorga a cada uno un superpoder. Pero lejos de ser una copia de “Héroes”, Misfits muestra lo que realmente haría una persona en su situación: esconderlo. La verdad es que tampoco son superpoderes tan maravillosos: está la clásica invisibilidad, retroceder en el tiempo (aunque no a voluntad), o excitar a cualquiera que te toque. También está el caso de teletransportarse sin previo aviso en cualquier ocasión. Y cuando digo cualquier situación quiero decir EN CUALQUIER SITUACIÓN. Los personajes son muy carismáticos y cada uno de ellos tiene algo para engancharle a la serie, que no busca sino entretener y hacerte pasar del drama al humor más negro que he visto en mi vida.  Aun así, y aunque no se tome demasiado en serio a sí misma (porque pueden matar a tres personas en una semana en la misma habitación y la policía no dice nada, por ejemplo) la serie es recomendable sobre todo si quieres pasar un rato entretenido y tremendamente adulto. Esta no es de esas series que verías con tu prima de cinco años debido a sus escenas de sexo muy cerdas gráficas. Pero, por desgracia, el actor que interpretaba a Nathan el personaje que aguantaba el mayor peso de la trama ha decidido abandonar el show en su tercera temporada, lo que hará, probablemente, que no sea lo mismo. Y es que un personaje está muy bien, pero cuando se apoya en los demás (como Simon, que me encanta) es magnífico. Gana muchos puntos sobre todo por ser corta, algo que muchas series deberían aprender.

Expediente X

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Quizá, la primera gran serie a la que me enganché, y eso que solamente era un niño. Se puede decir que la he seguido prácticamente desde el principio, y cuando después iba al colegio, todos me decían que sus padres no les dejaban verla y que era de miedo etc etc… Así que mientras mis compañeros veían “Los Fruitis”, a mí me encantaba ese mundo oscuro de alienígenas, fumadores y conspiraciones, porque creaba un mundo tan tangible y real que no había visto en otra producción sobre extraterrestres. E.T tenía su dosis de fantasía, pero aquí, la futura invasión ala Tierratenía una magnitud enorme. Además, Fox Mulder lo tenía todo para convertirse en un icono de la televisión y estaba plagado de detalles que me interesaban: no era un héroe, de hecho su obsesión por los expedientes X se debe a la supuesta abducción de su hermana cuando era niño, trabaja en un sótano y duerme en el sofá de su casa.  Pero la serie no se limitaba solamente a eso, sino que iba más allá, combinando trama con capítulos autoconclusivos donde se enfrentaban a todo tipo de sucesos paranormales. Desde el chico que controlaba los rayos, al alienígena que buscaba el calor de una central nuclear, pasando por el vagón de tren enterrado en el desierto, capítulos cómicos o tan extraños como cuando Mulder viaja ala Segunda Guerra Mundial, pasando por dos películas, la última de ellas, penosa, hasta la marcha de David Duchovny y un final un poco absurdo, Expediente X se consodiló como una de las más longevas y más galardonadas series de ciencia ficción y creó una mitología, mezcla de films como J.F.K. y El Padrino que, en algunos casos, ha resistido la prueba del tiempo.


Cómo conocí a vuestra madre.

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Ted Mosby, el hombre con la dieta en fósforo más rica del mundo, decide contarles a sus hijos la historia que da nombre a la serie. Y se lo cuenta absolutamente todo, lo que hace que el público se sorprenda de la cantidad de recuerdos que tiene este hombre. La serie es la heredera de Friends, pero al contrario que ésta (ya que los de Friends nunca me cayeron bien), los personajes me caen bien y me parecen y muy completos. Además, se trata de una de las series más coherentes que he visto en mucho tiempo, lo que hace que le ponga por encima incluso de Expediente X. Todo está muy bien escrito, cada capítulo, sobre todo en la última temporada, es casi perfecto, un trabajo digno de admiración por parte de los guionistas. Además, aunque el personaje de Barney Stinson se ha hecho tan famoso, no recurren siempre a él como el clásico tipo que se lleva a todas las chicas a la cama. Por ejemplo, en el capítulo “Legendaddy”, vemos una visión mucho más humana, seria y emotiva de la que uno podría esperar en él. Cada personaje, cada forma de contar las cosas, cada elemento recurrente que aparece en los capítulos pasen las temporadas que pasen (como la cinta de música atascada en el coche de Marshall) crean una mitología cercana e interesante que no ha decaído con el paso de los capítulos, todo lo contrario que le ocurre a The Big Bang Theory. Un detalle que me encanta es que no estamos viendo la realidad, sino la versión adulterada que Ted les cuenta a los hijos, lo que hace que, a veces, las cosas no sucedan exactamente como se nos muestra en la pantalla.

Una serie casi perfecta.

Entourage.


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